Domingo 17 de octubre de 2021

Mons. Ares presidió las fiestas patronales de Nuestra Señora de los Dolores en Caballito

  • 21 de septiembre, 2021
  • Buenos Aires (AICA)
Al concluir una procesión en el santuario de Nuestra Señora de los Dolores, instó a obedecer la voluntad de Dios y señaló que "no son las pujas de poder" lo que sacará el país adelante.
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Una procesión rodeó el parque Centenario y a su término presidió una misa al aire libre el obispo auxiliar de Buenos Aires, vicario episcopal para la Pastoral y vicario de la zona Devoto, monseñor Juan Carlos Ares, al concluir las fiestas patronales de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en el barrio porteño de Caballito.

Las fiestas tuvieron el lema “Con María y José seamos familia” y culminaron el domingo 19 por la tarde en la misa frente al templo santuario, en la que monseñor Ares instó a respetar la voluntad de Dios, las reglas de la naturaleza, de la familia humana, y señaló que “no son las pujas de poder”  sino “lo que tenemos en común, nuestra propia humanidad, con nuestras fragilidades”, lo que sacará el país adelante.

El obispo manifestó que Cristo Jesús, el Hijo de Dios, vino a dar testimonio de que es posible vivir la fe, y por el sufrimiento nos enseñó a descubrir la obediencia. “Hoy en día la palabra obediencia es una palabra que nos cuesta mucho”, reflexionó, y comentó el dicho popular “Hecha la ley, hecha la trampa”.

Pero observó que todos, para poder mandar, hasta para mandar que nuestros pies empiecen a andar, tenemos que saber obedecer. Obediencia etimológicamente significa saber escuchar. Y señaló que como María y José hay que saber escuchar para llevar a la práctica la voluntad de Dios, escuchar lo que Dios quiere para nosotros. “María al pie de la Cruz supo obedecer”, dijo.

La misa fue concelebrada con los sacerdotes Carmelo Morra y Mariano Zordán, de la congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (fundada por San Cayetano Errico en Nápoles en 1833 y que está en la zona de Caballito desde hace más de un siglo).

En medio de la celebración, el obispo bautizó a un joven, David, acompañado por sus padres y padrinos, y señaló que se incorporaba a la familia cristiana.

Preguntado por el padre Zordán sobre su familia, monseñor Ares dijo que sus padres eran gallegos, de un pueblo a 15 kilómetros de Santiago de Compostela. Su papá falleció hace cuatro años y su madre hace dos. Él era hijo único y solamente tiene en el país unos primos segundos, a quienes casó y bautizó a sus hijos.  Pero puntualizó: “La Iglesia me ha dado hermanos que son mi familia”, y comentó que cuando tenía  a sus padres internados siempre tuvo a mano hermanos de la comunidad cristiana que lo ayudaban a atenderlos y los visitaban.

El Nuncio Apostólico en otra parroquia de Caballito
Una semana antes, el sábado 11 de septiembre, en el mismo barrio de Caballito, hubo otra misa presidida por un obispo, el nuncio apostólico, monseñor Miroslaw Adamczyk, quien celebró la fiesta de Nuestra Señora del Valle del Espíritu Santo en el templo parroquial de Nuestra Señora de Caacupé, ubicado frente al parque Rivadavia, ante una muchedumbre de fieles venezolanos. Es una advocación de María que se venera en la isla Margarita, en Venezuela, y que fue declarada patrona del Oriente venezolano.

El nuncio, nacido en Polonia, dijo que tuvo el privilegio de trabajar en Venezuela entre 2008 y 2013, y ha estado muchas veces en el santuario de la isla Margarita. Manifestó que la Virgen María, Madre de Dios, bajo la advocación del Valle es venerada en muchos lugares de España e Hispanoamérica; en nuestro país es patrona del noroeste argentino, en especial de las diócesis de Catamarca y de Añatuya, y protectora de La Rioja. Estimó interesante advertir que en América Latina hay dos países donde se venera de manera especial a la Virgen del Valle: la Argentina y Venezuela. Señaló que la Argentina es un país acogedor, pero la vida del migrante nunca es fácil. Pidió a la Virgen, Madre de la esperanza, que tenga piedad de cuantos han tenido un sufrimiento enorme por la separación de las familias - hijos, hijas, padres, madres, abuelos- con una fuerte esperanza de que todos puedan un día regresar a su tierra, que sea más bella que antes, que sea la Madre Patria para todos.+ (Jorge Rouillon)