Jueves 18 de agosto de 2022

Mons. Aguer advirtió sobre el voto irreflexivo y el clientelismo político

  • 2 de septiembre, 2014
  • La Plata (Buenos Aires) (AICA)
En un artículo titulado "Virtudes, política y civismo", que publicó el diario El Día, el arzobispo de La Plata y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, monseñor Héctor Aguer, afirmó que "es posible que un pueblo esté constituido en su mayoría por buena gente, de valores encomiables, pero que no son buenos ciudadanos: omiten la colaboración que les corresponde en la marcha y la suerte del país, votan irreflexivamente arrastrados por la propaganda partidaria, y se aferran a la ilusoria esperanza propia de clientes del Estado". Tras asegurar que "corruptos nunca faltan, y pueden ser muchos", recordó que en la exhortación apostólica "Evangelii gaudium", el papa Francisco llamó a la corrupción "cáncer social" y consideró que "está profundamente arraigada en muchos países, en sus gobiernos, empresarios e instituciones, cualquiera sea la ideología política de los gobernantes".
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El arzobispo de La Plata y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, monseñor Héctor Aguer, afirmó que "es posible que un pueblo esté constituido en su mayoría por buena gente, de valores encomiables, pero que no son buenos ciudadanos: omiten la colaboración que les corresponde en la marcha y la suerte del país, votan irreflexivamente arrastrados por la propaganda partidaria, y se aferran a la ilusoria esperanza propia de clientes del Estado".

En un artículo titulado "Virtudes, política y civismo", que publicó el diario El Día, el prelado advirtió que cuando una sociedad sufre, en la mayoría de sus miembros, la carencia de las virtudes morales y cívicas "el país se hunde en la decadencia, de la que no es fácil resurgir: la salida exige una especie de cambio análogo a lo que en lenguaje cristiano se llama conversión".

Tras asegurar que "corruptos nunca faltan, y pueden ser muchos", recordó que en la exhortación apostólica "Evangelii gaudium!", el papa Francisco llamó a la corrupción "cáncer social" y consideró que "está profundamente arraigada en muchos países, en sus gobiernos, empresarios e instituciones, cualquiera sea la ideología política de los gobernantes".

"En el caso de los gobernantes, la distinción anteriormente citada se aplicaría así: podrían ser malas personas y buenos gobernantes si poseyeran las habilidades necesarias para cumplir las funciones que les han sido confiadas. Esta distinción parece extraña y peligrosa. El desempeño político de los cargos no podría ser escrupuloso, recto, honrado, ejecutado con esmero, por gente viciosa. ¿Conocemos quizá algún caso representativo, alguna excepción?", interpeló.

Monseñor Aguer sostuvo que "la excepción sería alguien que lleva una vida privada éticamente reprochable pero goza de las habilidades necesarias a un dirigente para lograr ciertos resultados dignos de ponderación. Lo infausto, una verdadera tragedia, acontece cuando los gobernantes carecen de virtudes humanas, es decir, son pícaros, cínicos, ladrones, manipuladores del pueblo, y tampoco poseen condiciones políticas específicas: son improvisados, o ideólogos empedernidos, no tienen capacidad de conducción y ni siquiera saben elegir correctamente a sus colaboradores".

"Si como apunté anteriormente la prudencia es atributo necesario de un ciudadano cabal, con mayor razón es la virtud por excelencia del gobernante; del bueno, claro está, que se caracteriza por la sabiduría práctica, sentido de la equidad, coraje y sobriedad. La población, en su ejercicio de las obligaciones cívicas, no tiene por qué contagiarse de los defectos ostentosos de la clase política. Las virtudes ?los valores, sin olvidar la dimensión religiosa- son la base del auténtico civismo, del celo por las instituciones de la república y por los intereses de la patria", agregó.

"La filosofía social, desde la que reluce en la Política aristotélica hasta la que se encuentra implícitamente en la Doctrina Social de la Iglesia, no ofrece soluciones inmediatas a los complejos problemas que afrontan los países en un mundo globalizado. Pero despeja el campo para que las mejores soluciones sean buscadas y en lo posible halladas, con honestidad intelectual y corrección ética. Su estudio, la reflexión sobre aquellos principios, implica una apelación a la libertad y a la responsabilidad. Como expresa el viejo dicho: a quien le quepa el sayo, que se lo ponga. Diversamente y al menos un poco, nos cabe a todos. En eso, en asumir la parte que le corresponde en el destino de la polis, consiste concretamente la condición de ciudadano", concluyó.+

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