Viernes 17 de septiembre de 2021

Lentamente los peregrinos vuelven a sus pueblos y países de origen

  • 2 de agosto, 2013
  • Río de Janeiro (Brasil)
"Francisco es Juan Pablo II con azúcar", me dijo ayer un taxista, Severino, muy contento con la visita del Papa. ¿Qué quería significar con esa expresión?, le pregunté. Que es dulce, muy bueno, afectuoso, y hacía una relación entre la gran convocatoria de estos días y la que convocó en sus visitas al país el popular pontífice polaco. Me dijo que le parece que es lo que la Iglesia necesitaba, en momentos en que se expanden mucho las iglesias evangélicas. Especialmente hizo hincapié en aquellos grupos, con fuerte orientación comercial, y no reconocidos como tales por iglesias evangélicas honestas, que se concentran en pedir el pago del diezmo y por los cuales hay gente que ha llegado a vender hasta un auto o una casa.
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"Francisco es Juan Pablo II con azúcar", me dijo ayer un taxista, Severino, muy contento con la visita del Papa. ¿Qué quería significar con esa expresión?, le pregunté. Que es dulce, muy bueno, afectuoso, y hacía una relación entre la gran convocatoria de estos días y la que convocó en sus visitas al país el popular pontífice polaco.

Me dijo que le parece que es lo que la Iglesia necesitaba, en momentos en que se expanden mucho las iglesias evangélicas. Especialmente hizo hincapié en aquellos grupos, con fuerte orientación comercial, y no reconocidos como tales por iglesias evangélicas honestas, que se concentran en pedir el pago del diezmo y por los cuales hay gente que ha llegado a vender hasta un auto o una casa.

¿Trabajó bien los días de la visita del Papa con el taxi? No trabajó con él porque estuvo haciendo de voluntario en su parroquia, Sagrada Familia, en Yacarepaguá, que albergó en sus instalaciones y en casas de familia a 2.500 peregrinos.

Severino, de 50 años, vive con su esposa y tiene dos hijos. En su casa tuvo a dos jóvenes de Pernambuco. En el taxi lleva una leyenda: "Decir que Dios es fiel es fácil. Lo difícil es ser fiel a Dios".

La mayoría de los peregrinos se están yendo en estos días al terminar la Jornada Mundial de la Juventud, pero aún quedan algunos. El día siguiente a su conclusión, el lunes último, por primera vez, el Cristo Redentor del Corcovado recibió a 20.000 personas por día, número bien por encima de lo que es común para esta época del año, que a lo sumo orilla los 12.000. Funcionó las 24 horas y hubo quienes llegaron a hacer varias horas de una larga cola para poder acceder a las combis especiales que suben al cerro Corcovado.

Ayer, jueves, en una temprana misa en una iglesia céntrica, la vieja parroquia de Nuestra Señora de Gloria, se podían ver, entre la habitualmente nutrida concurrencia, varios jóvenes peregrinos.

Dos chicas jóvenes de Belém, en el estado de Pará, en el norte, habían venido con cien jóvenes de su ciudad. La mayoría se había vuelto pero como no consiguieron lugares en los mismos aviones, ellas se volverán esta tarde.

Brenda, de 28 años, estudiante de Servicio Social, y Vanessa, de 16, pertenecen a un movimiento surgido en el nordeste brasileño, la comunidad de Shalom. Estaban muy contentas de haber compartido con jóvenes de tantos países esta experiencia. Un sacerdote mayor, que presidía la celebración de la Misa, tras evocar a San Alfonso María de Ligorio, dijo que era un momento bonito "que tengamos en la parroquia jóvenes de otras naciones: hay una sola fe, un solo bautismo, una sola Iglesia".

Concelebraban también dos jóvenes sacerdotes chinos. Y había un grupo de diez muchachos y chicas chinos, que se acercaron a comulgar. Menos una, todos recibieron la comunión en la boca, haciendo una leve y respetuosa inclinación de cabeza.

Luego se quedaron un largo momento rezando en la iglesia. En general no dominaban el inglés, pero igual no era conveniente para ese grupo, al igual que otros grupos de jóvenes chinos que participaron, dar demasiados detalles personales o de su grupo, por la persecución, aunque sea solapada, que puede sufrir la Iglesia en su país.

Al igual que los jóvenes chinos, una decena de muchachas peruanas se quedó luego de la misa haciendo un momento de acción de gracias.

Gabriela Quiroz, ingeniera química, que trabaja en su profesión, de 31 años, la mayor, dijo que formaban parte de un grupo de 120 chicas que frecuentan centros del Opus Dei en su país y que habían parado aquí en casas de familia. Otras eran Cynthia, de 24 años, que trabaja en administración de empresas, y Valeria, de la misma edad, que estudia ingeniería de pesca y trabaja en una empresa.

"La Iglesia es una en todo el mundo", dijo Gabriela. Les pareció una experiencia superbonita ver al Papa. "No nos importó el frío, el calor, caminar cientos de kilómetros". Y señaló que los de distintos países, orígenes, asociaciones, se intercambiaban recuerdos, bendiciones, saludos, lo que no suele ocurrir, por ejemplo, entre los simpatizantes de distintos equipos de fútbol.

"El Papa es cercano a la gente", dijeron. Compartían esas expresiones´, en su último día en Río, Mariana, de 20 años, que estudia Admnistración en una filial en Lima de la Universidad de Piura, y Alicia, de 29, que trabaja en Condoray, una escuela de hotelería y servicios promovida por mujeres del Opus Dei en la ciudad de Cañete, a dos horas de Lima.

Más allá, en una cola para tomar el micro especial que lleva al Cristo del Corcovado, había un grupo de jóvenes de Croacia. Vinieron 400 de ese país a la JMJ. Un seminarista polaco, pero que estudia para ser sacerdote en Croacia, Bartek (Bartolome) Paulik, formaba parte del grupo, vestido con clergyman. Nos sorprendió un detalle: conocía y había leído un libro de reciente aparición en su país y en la Argentina, una biografía del beato cardenal Aloísio Stepinac, de vida santa, escrito por Carmen Verlichak, colaboradora del diario La Nación e integrante del Club Gente de Prensa, que vive y trabaja en Buenos Aires, a la vez que mantiene relación con periódicos de Croacia, país de sus padres, al que suele viajar. El libro se llama El cardenal Stepinac, el coraje la fidelidad y acaba de publicarlo en español la editora Krivodol Press (krivodolpress@gmail.com). + (Jorge Rouillon)