Domingo 17 de octubre de 2021

Mons. Margni saludó a la comunidad de Avellaneda-Lanús

  • 7 de agosto, 2021
  • Avellaneda (Buenos Aires) (AICA)
El nuevo obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Marcelo Julián Margni, nombrado este sábado por el papa Francisco, saludó a la comunidad agradecido y se encomendó a la oración de los fieles.
Doná a AICA.org

Monseñor Marcelo Julián Margni, nombrado obispo de Avellaneda-Lanús este 7 de agosto por el papa Francisco, envió un saludo a la comunidad que Dios le encomienda pastorear y valoró agradecido a la comunidad de Quilmes, de la que fue obispo auxiliar hasta este sábado.

"«Paz a ustedes». Permítanme que estas primeras palabras del Resucitado a su comunidad, que los obispos usamos con frecuencia en las celebraciones, sean también mis primeras palabras y mi saludo entre ustedes en este día", expresó al inicio de su mensaje.

"Hace pocos días recibí el pedido del papa Francisco de ser obispo de esta diócesis de Avellaneda-Lanús, destino que acepté con asombro y gozo. No esperaba esta designación. Los últimos años, en los que he acompañado como obispo auxiliar a monseñor Carlos Tissera, me han regalado una experiencia valiosa de fraternidad episcopal, e imaginaba finalizar junto a él su servicio pastoral en Quilmes durante los próximos cinco años. Pero me siento honrado por la confianza del Papa y asumo esta misión con alegría y humildad, consciente de mis límites en esta hora desafiante de la historia", reconoció.

En ese sentido, el obispo se confió a la gracia de Dios y aseguró que vive este momento "como una oportunidad para renovar el sí incondicional que, para toda la vida, pronuncié ante el Señor".

"Pronto nos iremos conociendo más y mejor, pero me gustaría compartirles algo de mi historia que me hace sentir de algún modo ya unido a ustedes. Mis nonnos, abuelos maternos, con mi mamá de 9 años y su pequeño hermano, vinieron de Italia y se asentaron muy pronto en una zona aún no demasiado poblada, en Villa Domínico, casi a la mitad del camino que une Avellaneda con Lanús. Mi familia paterna ya estaba asentada en Quilmes y Berazategui desde hacía muchos años. Mis padres se conocieron y formaron su hogar en Berazategui, y allí crecí junto a mis dos hermanos. Pero estas tierras de Avellaneda son una parte imborrable de las memorias de mi infancia", relató.

"Mi hermana melliza y yo nacimos en el Hospital Fiorito y fuimos bautizados en la Parroquia Nuestra Señora de Loreto, de Sarandí. Cada domingo de mi niñez fue celebrado en casa de los nonnos en Villa Domínico, y todas las fiestas navideñas, en Wilde, junto a mi familia materna. Esa mesa grande y poblada de abuelos, tíos y primos, fue el territorio natural en que crecí; su solo recuerdo me emociona y me hace feliz. Siento, entonces, que de alguna manera vuelvo a una tierra que no me es ajena y que amo, y que me recibe de nuevo, cálida, hospitalaria y fraterna".

"Vuelvo desde el límite sur del conurbano bonaerense, en el que creció y fue madurando mi fe, la misma fe que profeso cada día y se ha convertido en mi única pasión y mi causa; esa fe en la que humildemente pido seguir creciendo, para que el Señor Jesús esté en el centro de todo y su Palabra sea mi horizonte", anheló.

"Siento una profunda gratitud hacia la Iglesia diocesana de Quilmes, de la que soy parte hasta hoy y de la que me siento hijo. Una Iglesia discípula misionera, que vive «la dulce y confortadora alegría de evangelizar». Una Iglesia signada por el ministerio fecundo de su primer pastor, el padre obispo Jorge Novak, y que sigue buscando ser Iglesia amiga de Dios y de los pobres, misionera incansable, defensora de los derechos humanos y servidora de la unidad de quienes creen en Cristo Jesús".

"Traigo conmigo esta herencia, que forma parte de mi identidad, y espero unirla ahora al camino que ustedes mismos, pueblo de Dios peregrino en Avellaneda y Lanús, vienen transitando y que seguiremos transitando juntos. En medio de ustedes quisiera ser servidor de esta Iglesia que busca vivir «con un solo corazón y una sola alma», que no se cansa de hacer el bien, que se pone humildemente a la escucha de lo que el Espíritu está diciendo hoy a las iglesias y asume con entusiasmo el desafío apasionante de anunciar la esperanza del Evangelio", deseó.

Asimismo, recordó especialmente a quienes lo han precedido en este ministerio, agradeciendo en particular a monseñor Rubén Frassia, obispo emérito de Avellaneda-Lanús.

Además, agradeció a monseñor Rubén Oscar López, administrador diocesano, el haberse puesto al hombro la ardua tarea de animar el camino diocesano a lo largo de todo este año, y al presbiterio, a los diáconos y sus familias, a los religiosos y religiosas, a los seminaristas, a tantas mujeres y varones comprometidos en servicios pastorales, y a las comunidades de toda la diócesis, "que vienen rezando por el nuevo obispo".

"Espero con ansias el encuentro con todos ustedes. Les pido que no dejen de rezar por mí", concluyó, invocando la intercesión de Nuestra Señora de la Asunción y santa Teresa de Jesús, patronas de la diócesis, de san José, del santo Cura Brochero y de san Cayetano, y de los siervos de Dios Eduardo Pironio y Jorge Novak.

Mons. Tissera: Extrañaremos hondamente su compañía fraternal y cordial
Ante la noticia del nombramiento, el obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera, envió un mensaje.

En primer lugar, felicitó y saludó "a las hermanas y hermanos de la vecina diócesis hermana, junto a sus sacerdotes, diáconos, consagradas y consagrados".

"Me alegro profundamente que, desde ahora, puedan ser acompañados en el seguimiento de Jesús, como discípulos misioneros, por este nuevo pastor que ha sido mi obispo auxiliar, verdadero hermano y amigo", expresó. "La Iglesia de Quilmes, nacida del seno de la Iglesia de Avellaneda hace 45 años, tiene el gozo de entregar a unos de sus hijos para que presida en la caridad esa porción del pueblo de Dios".

"Con genuino amor cristiano acompañamos el paternal gesto del papa Francisco, siempre solícito a proveer 'pastores con olor a oveja' para el bien de las Iglesias. La alegría de tal designación compensa lo que nos significa este desprendimiento", reconoció. 

El prelado agradeció en nombre de la diócesis, al padre "Maxi" por "su entrega alegre y entusiasta durante su vida sacerdotal y, especialmente, en estos fecundos años de servicio episcopal" y afirmó: "Extrañaremos hondamente su compañía fraternal y cordial".

"Providencialmente, la fecha de publicación de este nombramiento coincide con aquella en que se conoció la decisión del papa San Pablo VI, el 7 de agosto de 1976, cuando regaló a la nueva diócesis de Quilmes, a su primer pastor, el siervo de Dios padre obispo Jorge Novak. Estoy convencido que su compañía desde el cielo siempre será nuestro auxilio", aseguró.

E invitó a los fieles de quilmes "a que en nuestras familias y comunidades recemos por el padre obispo Maxi y por la diócesis de Avellaneda-Lanús, que su pastoreo sea según el corazón de Jesús, al modo de los obispos Novak, Angelelli, Pironio y de tantos otros que plasmaron en su ministerio el espíritu del Concilio Vaticano II. Nuestra oración por él será la mejor manera de brindarle nuestro agradecimiento y la prueba de nuestro sincero afecto", consideró.

"En este año de San José, 'protagonista valiente y fuerte' de la historia de la salvación, y a la vez "padre en la ternura", le pedimos que acompañe al Padre Obispo Maxi en su nueva misión pastoral".

"Querido Maxi, ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Siempre la Iglesia de Quilmes será la madre que te vio crecer. Estarás siempre presente en el corazón de su pueblo. Fuiste ordenado obispo el día de la fiesta del Santo Cura Brochero; que él te ayude a ser feliz 'entreverado' en la vida de los pobres", anheló.+