Domingo 2 de octubre de 2022

Misa por el día del exalumno en los 100 años del Seminario San José de La Plata

  • 9 de agosto, 2022
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
Durante la celebración, el arzobispo platense llamó a renovar la semilla para un sacerdocio "vivo, fervoroso y muy feliz", pidiendo al Señor que bendiga en abundancia al seminario por su centenario.
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Con motivo de celebrarse, como todos los años, la misa por el día del exalumno y en el marco de los 100 años de la fundación del seminario mayor San José, el lunes 8 de agosto el arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, presidió la Eucaristía en la iglesia Nuestra Señora de La Piedad.

Concelebraron con el arzobispo, los obispos auxiliares de La Plata, monseñor Alberto Germán Bochatey OSA, y monseñor Jorge Esteban González; el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Antonio Mestre; el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Eliseo Martín; el obispo emérito de Bahía Blanca y exrrector del seminario, monseñor Guillermo José Garlatti. ; También concelebraron miembros de clero platense y otros presbíteros invitados de las diócesis de Mar del Plata, Chascomús, Gregorio de Laferrere, Avellaneda-Lanús y Quilmes.  

En la homilía, monseñor Fernández expresó que “hoy hemos querido tener una celebración eminentemente sacerdotal y queremos pedirle al Cura Brochero su intercesión por cada uno de los que pasaron por esta casa”. 

“Tenemos algunos sacerdotes que están celebrando, como el padre Mancuso, los 60 años de sacerdocio; tenemos algunos en un momento feliz de su ministerio y otros en un momento quizá un poco duro, pero todos venimos a dar gracias por nuestro seminario que nos nutrió, que nos preparó y nos formó”.

Asimismo, señaló que “venimos a dar gracias a ese Dios que nos cautivó, el todopoderoso, el eterno, el misericordioso, el luminoso, el verdadero, el único” y dirigiéndose a cada uno de los sacerdotes presentes, recordó que “un día, el sentido de trascendencia que hay en el corazón de cada uno de ustedes se encontró con el llamado de este Dios y finalmente nos dejamos consagrar por él y solo para él”.

Pidió prestar especial atención a eso que “nos hace tanto daño, cuando sin darnos cuenta empezamos a buscar sucedáneos, cuando nos empezamos a entregar a otros dioses, o cuando nos volvemos esclavos, mendigando de alguna manera algo que nos dé un poco de entusiasmo, o cuando cedemos ante el desprecio mundano y nos avergonzamos de vivir de la trascendencia. ¿No es doloroso esto?”.

"Esa claudicación es como un golpe en el corazón de Dios, que nos eligió, que nos llamó, que nos dignificó tanto y que nos ve huyendo de nuestra identidad sacerdotal. Evidentemente cuando uno escapa de esa manera o disimula, tampoco se atreverá a invitar a otros jóvenes a seguir a Cristo”.

El arzobispo dijo que a pesar de los “miles de problemas, miles de caídas, ese llamado y esa entrega, ese puro don que se nos ha dado sigue siendo oro puro en nuestra vasija de barro”, y agregó que a pesar de que “ese privilegio no nos vuelve agrandados, sí nos sentimos agradecidos y gratuitamente engalanados por este don inmenso”.

En esa línea, llamó a evitar “esa sensación, que es también una tentación que nos impulsa a mostrar que tenemos algunas otras capacidades”, y alentó a reflexionar sobre dos preguntas fundamentales: “Qué hice con mi sacerdocio, qué hice con mis sueños de joven y con aquellas ganas de entregarme y de cambiar tantas cosas”,  y “qué quiero hacer con los años por delante, con lo que me queda, que es la pregunta más importante”.  

Finalmente, invocó al Señor para que “derrame en nosotros el fuego del Espíritu, que nos permita escuchar el llamado, gozarlo, agradecerlo, celebrarlo y que bendiga en abundancia al seminario en estos 100 años, para que aquí palpite ese llamado, para que se vuelva una experiencia de ser amados, queridos y salvados, de manera que eso sea la semilla de un sacerdocio vivo, fervoroso y muy feliz”.

Sobre el final de la misa, el arzobispo agradeció al padre Carlos Mancuso por la entrega y servicio durante sus 60 años de vida sacerdotal, en donde también el presbítero Miguel Ángel Blanco (diócesis de Avellaneda-Lanús) celebró sus bodas de oro; mientras que los presbíteros Marcelo Capobianco, de la diócesis de Mar del Plata y Matías Slaby, de la diócesis de Quilmes, festejaron las bodas de plata.  Luego de la misa se compartió un almuerzo.+