Domingo 1 de marzo de 2026

Ángelus del Papa: el Redentor transfigura las heridas de la historia

  • 1 de marzo, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En el segundo domingo de Cuaresma, León XIV afirmó que Cristo ilumina el dolor humano y revela el don de la salvación mediante el misterio de la Transfiguración.
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En la catequesis del Ángelus correspondiente al segundo domingo de Cuaresma, el papa Leo XIV reflexionó sobre el misterio de la Transfiguración del Señor, subrayando que Cristo, Redentor de la humanidad, transforma las heridas de la historia y manifiesta el don salvífico de Dios.

El pontífice explicó que la Transfiguración de Jesús -relatada en el Evangelio dominical- anticipa la luz de la Pascua: un acontecimiento inseparable de muerte y resurrección, de oscuridad y nueva claridad. Esa luz, señaló, se irradia sobre "todos los cuerpos flagelados por la violencia, crucificados por el dolor o abandonados en la miseria".

Aunque los discípulos que acompañaron a Jesús contemplaron su esplendor, necesitaron tiempo para comprender lo sucedido. Fue preciso, indicó el Papa, un tiempo de silencio para escuchar la Palabra y un proceso de conversión para entrar plenamente en la compañía del Señor.

En su meditación, recordó que los discípulos vieron a Cristo, el Verbo hecho carne, situado entre la Ley y los Profetas, representados por Moisés y Elías. Como en el Bautismo en el Jordán, se escuchó la voz del Padre que proclamaba: "Este es mi Hijo amado", mientras el Espíritu Santo envolvía a Jesús en una nube luminosa.

Esta manifestación -definida como el "esplendor humano de Dios"- permitió a Pedro, Santiago y Juan contemplar una gloria humilde, no expuesta al espectáculo de las multitudes, sino revelada en la intimidad solemne.

Revelación que es don de Salvación
La carne transfigurada de Cristo, resplandeciente con la gloria divina a pesar del mal presente en el mundo, muestra que el Redentor no elimina mágicamente el sufrimiento, sino que lo transforma desde dentro. Así, afirmó el Papa, ilumina la inteligencia y el corazón del hombre, ofreciendo una revelación que es don de salvación.

El Santo Padre interpeló a los fieles con una pregunta: "¿Nos dejamos cautivar? ¿Contemplamos el verdadero rostro de Dios con mirada de asombro y amor?".

Finalmente, explicó que ante la desesperación del ateísmo, el Padre responde con el don de su Hijo Salvador; frente a la soledad del agnosticismo, el Espíritu Santo ofrece comunión de vida y gracia; y ante la debilidad de la fe humana, se anuncia la promesa de la resurrección futura como horizonte definitivo de esperanza.+