Miércoles 2 de diciembre de 2020

Extiende tu mano a los necesitados, en vez de exigir lo que te falta, pidió el Papa

  • 15 de noviembre, 2020
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El Papa presidió la misa en la Basílica de San Pedro, con ocasión de la IV Jornada Mundial de los Pobres

"La mayor pobreza que debemos combatir, es nuestra falta de amor", dijo el papa Francisco, este domingo 15 de noviembre, en la homilía, durante la misa celebrada esta mañana en la basílica de San Pedro con ocasión de la IV Jornada Mundial de los Pobres, que este año tiene como tema “Tiende la mano al pobre”.

La misa se celebró en el altar de la cátedra y participaron un grupo en representación de las personas pobres e indigentes, voluntarios y otros que los acompañan, y algunos exponentes de diferentes realidades caritativas. 

Al comentar el evangelio de la misa de hoy, que narra la parábola de los talentos, el Papa dijo que “tiene un comienzo, un desarrollo y un desenlace, que iluminan el principio, el núcleo y el final de nuestras vidas”.

El comienzo es el Padre, que “ha puesto tanto bien en nuestras manos, confiando a cada uno talentos diferentes. Somos portadores de una gran riqueza, que no depende de cuánto poseamos, sino de lo que somos”. 

“En demasiadas ocasiones –dijo el pontífice-, cuando miramos nuestra vida, vemos sólo lo que nos falta”, pero en realidad Dios nos ha confiado mucho: “confía en nosotros, a pesar de nuestras fragilidades el Señor nos pide que nos comprometamos con el presente sin añoranzas del pasado, sino en la espera diligente de su venida”.

El “centro de la parábola: es la obra de los sirvientes, es decir, el servicio”. “En el Evangelio, los siervos buenos son los que arriesgan. Cuánta gente pasa su vida acumulando, pensando en estar bien en vez de hacer el bien. ¡Pero qué vacía es una vida que persigue las necesidades, sin mirar a los necesitados! Si tenemos dones, es para darlos”. Y repitió varias veces: “no sirve para vivir quien no vive para servir”. 

“Cabe destacar –continuó- que a los siervos que invierten, que arriesgan, se los llama «fieles» cuatro veces. Para el Evangelio no hay fidelidad sin riesgo. Ser fiel a Dios es gastar la vida, es dejar que los planes se trastoquen por el servicio. Es triste cuando un cristiano juega a la defensiva, apegándose sólo a la observancia de las reglas y al respeto de los mandamientos”. Estas personas “inician un proceso de momificación”, agregó. 

“Esto no es suficiente, la fidelidad a Jesús no se limita simplemente a no equivocarse. Así pensaba el sirviente holgazán de la parábola: falto de iniciativa y creatividad, se escondió detrás de un miedo estéril y enterró el talento recibido el Señor nos invita a jugárnosla generosamente, a vencer el miedo con la valentía del amor, a superar la pasividad que se convierte en complicidad. Hoy, en estos tiempos de incertidumbre y fragilidad, no desperdiciemos nuestras vidas pensando sólo en nosotros mismos”.

El Evangelio menciona a “los prestamistas” y el papa se pregunta: “¿Quiénes son los “prestamistas” para nosotros, capaces de conseguir un interés duradero? Son los pobres: ellos nos garantizan un rédito eterno y ya desde ahora nos permiten enriquecernos en el amor. 

Porque la mayor pobreza que hay que combatir es nuestra falta de amor extiende tu mano a los necesitados, en lugar de exigir lo que te falta: de este modo, multiplicarás los talentos que has recibido”.

El Papa luego habló espontáneamente: “Se acerca el tiempo de Navidad, y la gente se pregunta: ¿qué puedo comprar? ¿Qué puedo tener? Mejor hagamos la pregunta correcta: ¿Qué puedo dar, para ser realmente como Jesús que nació en el pesebre?”. 

“Al final de la vida, en definitiva, se revelará la realidad: la apariencia del mundo, esa apariencia según la cual el éxito, el poder y el dinero dan sentido a la existencia, se desvanecerá; en cambio, el amor, lo que hemos dado, se revelará como la verdadera riqueza. Si no queremos vivir pobremente, pidamos la gracia de ver a Jesús en los pobres, de servir a Jesús en los pobres”.

Como modelo, Francisco recordó al padre Roberto Malgesini, un sacerdote de la diócesis de Bérgamo que dedicó su vida a la caridad y fue asesinado, por una persona a la que ayudaba, el 15 de septiembre pasado.

“Este sacerdote –explicó el Papa - no hizo teorías; simplemente, vio a Jesús en los pobres y el sentido de la vida en el servicio. Enjugó las lágrimas con mansedumbre, en el nombre de Dios que consuela. En el comienzo de su día estaba la oración, para acoger el don de Dios; en el centro del día estaba la caridad, para hacer fructificar el amor recibido; en el final, un claro testimonio del Evangelio. Comprendió que tenía que tender su mano a los muchos pobres que encontraba diariamente, porque veía a Jesús en cada uno de ellos. Pidamos la gracia de no ser cristianos de palabras, sino en los hechos. Para dar fruto, como Jesús desea”.+