Miércoles 29 de mayo de 2024

La Santa Sede recuerda ante la ONU los daños causados por la energía nuclear

  • 31 de agosto, 2023
  • Nueva York (Naciones Unidas) (AICA)
El observador permanente del Vaticano ante las Naciones Unidas reitera la postura del Papa Francisco y de la Santa Sede sobre el desarme y las pruebas nucleares, ante la Asamblea General.
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El arzobispo Gabriele Caccia, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, reiteró el pleno apoyo de la Santa Sede a la entrada en vigor del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, que causan graves daños a las poblaciones de los territorios afectados, durante la reunión plenaria de alto nivel de la Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), realizada para conmemorar el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares (IDANT).

Durante ese encuentro, celebrado el 29 de agosto, monseñor Caccia dijo en su discurso que la Santa Sede "está también en favor de "reforzar la prohibición de los ensayos de explosivos nucleares, contenida en el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares".

El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE) es un tratado internacional, por el cual cada Estado parte se compromete a no llevar a cabo una explosión de prueba de arma nuclear u otra explosión, en cualquier entorno. Ese tratado se firmó en septiembre de 1996, pero aún no entró en vigor; para ello, los 44 Estados enumerados en el anexo 2 del tratado deben ratificar el texto; sin embargo, hasta 2019 solo 36 de ellos lo habían hecho.

El potencial destructivo de las armas nucleares
El observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas recordó la invitación del papa Francisco a la comunidad internacional a extraer lecciones de la situación "de quienes se vieron afectados por los ensayos nucleares". En su mensaje pronunciado en la Conferencia de Viena sobre el impacto humanitario de las armas nucleares, el 7 de diciembre de 2014, el Papa llamó a las víctimas de los ensayos de armas nucleares "voces proféticas", porque presentaron con fuerza al mundo "los riesgos de las armas nucleares, que tienen el potencial de destruirnos y destruir la civilización".

El arzobispo Caccia recordó la primera prueba nuclear, realizada hace 78 años en Nuevo México, que desató una carrera armamentista y pruebas de dispositivos nucleares a lo largo de la segunda mitad del último siglo. Evocó, además, las graves consecuencias de estas pruebas, "en particular el desplazamiento de poblaciones, los problemas de salud que afectan a varias generaciones, el envenenamiento del agua y de los alimentos, y la ruptura de los vínculos espirituales entre los pueblos y la Tierra, nuestra casa común".

Los que más sufrieron son los pueblos indígenas, las mujeres y los niños que recibieron poca ayuda, mientras que los Estados involucrados, advirtió, "tienen la obligación moral y jurídica de restaurar vidas, comunidades y ecosistemas dañados por estas pruebas".

Prohibir armas y pruebas
Por eso, el representante de la Santa Sede advirtió: “Desafortunadamente, las perspectivas de reanudación de los experimentos con explosivos nucleares siguen siendo reales”, y agregó que es necesaria una respuesta ante este riesgo.

Monseñor Caccia, además de reiterar la posición de la Santa Sede en favor de la entrada en vigor del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, pidió reforzar la prohibición de los ensayos de explosivos nucleares contenidos en las armas nucleares (TIAN), orientado este último hacia la objetivo fundamental de un "mundo libre de armas nucleares". 

Citando nuevamente el pensamiento del Papa Francisco, monseñor Caccia concluyó afirmando que “la prohibición universal de los ensayos con explosivos nucleares y la restauración de vidas y entornos dañados por esos ensayos ofrecen un camino a seguir, para construir un “clima de confianza y diálogo sincero”, en lugar de la realización de los ensayos citados.+