Martes 9 de agosto de 2022

Sin una fe viva, las iglesias y monasterios se convierten en museos

  • 2 de diciembre, 2014
  • Ciudad del Vaticano
"Sin una fe viva en Cristo resucitado las hermosas iglesias y monasterios terminan convirtiéndose poco a poco en museos; todas las obras dignas de alabanza y las instituciones pierden su alma dejando sólo entornos vacíos y personas abandonadas", dijo, este lunes 1 de diciembre, el papa Francisco a los obispos de la Conferencia Episcopal de Suiza al final de su visita "ad Limina". El Santo Padre se refirió a la larga tradición cristiana del país y de la responsabilidad de los obispos de mantener una fuerte fe en su tierra.
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El papa Francisco recibió este lunes 1 de diciembre, a los obispos de la Conferencia Episcopal de Suiza al final de su visita "ad Limina". El Santo Padre les dirigió un discurso en el que se refirió a la larga tradición cristiana del país y de la responsabilidad de los obispos de mantener una fuerte fe en su tierra. El Papa les recordó que su misión es pastorear el rebaño ya que el pueblo de Dios no puede subsistir sin sus pastores, obispos y sacerdotes.

"Sin una fe viva en Cristo resucitado las hermosas iglesias y monasterios terminan convirtiéndose poco a poco en museos; todas las obras dignas de alabanza y las instituciones pierden su alma dejando sólo entornos vacíos y personas abandonadas", expresó Francisco a los prelados suizos.

"La misión que se les confió, dijo, es pastorear el rebaño, caminando -según las circunstancias-, delante, en medio o detrás. El pueblo de Dios no puede subsistir sin sus pastores, obispos y sacerdotes; el Señor dio a la Iglesia el don de la sucesión apostólica al servicio de la unidad de la fe y de su transmisión completa".

El Pontífice animó a los obispos a continuar sus esfuerzos en la formación de los seminaristas, "un reto para el futuro de la Iglesia", y los invitó a prestar atención a sus sacerdotes, sobre todo cuando se alejan u olvidan el significado de la paternidad. "Un dialogo humilde, verdadero y fraterno -observó- a menudo permite un nuevo comienzo".

Asimismo les pidió que aprecien el apoyo y compromiso de los laicos diferenciando bien el trabajo de sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio de servicio y que seleccionen con esmero a los catequistas y formadores para que los laicos puedan integrarse realmente en la vida de la Iglesia siguiendo un camino que comienza en el bautismo.

"La Iglesia ?recordó el Pontífice- procede de Pentecostés. Cuando los apóstoles salieron y empezaron a hablar en todas las lenguas, manifestando así a todos los hombres, por la fuerza del Espíritu Santo, su fe viva en Cristo resucitado. El Redentor nos invita siempre a anunciar la Buena Nueva sin dejarnos llevar por los caprichos humanos".

Finalmente, junto con la bendición apostólica y el deseo de que los obispos suizos puedan seguir cultivando con diligencia y paciencia el campo de Dios, manteniendo la pasión por la verdad, el Santo Padre los alentó a proseguir juntos el camino, confiando el futuro de la evangelización de su país a la Virgen María y a la intercesión de San Nicolás de Flue, San Mauricio y sus compañeros.+