Viernes 7 de mayo de 2021

Card. Poli a los neodiáconos: "Cumplan la voluntad de Dios, sirviendo con amor y con alegría"

  • 17 de noviembre, 2020
  • Buenos Aires (AICA)
Cuatro nuevos diáconos fueron ordenados por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario A. Poli, en una celebración el sábado 14 de noviembre en la parroquia Inmaculada Concepción de Villa Devoto.
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En la mañana del sábado 14 de noviembre, cuatro seminaristas que se forman en el seminario metropolitano Inmaculada Concepción, recibieron las sagradas órdenes en el grado del diaconado de manos del cardenal Mario A. Poli, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina.

La ceremonia tuvo lugar en la parroquia Inmaculada Concepción de Devoto, presidida por el cardenal Poli y concelebrada por los obispos auxiliares de Buenos Aires, monseñor Alejandro Giorgi y monseñor Juan Carlos Ares, el obispo auxiliar de Lomas de Zamora, monseñor Ignacio Medina, el rector del seminario, presbítero Julio Miranda, y algunos sacerdotes del clero diocesano. 

Los neodiáconos, Juan Diego Deverech, Alejandro Sánchez Kulik, Germán Schattenhofer y Walberto Vera Ruiz Díaz, cuyo lema de ordenación fue "... y comenzó a lavarles los pies", fueron acompañados por sus familiares y sus compañeros del seminario. La comunidad pudo seguir la transmisión a través del canal de YouTube del seminario metropolitano.

En su homilía, el cardenal Poli se refirió a los candidatos al presbiterado como “jóvenes que hicieron el camino atraídos por el amor de Jesús”, y los llamó a “reconocer la voz del Buen Pastor, que los eligió y los llamó para servir".

Citando a San Lorenzo mártir, les dijo: “Los pobres son la joya con la que se adereza la Iglesia para presentarse a nuestro Señor. La caridad no es una especie de actividad de asistencia social que se podría dejar a otros, sino que, como la misión y la liturgia, el anuncio y la celebración de la fe, pertenecen a su naturaleza íntima, y es manifestación irrenunciable de su propia esencia, la diaconía de la Iglesia a la familia humana”. 

Luego el cardenal hizo referencia al lavatorio de los pies y lo denominó “la carta magna del servicio para quienes queremos seguir a Jesús y servirlo en nuestros hermanos. Para que se cumpla la promesa de Jesús, ustedes serán felices si sabiendo estas cosas las practican”, manifestó y animó a todos los bautizados a volver sobre esta enseñanza.

“Si la música del Evangelio deja de sonar en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía, habremos apagado la melodía que nos ayudaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer”, sostuvo el cardenal Poli más adelante. “Los más débiles y los más pobres deben enternecernos, llenarnos el alma y el corazón. Ellos son nuestros hermanos y debemos hablarlos y tratarlos”, agregó.

“Queridos amigos”, dijo el arzobispo a los neodiáconos, “el don del Espíritu Santo que van a recibir en esta ordenación los va a fortalecer para que ayuden al obispo y a su presbiterio, anunciando la palabra de Dios, actuando como ministros del altar y atendiendo las obras de caridad, como servidores de todos los hombres. Como ministros del altar, proclamarán el Evangelio, prepararán el sacrificio de la Eucaristía, y repartirán el cuerpo y la sangre del Señor a los fieles”, señaló.

“De acuerdo con el mandato del Evangelio, les tocará evangelizar a los que no creen y catequizar a los creyentes, enseñándoles la sagrada doctrina. Cumplirán el ministerio de la caridad en nombre del obispo o del párroco”, continuó indicando. 

En este sentido, expresó: “El Señor les dio el ejemplo para que obren como Él lo hizo. En su condición de diáconos, cumplan de todo corazón la voluntad de Dios, sirviendo con amor y con alegría al Señor y a los hombres. Tengan presente que toda impureza y avaricia es como una esclavitud al servicio de los ídolos. Es necesario que se comporten como testigos del bien y de la verdad que provienen del Espíritu Santo, a semejanza de aquellos hombres que eligieron los apóstoles para ejercer el ministerio de la caridad”.

Finalmente, anheló: “Que la fe sea el cimiento en el que se asiente la vida de ustedes y que su conducta sea intachable delante de Dios y de los hombres. Nunca pierdan la esperanza que proviene del Evangelio al que deben escuchar y servir. Conserven el misterio de la fe con pureza de alma, y practiquen en su vida la palabra de Dios que anunciaran, para que el pueblo cristiano vivificado por el Espíritu Santo se convierta en una ofrenda pura y agradable a Dios y ustedes puedan salir al encuentro del Señor al final de los tiempos para escuchar de los labios del Buen Pastor: ‘Diácono bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor’”.+