Miércoles 25 de mayo de 2022

Clamor del Papa por la paz en Siria y Medio Oriente

  • 17 de septiembre, 2012
  • Beirut (Líbano) (AICA)
Ante una multitud que participó de la misa en el muelle de Beirut, entre ellos refugiados de Siria, el papa Benedicto XVI pidió a Dios que "conceda a Siria y a Medio Oriente el silencio de las armas". "¿Por qué tanto horror? ¿Por qué tanta muerte?", preguntó. "Apelo a la comunidad internacional. Apelo a los países árabes de modo que, como hermanos, propongan soluciones viables que respeten la dignidad de toda persona humana, sus derechos y su religión", insistió. El Papa dijo a los libaneses que ustedes «conocen bien la tragedia de los conflictos y de la violencia, que generan tantos sufrimientos». Por desgracia, «el ruido de las armas continua escuchándose, así como el grito de las viudas y de los huérfanos. La violencia y el odio invaden sus vidas, y las mujeres y los niños son las primeras víctimas».
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Ante una multitud, entre ellos refugiados de Siria, el papa Benedicto XVI lanzó este domingo en Beirut un llamamiento a la comunidad internacional, y especialmente a los países árabes, para que frenen la guerra civil y el mecanismo de autodestrucción en Siria.

"¿Por qué tanto horror? ¿Por qué tanta muerte?", se preguntó el Papa al término de la misa celebrada en la gran explanada del puerto de Beirut.

«Apelo ?continuó el Pontífice- a la comunidad internacional. Apelo a los países árabes de modo que, como hermanos, propongan soluciones viables que respeten la dignidad de toda persona humana, sus derechos y su religión».

Las palabras del Santo Padre, entre la misa y el rezo del Ángelus, tenía el sabor de la despedida y de una bendición. Dirigiéndose en primer lugar a los libaneses, el Papa imploró «que Dios conceda a vuestro país, a Siria y a Medio Oriente el don de la paz de los corazones, el silencio de las armas y el cese de toda violencia. Que los hombres entiendan que todos son hermanos».

El Papa dijo a los libaneses que «conocéis bien la tragedia de los conflictos y de la violencia, que generan tantos sufrimientos». Por desgracia, «el ruido de las armas continua escuchándose, así como el grito de las viudas y de los huérfanos. La violencia y el odio invaden sus vidas, y las mujeres y los niños son las primeras víctimas».

Benedicto XVI lo sabe muy bien, pues sufrió personalmente la Segunda Guerra Mundial durante su juventud y fue sacado del seminario menor a los 16 años para ser enrolado forzosamente en una batería antiaérea. Pocos meses después desertó, pero fue identificado por los aliados y terminó el conflicto como prisionero de guerra en un campo de concentración americano cerca de Ulm, donde su consuelo era ver a lo lejos, la altísima aguja de la torre gótica de la catedral.