Lunes 25 de octubre de 2021

Preocupa a los obispos puertorriqueños el aumento de la violencia en la isla

  • 1 de septiembre, 2021
  • San Juan (Puerto Rico) (AICA)
"La violencia nace donde se quebró la paz del alma y se perdió la esperanza de mejorar la calidad de vida", advierten los prelados en una carta pastoral.
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Los obispos de Puerto Rico expresaron su preocupación, en una carta pastoral, frente al desbordamiento de la violencia, generada no solo con “el trasiego de drogas sino, también, cuando se repiten los asesinatos contra mujeres, hijos, hermanos y otros miembros dentro de las mismas familias”.

Los prelados señalaron que “la violencia nace donde se ha quebrado la paz del alma y se ha perdido la esperanza de mejorar la calidad de vida. Desde allí se empiezan a lastimar las relaciones básicas: con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza”, por lo que instaron a convertirse en artesanos de la paz.

Por tanto “nos toca aportar a la reconstrucción del tejido social, religioso, ético y cultural de este pueblo, con esfuerzo diario y constante, para que emerja una paz genuina. Toca al Estado, con la ayuda de los ciudadanos y comunidades, construir una sociedad justa en un ambiente de armonía y paz para todos”.

Escuchar más que hablar
“En el enfrentamiento con nuestras posibles actitudes violentas, se requiere un acto de humildad, para darnos cuenta de quiénes somos y cómo nos sentimos y pedir la ayuda fraternal y profesional siempre que haga falta”, escriben, a la vez que afirman que “la exclusión, el desprecio, la injusticia, el racismo, el abuso doméstico y sexual, el creerse superiores o inferiores… siempre serán caldo de cultivo para la agresión y la violencia”.

De ahí que sea necesario, sostienen, hacer “un alto el camino para una reconstrucción desde las raíces de nuestro ser”, preguntándose, cada uno, cuáles son las heridas que se arrastran a nivel personal, familiar y colectivo, las “frustraciones” que avasallan.

“Para no responder a la violencia de afuera con una mayor violencia -terminando así en un círculo vicioso siempre destructivo- hay que asegurarse de comprender la violencia que nace de dentro, no sea que estemos respondiendo desde lo mismo que proyectamos, pues con frecuencia tratamos a los demás como nos tratamos a nosotros mismos en lo profundo de nuestra conciencia”.

“Las injusticias, para que sean superadas completamente, requieren ser comprendidas, en lo posible, sin apasionamientos, en su verdadera realidad”, afirman. “Discernir el mal de fuera requiere discernir desde la luz del bien que anida dentro de la conciencia” y para ello, añaden, “un primer llamado es a hacer silencio exterior e interior, a escuchar más que a hablar”.

Los prelados hacen presente que la encíclica Fratelli Tutti reconoce que los conflictos sociales requieren hoy tomar en cuenta las variadas perspectivas de los problemas, la diversidad de situaciones y condiciones, y la necesidad de superar lo que nos divide, y que se requiere una particular atención a las estructuras sociales, económicas y culturales cuando están arropadas de inequidades y privilegios.

Trabajar juntos
Tras detallar la lista de problemas que enfrenta el país, los prelados afirman que “la violencia no se detiene solamente ni principalmente con el incremento en la represión y el régimen de vigilancia o policíaco. Socialmente requiere una reestructuración de la visión o proyecto de pueblo. Hace falta una gran concertación para definir qué tipo de persona y de ciudadano se quiere educar y lograr; qué tipo de economía y política producir, qué calidad de vida, incluso qué uso daremos a los espacios y al tiempo. “No se puede seguir esperando a que todas las soluciones vengan del gobierno, pero el gobierno tampoco puede pretender solucionar las cosas sin contar con todas las otras instancias sociales”.

Se equivoca una sociedad que recorta fondos a la educación, al arte, al deporte, a las iniciativas comunitarias, a una economía sustentable, al apoyo del voluntariado… sin ellas bien desarrolladas, sería imposible contener las frustraciones que desembocan en violencia.

En este punto del mensaje la Conferencia Episcopal señala la conveniencia de “una convocatoria general de pueblo”, que “valide los enormes esfuerzos que se realizan a todos los niveles por el bien común y en pro de una auténtica calidad de vida; que intercambie saberes y experiencias exitosas, que conmueva de raíz a la sociedad para provocar una nueva esperanza”:

El criterio de convocatoria de un tal encuentro de pueblo debería ser, como se viene proponiendo en la Doctrina Social de la Iglesia desde san Pablo VI, lograr un “desarrollo humano integral”. A mayor deterioro social y auge en la violencia, debemos construir, con más y más empeño, un proyecto alternativo de crecimiento, bondad, justicia, belleza y verdad.

Prosiguiendo, la Carta Pastoral habla de la importancia de reconciliarse con la naturaleza, “fuente de salud” que “tiende al equilibrio” que “se caracteriza por su ‘apertura’ o ‘disponibilidad’ no violenta, para que sus frutos se aprovechen”:

Esta grandeza de la naturaleza es lo que la hace tan vulnerable al atropello y expoliación humana.

Cuando el amor no funciona, el próximo peldaño es resolver las diferencias mediante la ley. Y cuando la ley no funciona, queda la violencia. ¿No será que el auge en la violencia refleja que tampoco las leyes en Puerto Rico se están respetando y aplicando? ¿No sería el mejor ejemplo y motivación para el respeto de las leyes el que se implante una práctica que supere, de una vez y por todas, la impunidad con que muchos violan leyes, reglamentos y procesos, particularmente en las esferas de gobierno y de poder privado y saben que eso no les traerá ninguna consecuencia?, interrogan los prelados.

Y porque “el amor requiere de la verdad, para que no sea una complicidad o el disfraz de ‘un mero sentimentalismo’”, en la resolución de conflictos – explican los obispos - “la clave está en decir y seguir siempre la verdad”.

Se trata de un verdadero desafío “en medio de una sociedad acostumbrada a la confusión, a la alteración de conceptos y datos en las redes sociales y medios informativos, y la imposición de soluciones de manera pasional y no racional”. Por ello “la enseñanza de un verdadero pensamiento crítico es urgente para sentar las bases de procesos de reconciliación”.

El atropello a la niñez y a la vida por nacer
Los obispos hablan luego del “atropello a la niñez, incluso a la vida antes de nacer” que refleja la “alta cuota de pérdida de sensibilidad y ternura” y hablan del desafío de la “revolución de la ternura” que nos pide Francisco. Y explican:

A la ternura, la vida va añadiendo el aprendizaje de la convivencia, el respeto, la justicia, la veracidad, la amistad, la gratuidad… El amor verdadero es, pues, un cúmulo progresivo de virtudes.

En la conclusión, la invitación a “todos los católicos, creyentes y personas de buena voluntad” ante todo, a retomar el tema a nivel de la reflexión personal para verificar si somos realmente agentes de paz, y una serie de llamamientos que derivamos a la lectura completa de la Carta Pastoral.+