Sábado 13 de julio de 2024

Mons. Buenanueva reflexiona sobre el sentido profundo de la Oración por la Patria

  • 14 de noviembre, 2023
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
Al referirse a la jornada convocada por el Episcopado en vísperas del balotaje, el obispo de San Francisco asegura: "Mira, sin embargo, mucho más allá. Tiene que ver con nuestro camino como pueblo".
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En el marco de la Jornada de Oración por la Patria, que la Conferencia Episcopal Argentina hizo para el viernes 17 de noviembre, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva escribió una reflexión sobre esa convocatoria en las vísperas del balotaje presidencial y asegura: “Mira, sin embargo, mucho más allá. Tiene que ver con nuestro camino como pueblo”.

Ante la pregunta sobre “qué pedimos para nuestra Argentina en esta oración en la previa del balotaje”, el prelado plantea: “Bueno, no está mal que cada uno pida que gane el que vota por convicción o descarte. De todos modos, nos damos cuenta de que nuestro buen Dios no nos ha dado la inteligencia y la libertad para que haga lo que nosotros hemos de hacer. Es una decisión -como dije en un post anterior- personal y a conciencia”.

Tras destacar la importancia de la oración en general, pone el acento en la plegaria por la Patria y afirma: “Por encima de todo, también de nuestras legítimas diferencias y opciones políticas, pidamos para nosotros y para todos los argentinos la gracia del Espíritu Santo”.

“¿Qué significa esto?, pregunta y aventura algunas respuestas, que invita a completar.

“El Espíritu nos permite escuchar el gemido de la creación, de los pobres, de los que caminan sin esperanza, etc. También nuestros gritos ciudadanos más profundos: trabajo, educación, paz, un techo”, puntualiza y agrega: “Orar por Argentina es escuchar esos gemidos y permitirle al Espíritu que los asuma, los acompase a la oración de Jesús, el Hijo, y los lleve al corazón del Padre”. 

En este sentido, monseñor Buenanueva explica: “Por eso, nuestra súplica, en buena medida, es penitencial: busca que quebremos nuestro corazón endurecido por el orgullo para que le permitamos a Dios transformarlo: que nos haga hijos y hermanos en Jesús”.

“La elección del 19 de noviembre es importante… Sin embargo, lo más arduo es lo que se abre por delante: tiempos difíciles que requerirán mucha pasión por el bien, perseverancia y fortaleza para soportar los embates del mal y para acometer la lucha por la justicia. Y, sobre todo, por la reconciliación, la concordia y la amistad social en una sociedad fragmentada y deliberadamente conducida a ese lugar de polarización”, advierte.

El prelado puntualizó que “orar por Argentina es rezar por los dirigentes, tanto por los políticos como por los que cumplimos ese rol social en otros ámbitos. Que seamos lúcidos, hábiles para hacer el bien y no solo para la retórica engañosa del corto plazo”.

“Pero también significa rezar por los ciudadanos de a pie que somos todos, porque -como suele decirse- los pueblos no siempre tienen los dirigentes que se merecen, pero sí los que se les parecen. No existe un pueblo puro y una dirigencia corrompida a la que podamos acusar desde la vereda de enfrente. Existimos hombres y mujeres que fatigamos cada día el bien, la honestidad y la justicia. Ciudadanos concretos con aciertos y errores, con virtudes y defectos, con amnesias éticas y silencios culposos que terminan en opciones concretas; también con pecados personales que se proyectan socialmente. Y, de tal palo, tal astilla”, precisó.

Monseñor Buenanueva planteó un nuevo interrogante: “¿Quién puede permitirse, a esta altura de nuestra historia argentina, subirse a un estrado y reclamar para sí una incomprensible e insoportable superioridad moral?”

“Pedimos que el Espíritu Santo encuentre docilidad interior para abrirse paso por esa maraña sinuosa que es el corazón humano y nos ayude a trabajar por el bien común con las virtudes nobles de la paciencia, la perseverancia y la magnanimidad”, respondió.

“Sí: necesitamos un alma grande que nos haga ver más allá de nosotros mismos. Lo suplicamos al Espíritu Santo y lo ponemos en las manos generosas de nuestra Madre, la Virgen María, invocada en cada rincón de la Argentina con nombres diversos, pero con una única piedad filial”, concluyó.+