Viernes 24 de mayo de 2024

La diócesis de Añatuya agradece a Dios la entrega de un jesuita fallecido

  • 26 de enero, 2023
  • Santiago del Estero (AICA)
El padre Juan Carlos Constable, que estudió con el Papa y fue ordenado por el beato Angelelli falleció de un paro cardiorrespiratorio. La misa de exequias fue en el Colegio Máximo de San Miguel.
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El padre Juan Carlos Constable, jesuita, falleció este martes a las 21:45 de un paro cardiorrespiratorio en la enfermería de los jesuitas en San Miguel (Buenos Aires). La misa y la inhumación tuvieron lugar el miércoles 25 de enero en el Colegio Máximo, de esa localidad bonaerense.

La diócesis de Añatuya acompaña con su oración y da gracias “por tantos años brindados en nuestra diócesis en la parroquia de San José de Boquerón”. El padre Juan Carlos Constable junto con otro compañero, llegó a la parroquia de Boquerón hace casi 47 años y permaneció allí 45 años. Con su llegada, a pedido de monseñor Jorge Gottau, los jesuitas reanudaron la presencia que dos siglos atrás tuvo lugar en la zona.

“Con corazón agradecido recordamos al querido padre Juan Carlos, quien ya goza junto a Dios Padre de la plenitud”, expresa un mensaje difundido en las redes sociales de la diócesis. También agradece "la entrega" del padre Juan Carlos y la labor ininterrumpida de los jesuitas en el norte argentino, donde "desarrollaron un gran servicio evangelizador y de promoción humana con la marca de San Ignacio”.

El padre Juan Carlos Constable nació en Catamarca el 30 de abril de 1938, siendo el séptimo de ocho hermanos. Hijo de María Angélica Bustamante y Guillermo Constable, fue bautizado en la basílica de Nuestra Señora del Valle. Por trabajos de su padre a los tres años fueron a vivir a Tucumán y luego, desde los 6 años, vivió en Córdoba, donde estudió en la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano.

Ingresó a la Compañía de Jesús a los 18 años, en 1956. Estudió Filosofía y Teología en las Facultades Superiores de San Miguel, donde fue compañero del papa Francisco durante su formación. Luego, estudió tres años en Santiago de Chile. Fue docente en el Colegio del Salvador y en la Universidad del Salvador enseñó Teología.

Ordenado sacerdote en el Colegio Máximo de San Miguel, de manos del entonces obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli, el 19 de diciembre de 1970, con siete compañeros de los cuales cuatro aún viven, continuó su misión en los barrios de San Miguel hasta 1974.

Fue destinado por el entonces provincial de los Jesuitas, padre Jorge Bergoglio SJ, a la diócesis de Añatuya junto con su compañero y amigo, el padre Agustín López SJ, a pedido del obispo, monseñor Jorge Gottau.

El jesuita fallecido fue también compositor y cantautor de música religiosa popular, entre ellas la Canción del Testigo, Cristo Obrero, Señor Tú me llamas, Llevo una Esperanza, Dónde está el Hombre, Himno a la Virgen de Huachana, y 38 canciones más.

También ejerció como director de las Voces de San Miguel, con quienes grabó todas las canciones y la Misa Criolla. Fue secretario ejecutivo musical del Primer Festival de Canto Popular Religioso en el teatro Coliseo de Buenos Aires, y asesor de las Organizaciones Campesinas de Santiago del Estero desde 1981 hasta 1996.

Asimismo, fue asesor del Proyecto del Salado del obispado de Añatuya, para capacitar a los campesinos del Salado Norte.

En 1974, estuvo en Añatuya, trabajando en los barrios y con los jóvenes, sobre todo en la organización de coros y la representación del Evangelio Criollo. Ese año era el Año Eucarístico Internacional y en la diócesis se organizó una misión con las imágenes del Señor de los Milagros de Mailín y la Virgen del Valle.

Monseñor Gottau les pidió especialmente al padre Juan Carlos y al padre Agustín que se hicieran cargo de la zona del Salado, pasando por Bandera Bajada, Santos Lugares, San José del Boquerón, La Candelaria, Villa Matoque, Nueva Esperanza, Monte Quemado, Pampa de los Guanacos, las Perforaciones y Sachayoj, más de 300 kilómetros de recorrido que duró casi un mes.

Es este recorrido tuvieron la oportunidad y gracia con el padre Agustín de pisar estas tierras del Salado Norte, zona dónde hacía más de 250 años se encuentra radicado los Jesuitas en la Reducción de San José de la Petacas, en 1762.

A pedido especial del obispo y su gran deseo de que los jesuitas tomen esa extensa zona, el provincial de la Compañía de Jesús, padre Bergoglio, aceptó y decidió enviar a los dos jóvenes jesuitas.

En la Pascua de 1975 se instaló en San José del Boquerón. La tarea a la que se enfrentaron fue enorme, y también el abandono de las autoridades que se veía en todas las poblaciones de la zona. Inmediatamente iniciaron una ardua tarea de pastoral, evangelización y promoción e todos los aspectos.

Pero encontró una fe muy fuerte en los habitantes. Todo lo que habían sembrado sus antiguos hermanos jesuitas había dado el fruto de una fe muy profunda, muy arraigados en el Bautismo (con los bautizadores), el rezo del rosario y los novenarios a los santos y la Virgen, mantenida de generación en generación por los rezadores, que aún hoy existen.

Con tanta carencia que veían en los pobladores, lo primero que le pidieron fue que le devuelvan el San José que llevaban hacía casi 50 años al museo en Santiago Capital, ellos decían: “Se lo llevaron preso”. Junto con el obispo, gestionaron la restitución de la imagen que llegaría el 8 de noviembre de 1975.

La parroquia era, en esos años, muy extensa: desde Bandera Bajada hasta los límites con Salta. El padre Juan Carlos estuvo en San José de Boquerón hasta que sus superiores le trasladan en 2021 a la enfermería de los jesuitas en San Miguel.

El padre Juan Carlos trabajó en el monte con la gente que tanto amó y quienes hoy elevan una oración por su eterno descanso: “Por ti, mi Dios, cantando voy, la alegría de ser tu testigo, Señor”. +