Jueves 30 de junio de 2022

En Tucumán, monseñor Ferrari pidió renovar "la certeza de nuestra común identidad"

  • 26 de mayo, 2022
  • San Miguel de Tucumán (AICA)
El obispo auxiliar de Tucumán encabezó el tedeum en la catedral de Nuestra Señora de la Encarnación por el 212° aniversario de la Revolución de Mayo.
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Con motivo de un nuevo aniversario del primer gobierno patrio, el obispo auxiliar de Tucumán, monseñor Roberto José Ferrari, presidió la oración del tedeum en la catedral de Nuestra Señora de la Encarnación y del que participaron el  gobernador interino de la provincia, Osvaldo Jaldo, el intendente de la capital, Germán Alfaro, miembros de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán y autoridades provinciales, municipales, militares, de distintas fuerzas, representantes de instituciones y de diferentes credos. 

“Hoy renovamos esta hermosa tradición comenzando el Día de la Patria orando y agradeciendo a Dios por la Argentina”, manifestó el obispo.

Recordando que el tedeum es un antiguo himno de la Iglesia, un himno de acción de gracias que acompañó a “nuestra Patria desde el comienzo de su proceso de independencia”, en 1810. Expresó que “el primer grito que nos sale desde lo profundo es: ¡viva la patria!... Que es como decir, ¡que siga viviendo! en nuestros orígenes, en nuestros anhelos de libertad, en la entrega y lucha de nuestros ancestros, en nuestros próceres, en nuestra cultura y tradiciones, en cada argentino, en cada tucumano, en nuestra religiosidad profunda, mezclada con sangre patriota en nuestras batallas del norte …”

De este modo, continuó, este tedeum es un “cántico de alabanza y de acción de gracias que se eleva a aquel que, siendo eterno, nos acompaña en el tiempo sin abandonarnos nunca y que siempre vela por la humanidad con la fidelidad de su amor misericordioso, ha marcado los hitos fundamentales de nuestra historia como nación y ha expresado el sentir común de los argentinos en momentos claves de nuestra vida política”. “El ‘Te Deum’ expresa la actitud más noble que el hombre puede tener ante Dios: ‘A Ti, oh Dios, te alabamos, a Ti, Señor, te reconocemos’”, reflexionó monseñor Ferrari.

Asimismo, el obispo auxiliar de Tucumán resaltó que “en esta pandemia, en esta realidad censada hace unos días, e incluso con esta guerra, que se ha hecho cercana en sus consecuencias, la vida nos prueba, y allí se revela el propio corazón de la patria y de cada habitante de este suelo querido, su solidez, su misericordia, su grandeza o su pequeñez, porque se nos pone ante la necesidad de volver a elegir, de mostrarnos tal cual somos, porque no solo las personas, sino los pueblos se ponen a prueba… Como en 1810, allí se eligió, se comenzó a caminar, fuimos haciendo un proceso, un camino hasta la independencia, y con orgullo de ‘decididos’, decimos que fue aquí, en nuestra tierra, donde se terminó de dar ese grito de libertad”.

Por otra parte, monseñor Ferrari aseguró que “esta pandemia, la guerra, y realidades sociales duras, nos han hecho y nos hacen sufrir, pero si dejamos que ese dolor nos cambie, saldremos mejores, en cambio, si nos atrincheramos, saldremos peor”.

Recordando la parábola del ‘buen samaritano’, el obispo sostuvo que, justamente, “ese buen samaritano nos muestra a alguien que se detuvo frente al dolor, que no pasó de largo, que se hizo cercano del que sufre, porque es así como descubrimos la dignidad de cada persona, más allá de las circunstancias en la que cada uno viva o se encuentre”, porque “no puede ser que lo vivido y lo que vivimos en todo este tiempo no nos cambie, no podemos volver a ser los mismos, nuestra patria, los modelos económicos, la política, no pueden volver a ser iguales”, aseveró.  

Entonces, exclamó, “soñemos juntos” como “nos invita el papa Francisco para buscar el camino a un futuro mejor, porque el que tiene sueños es el que tiene esperanza, el que sabe que tenemos lo necesario para salir adelante, asumiendo la crudeza de la vida y de la historia que nos toca”. “Dejémos que la realidad nos golpee, nos sacuda, pero no para replegarnos, sino para que el sufrimiento nos cambie, nos ayude a salir del individualismo, de la autorreferencialidad, del me salvo yo sólo, para descubrir que nos necesitamos mutuamente, para crecer en el sentido de responsabilidad por los demás y por el mundo”, enfatizó el obispo.

Además, monseñor Ferrari sostuvo que “la era moderna que impregna la gesta de mayo, sobre todo con los baluartes de la igualdad y la libertad, ahora necesita, más que nunca, el impulso renovado y convencido de la fraternidad para enfrentar los nuevos desafíos que tenemos por delante. Sólo si nos reconocemos hermanos, aunque diferentes y distintos, pero hermanos, podemos construir una civilización nueva, la del amor, la del respeto mutuo, la de la solidaridad”.  

Pero para eso, afirmó, “necesitamos trabajar unidos por el bien común de todos y cada uno de los argentinos, porque el bien común, que no es la suma de bienes individuales, sino el que le da lo necesario, lo que es justo, lo digno, a cada uno, es el bien que todos compartimos, el bien del pueblo en su conjunto, y los bienes a los que cada uno debería tener acceso. Cuando invertimos en el bien común, ampliamos lo que es bueno para todos”. 

“Si es verdad que la Patria es nuestro lugar común, qué importante es que reorganicemos la manera en que vivimos juntos. Como un tiempo de recuperar valores, el de la vida, en todas sus etapas, el cuidado de la naturaleza, de la dignidad de la persona, del trabajo, de los vínculos”, prosiguió.

En tanto que, además, aclaró que “Jesús nos enseña en la parábola que, si elegimos la fraternidad y la solidaridad por encima del individualismo y la indiferencia, otro futuro es posible”, aunque señaló que “es difícil generar una cultura del encuentro en la que nos encontremos como personas, con una dignidad compartida, si estamos inmersos en una cultura del descarte, que considera a los ancianos, los desocupados, los discapacitados y los no nacidos como sobrantes para nuestro bienestar”. 

Sobre el final de la oración, el obispo auxiliar de Tucumán pidió reavivar el deseo de la fraternidad y no abandonar la defensa de la dignidad de cada persona. El Papa Francisco “nos sigue diciendo que ‘del mismo modo que un pueblo toma conciencia de su dignidad compartida en tiempos de conflicto, guerra y adversidad, el pueblo también puede olvidar esa conciencia. Un pueblo puede caer en el olvido de su propia historia’, de sus valores, de sus convicciones, de sus errores, de su dignidad”.

“Sentirse parte de un pueblo solo puede recuperarse de la misma manera en que se forjó: en la lucha y en la adversidad compartidas. Aun si tiene profundos desacuerdos y diferencias, un pueblo puede caminar inspirado por metas compartidas, y así crear futuro”, expresó monseñor Ferrari, quien aseguró que “conocernos como pueblo es ser conscientes de algo más grande que nos une, algo que no puede reducirse a la identidad legal o física compartida”.

Finalmente, monseñor Ferrari instó a que “renovemos la certeza de nuestra común identidad, nuestro mismo origen, de los mismos anhelos y esperanzas. De un futuro mejor porque hemos aunado los esfuerzos, porque nos hemos encontrado y hemos dialogado, y buscado consensos para algo nuevo, superador, original y creativo en bien de la patria”.+ 

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