Lunes 29 de noviembre de 2021

Mons. Frassia: "Vivir en la luz para los demás"

  • 30 de enero, 2020
  • Avellaneda (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, compartió sus reflexiones
Doná a AICA.org

El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Oscar Frassia, compartió sus reflexiones sobre el Evangelio del domingo. “El Señor es nuestra luz, es nuestra vida; Él hace que nos encontremos y Él nos encuentra; Él irrumpe en nuestra vida. En nuestra vida cotidiana, aburrida, ‘común’, Dios viene y se mete y nos dice ‘¡Dale!, ¡vos valés, sos importante, vos existís, convertite, vamos, despertate y cambiá de vida!’”, afirmó el obispo.



“Él nos llama a la conversión. Esta palabra, al mundo le interesa muy poco. Pareciera que la Iglesia es experta en crear culpabilidades, ¡vivir de culpas, culpas, culpas y más culpas! No es así, es otra cosa”, aseguró.



“La conversión es reconocer, en los aciertos que uno ha tenido, en los yerros que uno ha obrado, y poder salir de ese problema o de esa dificultad. Y toda persona es pasible de una conversión. Ustedes, yo, el mismo Papa como persona, todos podemos modificarnos, cambiar y convertirnos”, consideró.







“Pero convertirnos ¿para qué?, para ser más libres, para vivir en la verdad, para no hacer tanto mal ¡para hacer el bien!, para poder servir a otros; para darnos cuenta que en la vida, todos tenemos que ser providenciales unos de otros. Así como a uno lo han ayudado, uno tiene que ayudar a los demás; así como te han cuidado, uno tiene que cuidar a los demás; así como alguien proveyó por uno, uno tiene que ser providente por otros. En la vida todos tenemos una misión”, reconoció.



“Pidamos al Señor tener esa capacidad y que cumplamos una misión. A lo mejor nos llama a la vida sacerdotal, nos llama a la vida religiosa, nos llama a la vida laical, nos llama a lo que sea… pero uno puede responder”, animó.



“Queridos hermanos, hay que escuchar con atención el llamado pero también hay que responder con prontitud y decisión. Nunca se arrepienta de lo que dio; nunca se arrepienta de lo que recibió y nunca se arrepienta del servicio que prestó, aunque los demás no se lo reconozcan. Así como el Señor nos llama a ser luz, que nosotros vivamos en la luz para los demás. El que está en la luz ve más, percibe más y puede amar responsablemente más”, concluyó.+