Lunes 15 de agosto de 2022

La Pastoral Social chaqueña exhorta a reconstruir los vínculos

  • 25 de julio, 2022
  • Resistencia (Chaco) (AICA)
Los participantes llaman al diálogo y se comprometen a afrontar los nuevos desafíos de la evangelización en un contexto marcado por las demandas sociales y una pobreza que golpea a los chaqueños.
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La secretaría arquidiocesana de Pastoral Social de Resistencia difundió las conclusiones alcanzadas tras la jornada diocesana realizada el 25 de junio en la parroquia San Roque, de la capital chaqueña, con el lema “Escuchamos a la sociedad y juntos edificamos el porvenir, animados por la Palabra”.

Participaron delegados parroquiales de San Antonio de Padua, San Cayetano, Centro Espiritual, Santísima Trinidad, Nuestra Señora de la Asunción, San Fernando y Santo Cura Brochero, Cura Brochero, San Roque, Inmaculada Concepción, Cruz de los Milagros, San Carlos Borromeo y Santa Ana. También estuvo presente el arzobispo de Resistencia, monseñor Ramón Alfredo Dus.

Los asistentes difundieron las conclusiones y propuestas que surgieron de la jornada, “fruto del diálogo que nos acerca y de la Palabra y los documentos sociales que iluminan el camino, para construir y renovar la vida personal y social, tan golpeada por la crisis actual; en orden a esperar un mejor porvenir”.

El texto destaca dos momentos: “Escuchar a la sociedad” y “Una comunidad que escucha, reflexiona, cuestiona y propone”, y una propuesta-conclusión, animada por la misión profética.

“Inspirados en el camino sinodal que hoy se promueve, sostenemos la necesidad de convertirnos en una Iglesia que luche cada día cultivando la amabilidad social, optando siempre por los caminos que conduzcan a palabras de aliento, que reconforten, esclarezcan, consuelen y estimulen, en lugar de las que entristezcan, irriten y desprecien”, subrayan sobre la base de la encíclica Fratelli Tutti, del papa Francisco.

“No se trata de negar o escapar de los conflictos, sino por el contrario, asumirlos y superarlos para la construcción de una sociedad mejor, a través del diálogo y el acuerdo transparente, sincero y paciente”, explican.

Asimismo, alientan a “transitar un proceso de profunda conversión (personal y comunitaria), que transforme desde el corazón a cada cristiano y lo impulse a vivir su compromiso con una impronta profundamente social, siguiendo el camino de Jesús que nos enseñó con su vida, su mensaje y su misión”.

“Recordemos sus palabras cuando fue a la sinagoga de Nazaret y expresó su misión: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor’”, fundamentan sobre la base de la lectura de San Lucas.

“Esto exige una renovación de las estrategias, los métodos y las prácticas en nuestras comunidades, y un estilo y perfil del cristiano que esté a la altura para responder a los nuevos desafíos de la evangelización, hoy muy marcados por las demandas sociales; sobre todo en nuestra arquidiócesis, tan golpeada por la pobreza con índices sociales muy preocupantes. Dios nos alienta a ir sin miedo con el anuncio profético y solidario, en el estudio, en el deporte, en el trabajo, en la política. ¡Y que lo hagamos con valentía, convicción y entusiasmo!”, según la exhortación postsinodal Christus vivit. 

Por último, los agentes de Pastoral Social sostienen que “confortados por la presencia de Dios y llenos de esperanza de que Él estará con nosotros en cada etapa de este camino, elevamos nuestras oraciones para que bendiga la misión que nos toca a cada uno”.

“¡Qué Dios nos conceda la gracia de ser renovados desde el corazón, para aportar al cambio que se necesita en nuestra sociedad, por medio del diálogo social y el anuncio profético de la Buena Noticia!”, concluyó.

Texto de las conclusiones y propuestas
Introducción

Con alegría y esperanza, desde la Secretaría Arquidiocesana de Pastoral Social, compartimos las preocupaciones y los anhelos que se expresaron en la jornada diocesana del 25 de junio, bajo el lema: Escuchamos a la sociedad y juntos edificamos el porvenir, animados por la Palabra. Dicha reunión, se llevó a cabo en la Parroquia San Roque de la ciudad de Resistencia. 

Agradecemos la participación de las siguientes comunidades parroquiales: San Antonio de Padua, San Cayetano, Centro Espiritual, Santísima Trinidad, Nuestra Señora de la Asunción, San Fernando y Santo Cura Brochero, Cura Brochero, San Roque, Inmaculada Concepción, Cruz de los Milagros, San Carlos Borromeo y Santa Ana. También saludamos a los que no pudieron participar, pero están trabajando en lo social e hicieron llegar sus mejores deseos para este encuentro. 

Destacamos la presencia de nuestro arzobispo mons. Ramón Dus, quien nos invitó a reflexionar a la luz de la Palabra, inspirando la jornada con la lectura de Éxodo 3, 1- 12; destacando el pasaje siguiente: “El Señor dijo a Moisés: ‘Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos (…). Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas (…). Yo estaré contigo, les dijo a Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña’”. Esto nos puso en sintonía para escuchar las demandas actuales de la sociedad. 

Animados pastoralmente en el servicio por los valores del Evangelio, nos alegramos de haber podido compartir nuestro primer encuentro arquidiocesano del año. Ponemos en las manos de ustedes las conclusiones y propuestas que surgieron del mismo, fruto del diálogo que nos acerca y, de la Palabra y los documentos sociales que iluminan el camino, para construir y renovar la vida personal y social, tan golpeada por la crisis actual; en orden a esperar un mejor porvenir.

Primer momento: escuchar a la sociedad
Observando la realidad social, el encuentro generó la interacción entre las distintas comunidades a través de un diálogo sincero y profundo, tomando como base las experiencias personales y comunitarias, reveladoras de situaciones difíciles que necesitan respuestas inmediatas. ¡Es el clamor de un pueblo que sufre!, que pide liberarse de opresiones, sanar el alma y restaurar la vida. 

Es aquí donde notamos que las comunidades parroquiales, ante la urgencia y magnitud de necesidades y problemáticas que padece nuestro pueblo, escucha con atención y apertura, y sale a su encuentro dispuestas a manifestar su apoyo desde la cercanía concreta, y con manos solidarias ante tal situación. E instando y colaborando para una intervención efectiva de los organismos e instituciones específicas, que desde la función pública deberían dar respuestas superadoras, sin dejar de asistir en las urgencias del momento del presente. 

Sabemos que muchos están esperando una solución a la falta de trabajo, a las problemáticas económicas, a los actos de violencia en todas sus expresiones, a las adicciones que van ganando terreno en la sociedad, entre muchas aflicciones que golpean a los chaqueños. Ante esto, también nosotros queremos seguir el camino de servicio que nos enseñó Jesús, por eso, asumimos con firmeza nuestro compromiso en la ayuda a los demás, en orden a fortalecer aquellas acciones que permitan responder a las urgencias, necesidades y dolor de nuestro pueblo; y también, imaginar un itinerario de salida con aquello que está a nuestro alcance, pensando a largo plazo. 

Conscientes de que somos instrumentos enviados del Señor, nos comprometemos a sumar voluntades con espíritu de servicio en orden a fortalecer acciones que respondan a esas necesidades mencionadas. Los invitamos a ser parte de ésta iglesia orante, caminante, solidaria y misionera, comprometida con el presente por un mejor futuro para nosotros, nuestras familias y la sociedad, en un contexto histórico difícil y lleno de interrogantes, pero guiados por la luz de la esperanza. 

Segundo momento: una comunidad que escucha, reflexiona, cuestiona y propone
En orden a desarrollar la dimensión profética desde el dialogo social y proponiendo la Buena Noticia de la verdad, notamos la necesidad de una mayor interacción de la iglesia con los diversos actores sociales (Estado, organismos no gubernamentales, movimientos sociales y otras iglesias). Nuestra misión es caminar juntos con un dialogo sincero y profundo, sin esconder la verdad que libera de toda opresión, problemática y conflicto. 

En realidad, la sociedad espera un servicio que requiere de ciertos valores y actitudes, como la escucha sincera, el gesto amable, un fuerte compromiso para proponer el mensaje que libera, acompañado del protagonismo activo que siempre realiza el gesto concreto de solidaridad. 

En una sociedad pluralista, el diálogo es el camino para comunicar aquello que debe ser siempre afirmado y respetado. Este, necesita ser enriquecido e iluminado por argumentos racionales, por el pensamiento cristiano, por la variedad de perspectivas, por aportes de diversos saberes y puntos de vista, para llegar a verdades fundamentales que deben ser siempre sostenidas. Aceptar que hay algunos valores permanentes, aunque no siempre sea fácil reconocerlos, otorga solidez y armonía a una sociedad. Estos valores están más allá de todo consenso “de ocasión”; los reconocemos como valores trascendentes a nuestros contextos (cf. Fratelli tutti, 211). 

Sin dejar de resaltar el servicio cotidiano llevado a cabo por las comunidades cristianas, notamos la necesidad de profundizar el papel de la Iglesia como constructora y promotora del diálogo social. Es necesario adoptar una constante actitud de escucha que permita construir espacios de auténtico diálogo, que supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro, aceptándolo de buen modo. De esta manera, nos relacionamos con sinceridad, sin disimular lo que creemos, sin dejar de conversar, sin manipular, para buscar puntos de contacto, y trabajar y luchar juntos, en la construcción de una sociedad más justa (cf. Fratelli tutti, 203). 

El pensamiento social de la Iglesia, de raíces profundamente humanistas, inspirado en la Verdad revelada por Dios, refleja los valores humanos-cristianos con carácter universal y permanente, que contribuyen a la solidez y armonía de la sociedad (cf. Fratelli tutti, 211). Esto promueve un fuerte compromiso cristiano por la promoción de la dignidad humana, la justicia, la verdad, la paz y el encuentro con otros. Para esto, se necesita el protagonismo del cristiano, involucrado con la transformación social, dóciles a la acción del Espíritu y con valentía para mirar la realidad y cuestionarla, proponiendo y colaborando en acciones transformadoras; en unión con todos los que quieran contribuir al bien en la verdad. 

Conclusión: animados por la misión profética
Inspirados en el camino sinodal que hoy se promueve, sostenemos la necesidad de convertirnos en una Iglesia que luche cada día cultivando la amabilidad social, optando siempre por aquellos caminos que conduzcan a palabras de aliento, que reconforten, esclarezcan, consuelen y estimulen, en lugar de aquellas que entristezcan, irriten y desprecien (cf. Fratelli Tutti, 223). 

No se trata de negar o escapar de los conflictos, sino por el contrario, asumirlos y superarlos para la construcción de una sociedad mejor, a través del diálogo y el acuerdo transparente, sincero y paciente. Para ello, debemos transitar un proceso de profunda conversión (personal y comunitaria), que transforme desde el corazón a cada cristiano y lo impulse a vivir su compromiso con una importa profundamente social, siguiendo el camino de Jesús que nos enseñó con su vida, su mensaje y su misión. Recordemos sus palabras cuando fue a la sinagoga de Nazaret y expresó su misión: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4.18-19). 

Esto exige una renovación de las estrategias, los métodos y las prácticas en nuestras comunidades; como así también, un estilo y perfil del cristiano que esté a la altura para responder a los nuevos desafíos de la evangelización, hoy muy marcados por las demandas sociales; sobre todo en nuestra arquidiócesis, tan golpeada por la pobreza con índices sociales muy preocupantes. Dios nos alienta a ir sin miedo con el anuncio profético y solidario, en el estudio, en el deporte, en el trabajo, en la política. ¡Y que lo hagamos con valentía, convicción y entusiasmo! (cf. Christus vivit, 177). 

Ante ello, confortados por la presencia de Dios y llenos de esperanza de que Él estará con nosotros en cada etapa de este camino, elevamos nuestras oraciones para que bendiga la misión que nos toca a cada uno. ¡Qué Dios nos conceda la gracia de ser renovados desde el corazón, para aportar al cambio que se necesita en nuestra sociedad, por medio del diálogo social y el anuncio profético de la Buena Noticia!.+