Lunes 15 de agosto de 2022

Documentos


Escuchar primero y después comunicar

Reflexión de monseñor Jorge E. Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano - Celam (29 de mayo de 2022)

Creo que a esta altura de siglo XXI ya nadie puede dudar de la importancia de la comunicación en la vida de las personas, de las comunidades, de los países, de nuestra Iglesia.

Desde el año 1967 y siguiendo los lineamientos del Concilio Vaticano II, se instituyó la Jornada de las Comunicaciones Sociales para el domingo anterior al de Pentecostés. Y cada año también el Papa nos regala un mensaje -lo da a conocer el 24 de enero, día en el que recordamos a San Francisco de Sales, patrono de los periodistas- que nos invita a poner la lupa sobre algún aspecto de las comunicaciones sociales: este año lleva por título “Escuchar con los oídos del corazón”.

Estamos andando un tiempo en que la sinodalidad nos reclama a tiempo completo y la escucha es central en este proceso que vivimos tan intensamente en la Iglesia: “Es un deseo [el de ser escuchados] que a menudo permanece escondido, pero que interpela a todos los que están llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñen un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político”.

Y dando marco teológico dice que “la escucha corresponde al estilo humilde de Dios. Es aquella acción que permite a Dios revelarse como Aquel que, hablando, crea al hombre a su imagen, y, escuchando, lo reconoce como su interlocutor. Dios ama al hombre: por eso le dirige la Palabra, por eso ‘inclina el oído’ para escucharlo”.

Escuchar es un estilo. Escuchar interpela. “Por una parte está Dios, que siempre se revela comunicándose gratuitamente; y por la otra, el hombre, a quien se le pide que se ponga a la escucha. El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que pueda llegar a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. La escucha, en el fondo, es una dimensión del amor.”

Y añade una clave: “Todos tenemos oídos, pero muchas veces incluso quien tiene un oído perfecto no consigue escuchar a los demás. Existe realmente una sordera interior peor que la sordera física. La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona. La verdadera sede de la escucha es el corazón”.

Vayamos a la realidad. Cuando no escuchamos, ¿qué pasa? “La falta de escucha, que experimentamos muchas veces en la vida cotidiana, es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. Esto es síntoma de que, más que la verdad y el bien, se busca el consenso; más que a la escucha, se está atento a la audiencia. La buena comunicación, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad. Es triste cuando, también en la Iglesia, se forman bandos ideológicos, la escucha desaparece y su lugar lo ocupan contraposiciones estériles.”

Si el periodismo ejerce una escucha atenta a la opinión pública podrá informar sobre “este tiempo herido por la larga pandemia. Mucha desconfianza acumulada precedentemente hacia la ‘información oficial’ ha causado una ‘infodemia’, dentro de la cual es cada vez más difícil hacer creíble y transparente el mundo de la información. Es preciso disponer el oído y escuchar en profundidad, especialmente el malestar social acrecentado por la disminución o el cese de muchas actividades económicas”.

¿Qué tienen en común un ilustre médico, la Torah, Jesús, la encíclica Evangelii gaudium, el rey Salomón, san Agustín y san Francisco de Asís, el filósofo Abraham Kaplan, el cardenal Agostino Casaroli, el pastor y teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, el apóstol Santiago y el propio Papa Francisco? Que todos son citados por sus reflexiones sobre la escucha en este mensaje por la 56º Jornada de las Comunicaciones Sociales. Fíjense que dice cada uno:

  • Un ilustre médico: “¿Cuál es la mayor necesidad de los seres humanos. ‘El deseo ilimitado de ser escuchados’”.
  • Torah: “Shema’ Israel - Escucha, Israel”.
  • Jesús: “Presten atención a la forma en que escuchan”.
  • Evangelii gaudium: “Sólo prestando atención a quién escuchamos, qué escuchamos y cómo escuchamos podemos crecer en el arte de comunicar, cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la ‘capacidad del corazón que hace posible la proximidad’”.
  • Rey Salomón: “Pidió al Señor que le concediera ‘un corazón capaz de escuchar’”.
  • San Agustín: “No tengan el corazón en los oídos, sino los oídos en el corazón”.
  • San Francisco de Asís: “Inclinar el oído del corazón”.
  • Abraham Kaplan: Cuando no hay comunicación, “el diálogo es un ‘duálogo’, un monólogo a dos voces. En la verdadera comunicación, en cambio, tanto el tú como el yo están ‘en salida’, tienden el uno hacia el otro”.
  • Agostino Casaroli: “¿Por qué afrontar el esfuerzo que requiere la escucha? Un gran diplomático de la Santa Sede, el cardenal Agostino Casaroli, hablaba del ‘martirio de la paciencia’, necesario para escuchar y hacerse escuchar en las negociaciones con los interlocutores más difíciles, con el fin de obtener el mayor bien posible en condiciones de limitación de la libertad”.
  • Dietrich Bonhoeffer: “El primer servicio que se debe prestar a los demás en la comunión consiste en escucharlos. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios”.
  • Apóstol Santiago: “Cada uno debe estar pronto a escuchar, pero ser lento para hablar”.
  • Papa Francisco: “La comunión no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas. Como en un coro, la unidad no requiere uniformidad, monotonía, sino pluralidad y variedad de voces, polifonía. Al mismo tiempo, cada voz del coro canta escuchando las otras voces y en relación a la armonía del conjunto. Esta armonía ha sido ideada por el compositor, pero su realización depende de la sinfonía de todas y cada una de las voces”.

Si pueden, lean el texto completo, haciendo clic acá.

Y feliz domingo de la Ascensión de Jesús al cielo. Renovemos junto a Él la esperanza en la vida eterna.

Mons. Jorge Lozano, arzbispo de San Juan de Cuyo