Martes 27 de septiembre de 2022

Mons. Castagna: "Navidad 2021, un portal abierto a la eternidad"

  • 23 de diciembre, 2021
  • Corrientes (AICA)
"Manifestado al mundo, no cesará de recordar que en cada ser humano está Él, que debe ser respetado, amado y servido", subrayó el arzobispo emérito de Corrientes en su sugerencia para la homilía.
Doná a AICA.org

El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, recordó que “los cristianos, testigos de ese Niño Dios, nacido en Belén, permanecen en su intimidad, mediante la fe y la oración”.

“En el recién nacido que adoramos, vemos a todos los niños por nacer, ya concebidos en el seno de sus madres”, aseguró en su sugerencia para la homilía de Navidad. 

“Manifestado al mundo, no cesará de recordar que en cada ser humano está Él, que debe ser respetado, amado y servido. Navidad 2021, un portal abierto a la eternidad”, subrayó.

El prelado puntualizó que “al mencionar a los creyentes pienso en la Casa del Padre, donde cada bienaventurado tiene su sitio, ya prometido por Jesús a los apóstoles y, en ellos, a todos los que deciden seguirlo”.

“Nuestro saludo es un deseo de Paz y de Amor para quienes auguramos una ¡Feliz Navidad!”, concluyó.

Texto de la sugerencia
1.- La Palabra es Dios. Es tan denso y extenso el prólogo del Evangelio según San Juan que, sin un auxilio especial de la gracia de su ministerio apostólico, no podríamos descubrir su esencia de verdad y exponerla. El clima de la Navidad, oportunamente creado durante el tiempo del Adviento, favorece la solemne celebración de hoy. San Juan Apóstol extrae de la Palabra su contenido revelado. Su propósito es proclamar la divinidad de Cristo resucitado. Cada línea alienta una profunda reflexión teológica. La teología puede ayudar pero no logra la posesión de la Verdad, si no llega a la contemplación. Por el amor se arriba a la contemplación del Dios encarnado; es la misma Verdad que conduce a la Vida. La precisión del lenguaje de San Juan va más allá de su instrumentación literaria, e ingresa en la hondura de la inspiración divina: “La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella y el mundo no lo conoció”.  (Juan 1, 9-10) Cristo, cuyo nacimiento hoy celebramos, es reconocido, por el Apóstol, como el Dios que lo hace todo: “Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe”. (Juan 1, 3) Por honestidad intelectual se le debiera dar el lugar, que a Él sólo corresponde.

2.- Respetar los signos de la fe. Cristo se opone a la incredulidad, con frecuencia expresada en formas espurias de religiosidad. Es común echar mano a cábalas, como también adoptar impropiamente algunos signos cristianos, objetos y gestos. Es el gran desafío  de quienes deben desempeñar la misión evangelizadora, que Jesús encomienda a los Apóstoles y a la Iglesia. Respetar los signos de la fe, otorgándoles el sentido que poseen desde que fueron instituidos por el mismo Señor, es un deber ineludible. Así deben celebrarse los Sacramentos, auxiliados por una adecuada catequesis. La Eucaristía constituye la expresión central de la celebración navideña. Nace el Hijo de Dios, hecho Hijo del hombre en el seno virginal de María “sin concurso de varón”, por obra del Espíritu Santo. Celebramos la Navidad postrados ante la representación del Pesebre de Belén, inseparable de la Eucaristía. Allí aquel Niño Dios ofrece su Cuerpo y Sangre, como alimento necesario de la Vida cristiana.

3.- Navidad y Eucaristía. Jesús anuncia la Eucaristía con expresiones que causan consternación y desilusión en quienes no habían apoyado su fe en la persona del mismo Señor. Han transcurrido más de dos mil años, desde entonces, muchos bautizados han madurado en su adhesión a la persona de Cristo, otros, muchos también, o no han tenido la oportunidad de conocer y adherirse al Señor - a sus enseñanzas y a su Iglesia - o “dejaron de acompañarlo” (Juan 6, 66). Cada año que se inicia apunta a la Navidad; es el momento conclusivo y constituye un renovado llamado a la fidelidad a Cristo, “Señor nuestro y Dios nuestro”. Su Vida, atravesándonos, llegará a nuestros contemporáneos, expuestos ahora al error y a la corrupción.

4.- El testimonio de los Santos. Los cristianos, testigos de ese Niño Dios, nacido en Belén, permanecen en su intimidad, mediante la fe y la oración. En el recién nacido que adoramos, vemos a todos los niños por nacer, ya concebidos en el seno de sus madres.  Manifestado al mundo, no cesará de recordar que en cada ser humano está Él, que debe ser respetado, amado y servido. Navidad 2021, un portal abierto a la eternidad. Al mencionar a los creyentes pienso en la Casa del Padre, donde cada bienaventurado tiene su sitio, ya prometido por Jesús a los Apóstoles y, en ellos, a todos los que deciden seguirlo. Nuestro saludo es un deseo de Paz y de Amor para quienes auguramos una ¡Feliz Navidad!.+