Domingo 19 de septiembre de 2021

Mons. Fernández: "Ese pan nuestro que habla de amor"

  • 15 de junio, 2020
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Fernández, celebró la fiesta del Corpus invitando a dedicar un momento de oración para adorarlo y pedirle que bendiga nuestras calles, hogares y vidas.
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El arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, presidió la celebración del Corpus Christi en la catedral local, donde destacó las cosas lindas que expresa el Señor al hacer pan y quedarse en la Eucaristía.

“La Eucaristía es un pan que tiene gusto a hogar, a lucha compartida. Es un pan que tiene sabor a amor, perfume de vida, calor de horno casero, intimidad de mesa de familia”, explicó, y exclamó:  ¡Qué hermosa ocurrencia tuvo Dios cuando inventó la Eucaristía! Como diciendo: ‘así quiero quedarme yo entre mi pueblo, así quiero fortalecerlo, así, como pan, quiero santificarlo’”.

El prelado valoró que la Iglesia haya buscado durante siglos distintas formas de adorar “tanta belleza y tanto amor” sintetizado en la Eucaristía.

“¡Cuánta ternura contiene esta fiesta que hoy celebramos! Por eso nos hace doler el deseo de celebrarlo juntos, de recibirlo, de sacarlo hoy por las calles”, expresó refiriéndose a las limitaciones impuestas a raíz de la cuarentena del coronavirus.

Ante la imposibilidad física de participar de esta celebración, monseñor Fernández invitó a dedicar “un momento de oración detenida para adorarlo y pedirle que pase bendiciendo nuestras calles, nuestros hogares, nuestras vidas”, y recitó:

¡Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar! Aquí estoy a tus pies, Señor, qué hermoso es estar a tus pies, y dejar que brille sobre mí tu luz sanadora.

No quiero hacer nada, sólo quiero ser ante tus ojos, dejarme estar en su santísima presencia con este silencio enamorado.

Aquí está toda la ternura de tu corazón humano y toda la gloria luminosa de tu amor divino. Bendito y adorado seas.

Bendito y alabado…
Creo en tu Palabra que me dice que estás aquí. Estás Señor, te has quedado con nosotros. Aquí está tu amor que es pura presencia. Estás aquí amando, están aquí acompañándonos en este tiempo duro, estás aquí bendiciendo como un manantial que se desborda.

Bendito y alabado…
Mirame Señor, mírame tal cual soy,  sin secretos.
Mirame Señor. Y que todos los pliegues de mi ser queden expuestos a tu luz y a tu amor. Penetrá Señor, con tu gracia en cada rincón oscuro de mi ser.

Bendito y alabado…
A veces me siento tan débil, sé que no puedo responder a todo lo que esperan de mí, no me dan las fuerzas para hacer todo lo que los demás necesitarían de mí. Dame tu fuerza sobrenatural, dame las palabras que no tengo, dame tus dones para servir y hacer el bien, para ayudar a mis seres queridos, para dar una mano a quienes me necesiten.

Bendito y alabado…
Modelame vos, soy tu barro, soy tu cacharro abierto para que lo llenes con tu gracia.¿Qué puedo hacer yo solo con mi pobre ser? Purificá lo que sea basura dentro de mí, limpiá mis intenciones egoístas y toda vanidad. Saná mi comodidad. Fortalecé mi debilidad con tu poder. Curá mis temores frente a las sospechas, las envidias, a las malas miradas. Haceme fuerte Señor.

Bendito y alabado…
Escuchá mi voz Señor, porque vos escuchás la voz de tus ovejas. Escuchame, vos conoces mis gemidos profundos, el dolor escondido. Mirame y vení a buscar a tu oveja perdida y enredada entre las complicaciones de esta vida. Colocame sobre tus hombros y llevame vos.

Bendito y alabado…
Aquí, en tu corazón sagrado, está la vida en abundancia. Derramá en mí esa vida Señor, como un río. Pasá por todo mi ser liberando, sanando cada herida, curando todos los malos recuerdos, llevándote las tristezas, las ansiedades, las angustias, los temores. Pasá Señor mío con tu luz sanadora.

Bendito y alabado…
Y quiero dejar en tu presencia a todos los que están sufriendo en este tiempo tan difícil. Pongo en tus manos a los enfermos, a los que están muriendo, a los que están trabajando para salvarlos. Bendecí a los que sufren la pobreza y soportan tantos límites y angustias. Que tanto dolor y tanta entrega no sean inútiles Señor. Tomá todo eso y convertilo en bendición para la humanidad.


Bendito y alabado…
Pasá por cada una de nuestras comunidades, llenándolas de vida y de esperanza.

Dejamos todo en tus manos Jesús. Protegenos, porque nos refugiamos en vos. Confiamos en vos Señor, y sabemos que no quedaremos defraudados. Amén.

Más información: www.arzolap.org.ar.+

» Texto completo de la homilía