Lunes 4 de julio de 2022

Mons. Buenanueva: "Señor Jesús, estás con nosotros dándonos vida"

  • 31 de mayo, 2022
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, reflexionó sobre el Evangelio del domingo en el periódico "La Voz de San Justo".
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Monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo de San Francisco, hizo llegar a los fieles una reflexión sobre el Evangelio que relata la Ascensión del Señor a los Cielos.

“Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios”, citó el prelado.

Al respecto, describió: “Los discípulos no permanecerán mucho en el Templo. En breve tendrán que tomar los caminos del mundo para llevar el Evangelio a todos. Es la misión que el mismo Jesús, antes de dejarlos, les ha confiado. Será el Espíritu el que los pondrá en camino”.

“Lo que sí permanecerá es la alegría que colma sus corazones. Acrecentada además por el don del Espíritu en Pentecostés. Es la alegría porque Jesús ha triunfado sobre la muerte, vive y comunica vida. Y ese triunfo es por nosotros y para nosotros. Es la alegría serena que despierta cuando la esperanza echa raíces en el corazón”, aseguró.

Finalmente, explicó: “La expresión ‘llevado al cielo’ es lenguaje bíblico. No indica un lugar físico o un viaje astral. Nos dice que Jesús vive ahora plenamente en Dios. Y con la potencia de Dios sigue presente en el mundo, en lo vivo de la historia, en medio de quienes nos reconocemos sus discípulos. Y no deja de bendecirnos”.

Y elevando una plegaria, expresó: “Señor Jesús: nuestros ojos te buscan en medio de nuestros dramas, ilusiones y tensiones. Estás con nosotros dándonos vida. Has sido llevado al cielo, por eso, estás más presente que nunca. Estás en cada gesto humano que es profecía de la bienaventuranza del cielo: una sonrisa o una caricia, un sentido gracias o un apretón de manos que sella una amistad, un reencuentro o un perdón compartido que cierra heridas. Sos el Emanuel: el Dios que sigue con nosotros. Amén”.+