Lunes 16 de mayo de 2022

Mensaje de Pascua de los patriarcas y líderes cristianos de Jerusalén

  • 13 de abril, 2022
  • Jerusalén (Tierra Santa) (AICA)
"Ser testigos audaces de la gracia transformadora de Dios", piden en su mensaje los líderes de las iglesias de Jerusalén con motivo de la celebración de la Pascua.
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“Ser testigos audaces de la gracia transformadora de Dios en Cristo Jesús para todo el pueblo de Dios, tanto en palabras como en obras”: este es el deseo que los patriarcas y líderes de las Iglesias en Jerusalén dirigen a los fieles en la ocasión de la Pascua.

En un mensaje difundido hoy, los líderes cristianos subrayan la urgencia de este testimonio “ante los efectos persistentes de la pandemia, el repentino estallido de violencia y guerras y el aumento de la injusticia y la opresión en el mundo”. 

“Por lo tanto, es esencial –agregan- que nuestra celebración de Pascua no sea simplemente la recreación de un día único, aunque trascendental, en la historia. También debe ser un momento para que nos volvamos a dedicar a la llamada de Cristo para transmitir el Fuego Santo de la gracia divina de Dios a los que están necesitados de esperanza, lejos y cerca”.

Texto del mensaje
“Nosotros, Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Jerusalén, enviamos nuestros felices saludos pascuales desde Jerusalén, la Ciudad Santa de la Resurrección, a nuestras congregaciones locales y a los fieles cristianos de todo el mundo. Como dijo el ángel a las mujeres que habían ido a la tumba de Cristo a llorarlo: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¡Él no está aquí, resucitó!"

En su vida terrena, Jesús proclamó a los que le rodeaban: "Yo he venido para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia". A través de su sufrimiento, muerte y resurrección, Cristo hizo posible este anuncio rompiendo las ataduras del pecado y de la muerte, abriendo así a todos los que vienen a él en la fe una forma de vida nueva y espiritualmente rica. Como afirmaría más tarde el apóstol Pablo, "como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros debemos andar en una nueva vida".

Esta donación no está destinada a un grupo restringido y seleccionado. Como el mismo Señor resucitado dejó claro de inmediato, esta esperanza de una vida nueva debe ser compartida con todos. Cuando se apareció a sus discípulos en la tarde del Domingo de Pascua, los saludó diciendo: "La paz sea con ustedes. Como me envió el Padre, así los envío yo". Así, desde el principio, nuestro Señor instruyó a sus apóstoles a difundir su mensaje de arrepentimiento y perdón divino, a través de la esperanza creada en su Resurrección, sin ansiedad ni temor. De ello se deduce que, así como el fuego sagrado que emerge cada año de la tumba vacía se comparte con multitudes en toda la tierra, también estamos llamados a ser testigos audaces de la gracia transformadora de Dios en Cristo Jesús para todos, Su pueblo, tanto en palabra como en escritura.

Este testimonio cristiano es aún más importante ante los efectos persistentes de la pandemia y ante el repentino estallido de violencia y guerra, así como el aumento de la injusticia y la opresión en todo el mundo. Por lo tanto, es esencial que nuestra celebración de la Pascua no sea solo la conmemoración de un solo día en la historia, incluso si cambió la faz del mundo. Debe ser también para nosotros un momento en el que nos volvamos a dedicar a la llamada de Cristo, es decir, a transmitir el fuego sagrado de la divina gracia de Dios a los que, de cerca o de lejos, tienen necesidad de esperanza. Solo entonces podremos darnos cuenta plenamente del significado más profundo de la resurrección de Cristo, a medida que su mensaje transformador de paz y reconciliación se difunda a todos los rincones del mundo, comenzando en Jerusalén.

En esta fiesta de Pascua, invitamos a los fieles de todo el mundo a tener todas estas cosas en sus corazones y en sus mentes, mientras intercambiamos una vez más entre nosotros este gozoso y antiguo saludo cristiano: “Le Christ est ressuscité ! (Al Maseeh Qam ! Christos Anesti ! Christos harjav i merelotz ! Pikhirstof aftonf !

Christ is Risen ! Cristo è risorto ! Christus resurrexit ! Meshiha qam ! Christos t'ensah em' muhtan ! Christus ist auferstanden !”. ¡Ciertamente ha resucitado! ¡Aleluya!”.+