Jueves 26 de mayo de 2022

Mons. Azpiroz Costa celebró misa en la fiesta de la beata Laura Vicuña

  • 24 de enero, 2022
  • Bahía Blanca (Buenos Aires) (AICA)
En su homilía, el arzobispo resaltó las virtudes de Laura y detalló la similitud con el Evangelio del domingo. Destacó que Laura vivió opresión y violencia, pero encarnó en ella la Palabra de Dios.
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En la fiesta de la beata Laura Vicuña, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, arzobispo de Bahía Blanca, celebró la misa de vísperas dominical en la capilla María Auxiliadora, de Bahía Blanca, este sábado 22 de enero. 

Laura Vicuña nació el 5 de abril de 1891 en Santiago de Chile, y murió el 22 de enero de 1904 en Junín de los Andes, Argentina, a los 12 años. A tan corta edad, había comprendido en profundidad la verdad de la oración. Decía: "Para mí, es lo mismo rezar o trabajar, rezar o jugar, rezar o dormir. Haciendo lo que me mandan, hago lo que Dios quiere que haga, y esto es lo que yo quiero hacer. Esta es mi mejor oración". Los grandes amores de Laura fueron Jesús Sacramentado y María Auxiliadora. Fue criada en la espiritualidad salesiana. 

Su padre fue Don José Domingo Vicuña, quien pertenecía a una familia de la aristocracia criolla chilena, de gran influencia política y alto nivel social. Su madre, Mercedes del Pino, era de una familia humilde. Esta diferencia causó tensión familiar desde el principio.

Ante una revolución en Chile, la familia Vicuña, por estar con el gobierno, debió huir de la capital y refugiarse a 500 kilómetros. Pronto su padre murió, y su madre, con dos niñas, Laura (de 2 años) y Julia, quedó en la indigencia. A raíz de esta situación, decidió emigrar a la Argentina. En este país, Mercedes se juntó en unión libre con Manuel Mora. En 1900, Laura fue internada en el colegio de las Hermanas Salesianas de María Auxiliadora, de Junín de los Andes, donde se destacó por su devoción: su sueño era ser religiosa.

Su amor a Dios y a la Virgen hizo que se comprometiera con la conversión de su madre, y le pidió a Dios ofrecer su vida para que ella viva “santamente” y abandone a su pareja. 

Con relación a la vida de Laura Vicuña, en su homilía, monseñor Azpiroz Costa resaltó el valor de la Palabra de Dios. “No es lo mismo encarnar la palabra y llenarla de sentido con la propia vida. Esto es lo que implica la seriedad de la palabra. La palabra ha de ser vivida con seriedad porque habla de cosas serias”. 

“La vida de la beata Laurita, sabemos que está entre el amor y el dolor. La historia de su padre muerto, perseguido, de su madre, de Manuel Mora, esa rudeza, opresión, una verdadera esclavitud moral, la violencia contra la mujer, contra su madre y contra ella”, mencionó. 

Y detalló: “Todo esto la marca a fuego, pero no deja a Laurita, por la rumia de la Palabra y su escucha, que el resentimiento, el rencor o la revancha viva en su corazón, generando más violencia. En lo oculto, como las cosas de Dios, llega a ofrecer la vida, tan joven como era, por su madre”.

En ese sentido, resaltó su actitud: “La intercesión, el ser puente, y sin casa propia, alimenta ese amor tan profundo y sincero por Jesús y María. El querer darle un valor a su vida, traspasar el amor por el dolor”. 

Además, explicó: “En 1986 aprobaron la heroicidad de sus virtudes. No era fácil aprobar estas cosas en ese tiempo, en una chica tan pequeña, tan joven, tan chica. Pero la Palabra se hizo carne también en ella”. 

Por eso, señaló que Laura vivió las mismas cosas que se leyeron en el Evangelio: “La opresión, la violencia, el castigo, la represión, el rencor, el resentimiento”. Y resaltó que “el tiempo de Laura es un tiempo parecido al nuestro, nunca igual porque no se fotocopian. Siempre son originales”.

En contraposición, afirmó que “cuando anida el mal en el corazón del ser humano, nada es original, ahí sí que es de serie”. Pero, en cuanto a esto, destacó la Segunda Carta del apóstol San Pablo: “Este es el hoy de Dios, que une lo diverso. Y lo diverso forma, en el Espíritu Santo, un solo cuerpo”.  

“Es importante descubrir en Laura y en nosotros ese múltiple significado de Su Palabra en la Revelación”, concluyó. +