Jueves 22 de octubre de 2020

Mons. Azpiroz Costa animó a los educadores a "vivir el presente con pasión"

  • 10 de septiembre, 2020
  • Bahía Blanca (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, envió una carta a las comunidades educativas de la arquidiócesis.

El arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, envió una carta a los estudiantes, maestros, profesores y directivos de las comunidades educativas de la arquidiócesis.

La carta se enmarca en el comienzo de septiembre, mes de fechas muy significativas para las comunidades educativas. “Al mismo tiempo, septiembre de 2020 nos brinda una perspectiva propia y única: transcurrimos un Año Lectivo - Escolar que, casi desde su inicio, ha sido marcado por modalidades inesperadas”, señaló el prelado: la cuarentena, ocasionada por la pandemia del COVID-19, y el consecuente aislamiento, distanciamiento, confinamiento.

“Todo esto ha suspendido prácticamente el carácter «presencial» del aprendizaje y los estudios; la docencia y la enseñanza; el trabajo y la cotidiana vida ajetreada (presencial, repito) de todo establecimiento educativo”, destacó.

El prelado hizo hincapié en la modalidad virtual, en la que los espacios físicos pasaron a ser “la plataforma” y en ese sentido, recordó: “Desde dentro, con la luz de la Palabra de Dios y la acción del Espíritu estamos llamados a no perder la serenidad interior, la capacidad contemplativa de ver lejos, la audacia creadora propia de quienes deseamos ser siempre fieles a la propia vocación”.

“Esto es lo que hacían los ‘verdaderos profetas’. Ser ‘profeta’ no significa adivinar lo que irá a pasar o limitarse a la siempre repetida queja ‘¡Adónde iremos a parar!’. El profeta trata de comprender desde la Palabra de Dios, dentro de las circunstancias que le toca vivir, qué sentido ¡significado! (alcance) tiene lo que pasa, lo que le pasa a cada uno, lo que ‘nos’ pasa. Así es: Lo que está pasando puede ser un ‘signo’; signo de la presencia de Dios en los tiempos que transitamos ¡signo de los tiempos!”, consideró.

Estas circunstancias, proporcionan enseñanzas, lecciones de vida, destacó el arzobispo. “Es que, también, ser ‘profeta’ implica leer la Palabra de Dios, pero tomándole el pulso a la realidad, a lo que acontece, a aquello que muchos -en este preciso contexto- llaman ‘la nueva normalidad’! (es decir: no una normalidad ‘fotocopiada’, ‘clonada’, o experimentada ‘in vitro’, en laboratorios de expertos o especialistas)”.

En este presente, el prelado enumeró dos “tentaciones”: la de volver al pasado y la de una fuga hacia el futuro. Sin embargo, señaló, “Dios siembra en nuestros corazones virtudes que nos impulsan a asumir estos tiempos difíciles para transformarlos en tiempos salvíficos (y no simplemente en tiempos ‘fáciles’). La Fe nos invita a mirar el pasado con gratitud; nos impulsa a abrazar el futuro con Esperanza… y –también- nos llama a vivir el presente con pasión, con Amor”.

“Todo estudiante, docente, directivo o aquel que se suma cotidianamente a tantas y tan variadas tareas propias de una comunidad educativa, vive de algún modo esa pasión propia de su vocación y sufre – soporta la pasión que ese mismo llamado motiva o provoca. ¡Este no es un mero juego de palabras!”, aclaró.

En referencia a la vocación, reconoció que “eleva, perfecciona, sublima, dilata, ensancha y profundiza” las características y virtudes. “¡La vocación es don, regalo, merced! ¡Hablamos por ello de la gracia de una vocación que es única!: ¡la de aprender y enseñar!, ¡crecer y hacer crecer!”, exclamó. Aunque al mismo tiempo, reconoció “nos hace sufrir, padecer, nos duele e incluso nos hace llorar”, especialmente en esta coyuntura que atravesamos.

“Cuando hablamos de Cristo, Maestro, contemplamos en Él la pasión por Dios Padre y por el ser humano, por su pueblo, especialmente por los más desvalidos, pobres, descartados. ¡Él vino para darnos vida, vida en abundancia!”, recordó. “Constatamos y contemplamos que, también, esa misma “pasión” lo llevó a padecer, lo llevó a vivir «la Pasión»”. 

“Cristo sintió miedo, tristeza y angustia ante la inminencia de tiempos difíciles. Pero el Señor siente también la importancia, la fecundidad, el gozo de transitar esas instancias: ‘Mi alma está turbada, ¿y qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? ¡Si para esto he llegado a esta hora!’”, citó.

“La fe nos regala una memoria agradecida por el paso de Dios en nuestras vidas. Por otra parte la Esperanza nos dona la posibilidad de abrazar un futuro que ofrece una dirección definitiva a la vida (la Esperanza es el gozo anticipado de lo futuro; y la eternidad el gozo definitivo de lo esperado) ¡El amor nos impulsa a vivir el presente con pasión!”, aseguró.

“El cristiano vive la gratitud por lo vivido en el pasado; goza ya por lo que espera, aún en medio de las dificultades del tiempo; ama el presente -aún fugaz- porque en este ‘hoy’ se juega no solamente el futuro, sino la vida eterna”.

“¿No es la educación un campo fecundo para vivir con profundidad estas dimensiones del tiempo? ¿No nos lleva esta vocación a la escucha atenta de la historia; la vivencia profunda del tiempo que se transita y la apertura preñada de esperanza a lo que está por venir?”, planteó.

“En el aprender y enseñar, el ser estudiantes y docentes, el ser discípulos y maestros … en el acompañar estas tareas de modos tan distintos como necesarios para asegurar todas las dimensiones de la educación, se juegan esas ‘medidas’ o ‘coordenadas’ del tiempo (ayer, hoy y mañana); los ‘modos’ de vivirlas (memoria, pasión, espera); las virtudes que Dios siembra en cada uno para vivir esta historia (fe, amor, esperanza)”, detalló.

“No nos quejamos, no pretendemos fugarnos al pasado, tampoco esperar que pase el temporal como si esto solucionara todo… Deseamos vivir en plenitud el ‘hoy’ que Él nos concede. Vivir el presente con pasión es tocar la eternidad de Dios, porque Él vive un eterno presente que nos invita desde ahora a esperar”, concluyó, pidiendo a la Virgen que “nos regale el don de vivir el presente con pasión. Sólo así podremos hacer de estos tiempos difíciles, tiempos salvíficos”.+