Lunes 27 de septiembre de 2021

Francisco: La Eucaristía sana, porque nos une a Jesús

  • 6 de junio, 2021
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En la Solemnidad de Corpus Christi, el papa Francisco dedicó su reflexión posterior al rezo del Ángelus, a profundizar sobre la Eucaristía: "Jesús nos da el mayor sacramento", afirmó.
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El papa Francisco rezó, en la mañana del 6 de junio, domingo de Corpus Christi, la oración mariana del Ángelus.  “Hoy encontramos la grandeza de Dios en un trozo de pan, en una fragilidad que desborda de amor y de compartir”, expresó. El Señor “sabe que lo necesitamos, porque la Eucaristía no es el premio de los santos, sino el Pan de los pecadores”.

En la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que se celebra hoy en Italia y en otros países, Francisco explicó el Evangelio según San Marcos que presenta el relato de la Última Cena, y consideró que “las palabras y los gestos del Señor nos tocan el corazón”.

Jesús nos da el mayor sacramento
"Con sencillez, Jesús nos da el mayor sacramento”, afirmó el Santo Padre, "un gesto humilde de donación, de compartir”. Y destacó que “en la culminación de su vida, no reparte pan en abundancia para alimentar a las multitudes, sino que se parte a sí mismo en la cena de la Pascua con los discípulos”. 

“De este modo, Jesús nos muestra que el objetivo de la vida es el donarse, que lo más grande es servir”. De manera que – prosiguió el Papa – “hoy encontramos la grandeza de Dios en un trozo de pan, en una fragilidad que desborda de amor y de compartir”. 

En ese sentido, subrayó la palabra fragilidad: “Jesús se hace frágil como el pan que se rompe y se desmigaja. Pero precisamente ahí radica su fuerza. En la Eucaristía la fragilidad es fuerza: fuerza del amor que se hace pequeño para ser acogido y no temido; fuerza del amor que se parte y se divide para alimentar y dar vida; fuerza del amor que se fragmenta para reunirnos en la unidad”.

La fuerza de amar a quien se equivoca
"Hay otra fuerza que se destaca en la fragilidad de la Eucaristía: la fuerza de amar a quien se equivoca”. Al recordar que en la noche en que fue traicionado, Jesús nos da el Pan de Vida, Francisco resaltó que “nos hace el mayor regalo mientras siente en su corazón el abismo más profundo: el discípulo que come con él, que moja su bocado en el mismo plato, lo está traicionando”.

Ante la pregunta acerca de lo que hace Jesús en esta circunstancia, Francisco dijo que “reacciona ante el mal con un bien mayor”. Porque “al 'no' de Judas responde con el 'sí' de la misericordia”. Además, el Señor “no castiga al pecador, sino que da su vida por él”. 

Por esta razón, explicó el Papa, "cuando recibimos la Eucaristía, Jesús hace lo mismo con nosotros: nos conoce, sabe que somos pecadores y que cometemos muchos errores, pero no renuncia a unir su vida a la nuestra”.

En efecto, el Señor “sabe que lo necesitamos, porque la Eucaristía no es el premio de los santos, sino el Pan de los pecadores”, sostuvo. Y “cada vez que recibimos el Pan de Vida, Jesús viene a dar un nuevo sentido a nuestras fragilidades”.

“Nos recuerda que a sus ojos somos más valiosos de lo que pensamos. Nos dice que se complace si compartimos con Él nuestras fragilidades. Nos repite que su misericordia no teme nuestras miserias”.

Y, sobre todo –prosiguió el Papa– el Señor “nos cura con amor de aquellas fragilidades que no podemos curar nosotros mismos”: “La de sentir resentimiento hacia quienes nos han hecho daño; la de distanciarnos de los demás y aislarnos en nuestro interior; la de llorar sobre nosotros mismos y quejarnos sin encontrar la paz”.

La Eucaristía, medicina eficaz
Por esta razón afirmó que “la Eucaristía es una medicina eficaz contra estas cerrazones. El Pan de Vida, de hecho, cura las rigideces y las transforma en docilidad. La Eucaristía sana porque nos une a Jesús: nos hace asimilar su manera de vivir, su capacidad de partirse y entregarse a los hermanos, de responder al mal con el bien”, añadió.

La Eucaristía, continuó, "nos da el valor de salir de nosotros mismos y de inclinarnos con amor hacia la fragilidad de los demás. Como hace Dios con nosotros”.

Hacia el final de su alocución, y antes de rezar a la Madre de Dios con los fieles y peregrinos que seguían sus enseñanzas en la Plaza de San Pedro, el Papa se refirió a “la lógica de la Eucaristía”. Que es la que nos permite recibir a Jesús "que nos ama y sana nuestras fragilidades para amar a los demás y ayudarles en sus fragilidades”.

“Que la Santísima Virgen, en quien Dios se hizo carne, nos ayude a acoger con corazón agradecido el don de la Eucaristía y a hacer también de nuestra vida un don”.+