Jueves 22 de octubre de 2020

Mons. Fernández detalló por qué se identifica con la prédica de Francisco

  • 1 de septiembre, 2020
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
"Las cosas que él me dijo me han marcado para el resto de mi vida", aseguró el arzobispo de La Plata al contar en Radio María cómo forjó su amistad con Jorge Bergoglio tras la conferencia de Aparecida

Monseñor Víctor Manuel Fernández , arzobispo de La Plata, dijo que se identifica con el papa Francisco en busca de “una Iglesia que sea sencilla, comprensible y cercana; que ofrezca el encuentro íntimo con Cristo y su Palabra, y que al mismo tiempo es sensible a lo que pasa en la sociedad, a lo que sufre la gente ”.

“Esa Iglesia abierta y misionera que propone Francisco es la que yo siento como mía”, sostuvo en declaraciones a Radio María.

El arzobispo platense, nacido en la localidad cordobesa de Alcira Gigena y donde se comenzó a llamarlo “Tucho”, recordó: “El testimonio de la comunidad parroquial de mi pueblo fue muy valioso para mí, tanto del padre Ramón Artemio Staffolani, que después fuera obispo de Río Cuarto, como también de los laicos. Y así me fui acercando a la fe”.

“Cuando era muy niño yo recuerdo que escribía poemas para las maestras y luego comencé a escribir pequeñas obras de teatro. Creo que la primera la hice en el primer grado. Y en mi barrio con un grupo de amigos fundé el 'Club de la alegría'. En ese club representábamos mis obras de teatro, hacíamos trucos de magia para los más chicos. La verdad que de pequeños nos divertíamos bastante”, destacó.

"Siendo adolescente inicié un grupo de oración junto a una amiga que tenía la experiencia de haber estado con la Renovación Carismática en Buenos Aires. Me gustaba leer la Biblia. Con este grupo organizábamos retiros y fuimos creciendo en la fe, eso también me hizo muy bien”, afirmó. "Además fui el bibliotecario del pueblo cuando tenía 15 años. Y se me ocurrió invitar a otros jóvenes a discutir sobre algunos temas. Pero como era la época del Proceso Militar me hablaron desde la intendencia y me dijeron que nos podrían meter presos por eso que hacíamos en la biblioteca. Ese fue mi primer encuentro con la dura realidad sin entender demasiado qué pasaba”.

Entonces me dije: “Me voy a dedicar a hacer felices a los demás, que eso no tiene ningún riesgo”. Y comencé a visitar el pequeño hospital del pueblo. Ahí había un viejito que hacía mucho que estaba. Ya no caminaba y le ofrecí soportar las piernas. Entonces poquito a poco lo fui sacando hasta que recuperó la capacidad de caminar y eso para mí era una alegría enorme. También me decidí a leerle historias a las personas no videntes. Recuerdo que le leía historias a una señora ciega y me gustaba mirarle la cara y ver las expresiones que tenía cuando le contaba algo. Con esa mujer comencé a escribir sobre temas espirituales. En esas experiencias descubrí que mi pasión es provocar cosas a través de la escritura. Siento que sirvo para provocar en las otras personas, cosas que las ayuden a vivir”, sintetizó monseñor Fernández.

Tras hablar de su madre Yolanda, o simplemente “Yoly”, consideró providencial que siendo seminarista lo enviaran a estudiar Biblia a Roma, dado que reconoció que hubiera sido una “tortura” para él profundizar en el estudio del Derecho Canónico.

“La verdad que mi relación con la Palabra de Dios fue muy temprana en mi vida, Dios me fue llevando en la meditación de su Palabra, Él me hablaba desde mis inicios. Ese vínculo desde siempre es muy íntimo, muy cercano y muy intenso”.

Monseñor Fernández trajo a la memoria el día en que lo llamaron para ver un enfermo grave y relató: “Cuando llegué los familiares me dijeron que hacía 10 días que estaba inconsciente. Igual, cuando me enfrentaba a esas situaciones siempre les hablaba al oído porque estoy convencido de que muchas veces o siempre, algo captan. Dios nos usa a los sacerdotes para decirles cosas a las personas que están partiendo. Entonces le hablé un rato al oído al viejito, después llamé a la familia y le di la Unción. Cuando terminé, el viejito abrió los ojos, levantó los brazos y dijo: 'Ahora me voy al Paraíso'. Cerró los ojos y se murió”.

“Estos son signos de Dios para que todos creamos en la vida eterna”, aseguró.

El arzobispo dijo que, siendo decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina, formó parte de un grupo de estudio bíblico con rabinos, pastores y biblistas católicos. “Tomábamos un capítulo, por ejemplo, el de la Lamentaciones, y cada uno decía como lo interpreba desde su tradición. Es impresionante lo que sacábamos de cada reunión desde los distintos puntos de vista que teníamos, la profundidad con la que nos encontrábamos”, afirmó.

“En esa época me llegó la invitación para participar de la Conferencia de Obispos Latinoamericanos de Aparecida, en Brasil, en 2007. Primero tuve que ir varias veces a Bogotá en la etapa previa. Y cuando estaba en Aparecida, los obispos me pidieron que participara del equipo de redacción del documento final. A mí me tocó particularmente la parte del texto que habla de la Piedad Popular ”, puntualizó.

“Como el presidente de ese equipo de redacción era el cardenal Jorge Bergoglio, me agradó conocerlo de cerca. Ahí se forjó una amistad entre nosotros, aunque yo digo que más que amigo, soy hijo de Bergoglio. Llegaba la noche y cuando eran las 22 horas, casi todos se iban, pero había que seguir trabajando. Y a veces se hacían las 2 ó 3 de la mañana y los únicos que quedábamos en la sala de redacción éramos nosotros. Así nos fuimos conociendo. Apenas terminó la conferencia, yo me quería volver inmediatamente a Buenos Aires porque tenía cosas que hacer. Y resultó que los dos primeros que nos fuimos éramos nosotros dos. Y fuimos juntos al aeropuerto de San Pablo y después pidió que me sentaran al lado de él en el vuelo. Esas horas de conversación más gratuitas, distendidas, fuera del trabajo, no me las olvido nunca.

“Un año después de eso me llamó y me dijo que la comisión de obispos que seguía el tema quería que yo fuera el rector de la UCA. Primero le dije que no, le sugerí dos o tres nombres para que alguno fuera el rector. Cinco o seis meses después me solicitó nuevamente y me pidió una vez más que fuera el rector. Entonces me fui a Luján, recé un rato delante de la Virgen y la conclusión era que tenía que aceptar. De ahí me tuve que trasladar al barrio de Puerto Madero y me dediqué por completo a la Universidad Católica de Buenos Aires por unos cuantos años. Pude aprender mucho en ese tiempo, sobre todo en el diálogo de la fe con la ciencia. Pero sobre todo me preocupé para que los estudiantes tuvieran un sentido social y eso le dio otro rostro a la UCA. Ese contacto con los pobres les dio otra mirada, otra perspectiva.

“En la Universidad había personas que no me querían como rector y hasta llegaron a Roma con esas acusaciones. Entonces yo le pedí al cardenal Bergoglio volver a Río Cuarto pero él no me lo permitió. Y en esas conversaciones le dije: 'Todo esto me ha tirado por tierra cualquier deseo humano de poder y eso me da una libertad interior'. Y él me dijo: 'Vos permanecé abierto a lo que te pidan'. Y eso lo recordé cuando en la Nunciatura me dijeron que tenía que ser arzobispo de La Plata. Fue así que acepté lo que me pedía Francisco”, memoró. 

En otro momento de la entrevista, monseñor Fernández destacó el trabajo que se hace con los comités en los barrios de la arquidiócesis de La Plata en medio de la pandemia. 

“La realidad nos da signos de que el mundo así no funciona. Hay que cambiar algunos hábitos, esto es lo que nos pide Francisco en la encíclica Laudato si'. Tenemos que entender, por ejemplo, que el agua es un bien escaso en el mundo”, pidió.

Informes: www.radiomaria.org.ar . +