Lunes 14 de junio de 2021

El Evangelio de Jesús, la justicia más grande que se puede ofrecer a la humanidad

  • 11 de marzo, 2020
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
"Hambre y sed de justicia", no se trata de un deseo genérico, sino de una necesidad vital, afirmó el Santo Padre Francisco durante la audiencia general de este miércoles 11 de marzo desde la biblioteca del Palacio Apostólico, continuando con la serie de catequesis sobre las bienaventuranzas se centró en la cuarta: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados".
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“Hambre y sed de justicia”, no se trata de un deseo genérico, sino de una necesidad vital, afirmó el Santo Padre Francisco durante la audiencia general de este miércoles 11 de marzo desde la biblioteca del Palacio Apostólico al estar suspendidas las celebraciones públicas en el Vaticano y en Italia como consecuencia de la epidemia del coronavirus COVID-19.



En su catequesis, el pontífice continuó con la serie sobre las bienaventuranzas y se centró en la cuarta: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”.



“Hemos encontrado ya la pobreza de espíritu y el llanto – comenzó el pontífice – ahora nos confrontamos con otro tipo de debilidad, la relacionada con el hambre y la sed. Hambre y sed son necesidades primarias, se refieren a la sobrevivencia”. Esto hay que subrayarlo, dijo el Papa.



En este sentido, Francisco se preguntó: ¿qué significa tener hambre y sed de justicia? Ciertamente no se refiere a los que quieren venganza; por el contrario, afirmó, en la bienaventuranza anterior hemos hablado de mansedumbre. También es verdad que las injusticias hieren a la humanidad; la sociedad humana tiene una necesidad urgente de equidad, de verdad y de justicia social; recordemos que el mal que sufren las mujeres y los hombres del mundo llega hasta el corazón de Dios Padre. ¿Qué padre no sufriría por el dolor de sus hijos?



El Santo Padre recordó que, las Escrituras hablan del dolor de los pobres y oprimidos que Dios conoce y comparte y ante ello baja para liberar a su pueblo, dijo que, “el hambre y la sed de justicia de la que nos habla el Señor es aún más profunda que la legítima necesidad de justicia humana que todo hombre lleva en su corazón”. En el mismo "Sermón de la Montaña", señaló, un poco más adelante, Jesús habla de una justicia más grande que el derecho humano o la perfección personal, diciendo: «Si su justicia no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos». Y esta es la justicia que viene de Dios.



En todo corazón se esconde un anhelo de luz

Si bien es cierto que en las Escrituras encontramos expresada una sed más profunda que la física, que es un deseo puesto en la raíz de nuestro ser, como dice el Salmo 63, también los Padres de la Iglesia hablan de esta inquietud que habita en el corazón del hombre. San Agustín dice: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Existe una sed interior, un hambre interior, una inquietud.



“En cada corazón, incluso en la persona más corrupta y alejada del bien – precisó el pontífice – se esconde un anhelo de luz, aunque esté bajo los escombros del engaño y el error, pero siempre está la sed de verdad y del bien, que es la sed de Dios. Es el Espíritu Santo quien suscita esta sed: es Él el agua viva que ha plasmado nuestro polvo, es Él el aliento creador que le ha dado vida”.



Por esto, subrayó el Santo Padre, la Iglesia es enviada a anunciar a todos la Palabra de Dios, impregnada del Espíritu Santo. “Porque el Evangelio de Jesucristo es la más grande justicia que se puede ofrecer al corazón de la humanidad, que tiene una necesidad vital, aunque no se dé cuenta”.



Es con la ayuda de la gracia de Dios que los matrimonios, los jóvenes y los niños tienen que ir adelante, por ello es necesario proteger y alimentar en el corazón de todos este deseo de amor, de ternura, de acogida que expresan en sus impulsos sinceros y luminosos. Por esto, toda persona está llamada a descubrir lo que realmente importa, lo que realmente necesita, lo que le hace vivir bien y, al mismo tiempo, lo que es secundario y de qué cosa se puede prescindir.



“Jesús anuncia en esta bienaventuranza – hambre y sed de justicia – que hay una sed que no será decepcionada; una sed que, si es sostenida, será saciada y siempre alcanzará el fin, porque corresponde al mismo corazón de Dios, a su Espíritu Santo que es amor, y también a la semilla que el Espíritu Santo ha sembrado en nuestros corazones”. “Que el Señor nos dé esta gracia – concluyó el Papa – de tener esta sed de justicia que es precisamente el deseo de encontrarlo, de ver a Dios y de hacer el bien a los demás”. +