Jueves 27 de enero de 2022

Miles de peregrinos cruzaron la Puerta Santa en los santuarios de Renca y Villa de la Quebrada

  • 4 de mayo, 2016
  • San Luis (AICA)
Decena de miles de peregrinos de la diócesis de San Luis cruzaron la Puerta Santa en los santuarios de Renca y Villa de la Quebrada, donde este 3 de mayo se realizaron los actos centrales por las fiestas patronales y el Año de la Misericordia. En tanto el 1º de mayo se celebró el Jubileo Diocesano de los Trabajadores. "Cada uno ha venido con el corazón en la mano para pedirle algo a Dios: quiere ofrecerle algo a Dios y quiere ser bueno. No importa cuánto hayamos pecado, aquí estamos pidiendo perdón, y la Iglesia nos concede ese perdón. El Año de la Misericordia es para comenzar de nuevo", aseguró el obispo de San Luis, monseñor Pedro Daniel Martínez Perea.
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Decena de miles de peregrinos de la diócesis de San Luis cruzaron la Puerta Santa en los santuarios de Renca y Villa de la Quebrada, donde este 3 de mayo se realizaron los actos centrales por las fiestas patronales y el Año de la Misericordia. En tanto el 1º de mayo se celebró el Jubileo Diocesano de los Trabajadores.

Villa de la Quebrada es una localidad que se extiende al pie del Cerro Tinaja a 38 kilómetros hacia el norte de la ciudad de San Luis. Allí su parroquia atesora el milagroso Cristo de madera que los peregrinos llegados a pie, a caballo o en diversidad de vehículos, visitan para tomar gracia. Luego, suben el viacrucis construido de mármol de carrara en el cerro, cuyas imágenes son casi de tamaño natural.

El milagroso Cristo de Renca se encuentra en una de las capillas más antiguas de la provincia de San Luis, a 152 kilómetros al noreste de la ciudad capital.

Ambos santuarios, año tras año, son testigo de la fe de peregrinos que llegan de todo el país y de países vecinos para adorar la Santa Cruz.

El 3 de mayo, día de la Santa Cruz, los pueblos se vistieron de fiesta por las celebraciones patronales. Por la mañana, el obispo de San Luis, monseñor Pedro Daniel Martínez Perea, presidió la misa en Renca, concelebrada por varios sacerdotes de la diócesis ante multitud de fieles. Por la tarde, el prelado caminó junto al pueblo en la procesión de Villa de la Quebrada.

"Cada uno ha venido con el corazón en la mano para pedirle algo a Dios: quiere ofrecerle algo a Dios y quiere ser bueno. No importa cuánto hayamos pecado, aquí estamos pidiendo perdón, y la Iglesia nos concede ese perdón. La Iglesia como Madre nos espera. El Año de la Misericordia es para comenzar de nuevo. Cada uno de nosotros que ha venido aquí hoy, tiene que irse cambiado, tiene que volver distinto", sugirió.

"El Cristo de la Quebrada tiene que haberles dejado algo en el corazón. Depende de cada uno, y yo sé que ustedes quieren hacerlo, y Jesucristo también lo sabe. Demos ese paso", subrayó.

Monseñor Martínez invitó a pedir de corazón: "¡Señor, yo quiero ser bueno! A semejanza del Rey David: pecador, adúltero, homicida, reconozcamos nuestro pecado, pidamos perdón y volvamos a comenzar".+