Martes 18 de mayo de 2021

La Paloma, una parroquia muy querida por los madrileños

  • 27 de enero, 2021
  • Madrid (España) (AICA)
El 20 de enero una terrible explosión sacudió a la parroquia de la Virgen de La Paloma y provocó la muerte de cuatro personas.
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El miércoles 20 de enero la tragedia sacudió en grado sumo a la parroquia madrileña de la Virgen de La Paloma con una terrible explosión que provocó la muerte de cuatro personas, entre ellas un joven sacerdote recién ordenado y un feligrés de 35 años padre de cuatro hijos.

La Paloma es una parroquia muy especial por varios motivos. Es una de las iglesias más castizas de la capital de España y de las más queridas por los madrileños, pues en ella se encuentra el cuadro de la Virgen de la Soledad, conocida como Virgen de La Paloma, considerada como la patrona “popular” de Madrid.

Pero también lo es por lo que representa en la historia y el carisma del Camino Neocatecumenal, tanto en España como en muchos países del mundo, donde misioneros salidos de esta parroquia del centro de Madrid han llevado el Evangelio acercando a decenas de miles de personas a Dios.

Esta es una parroquia netamente evangelizadora, tanto en el barrio como allá donde sea necesario anunciar a Cristo. Las decenas de sacerdotes, misioneros laicos y familias en misión que tiene repartida La Paloma por todo el mundo así lo atestiguan.

La casa parroquial de La Paloma quedó totalmente devastada, por lo que ahora es La Paloma y sus feligreses los que necesitan de la oración, que la gracia que ellos llevaron regrese de vuelta en un momento tan duro. Personas jóvenes de esta parroquia murieron, y el edificio donde miles de personas descubrieron la fe o en el que han hallado la caridad de la Iglesia, es ahora un amasijo de escombros. Por ello, la comunión de los santos, algo tan bello y único que se da en el cristianismo, es en este momento más necesaria que nunca.

Un símbolo en el Camino Neocatecumenal
A su carácter castizo se unió la vertiente misionera y evangelizadora cuando lo que entonces era todavía el germen de lo que sería el Camino Neocatecumenal empezaba a tomar forma. De las villas miserias de Vallecas, Kiko Argüello y Carmen Hernández empezaron a llevar esta experiencia kerigmática a las parroquias.

La Paloma fue una de las pioneras, y en 1970 unos jovencísimos Kiko y Carmen realizaban el anuncio del Evangelio que prendió como una mecha. Se formó una primera comunidad desde la que se catequizaron parroquias de Madrid, distintas zonas de España y de otros países.

De esta primera comunidad doce jóvenes acabarían convirtiéndose en sacerdotes. Uno de ellos fue rector del Seminario Redemptoris Mater de Madrid, otro del de Takamatsu (Japón), y a esta comunidad pertenece también José Luis del Palacio, que tras 40 años como misionero itinerante en Perú fue nombrado obispo del Callao, también en Perú, donde ahora es ya emérito.

Kiko Argüello y Carmen Hernández, iniciadores del Camino
Unos jóvenes Kiko Argüello y Carmen Hernández catequizaron en La Paloma en 1970 surgiendo la primera comunidad neocatecumenal de la parroquia. De esta misma comunidad surgieron otros 10 misioneros laicos itinerantes que anunciaron el Evangelio en diversas diócesis españolas y en cinco países de América y de Asia.

El germen fue creciendo y actualmente en la parroquia de La Paloma hay 18 comunidades neocatecumenales, formada cada una de ellas por entre 30 y 70 hermanos. Cerca de mil miembros de esta realidad eclesial con cientos de hijos, otro fruto más, conviven en esta parroquia reuniéndose cada semana en el edificio que ahora quedó devastado. David, el joven fallecido de 35 años, era precisamente una de las muchas familias numerosas que viven su fe en ella.

Fruto también de estas comunidades son el torrente de vocaciones que atesora. Se destacan entre ellas las decenas de familias en misión repartidas por cuatro continentes, catequistas misioneros itinerantes que evangelizan en varios países y las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada.

La reciente vocación de Rubén, una de las víctimas
La última de ellas precisamente fue el padre Rubén Pérez Ayala, hijo de esta parroquia, y desde que se ordenó el pasado mes de junio vicario parroquial en ella. Falleció debido a las graves heridas que sufrió por la explosión. A sus 35 años cumplió ya su misión, tanto en la vida laical como en el sacerdocio, pese a los pocos meses que pudo disfrutar del ministerio.

Antes de su ordenación hablaba, entre otras cosas, de la cruz. “Cuando la miro veo que es Cristo el que se dejó matar por amor a mí. Aunque no siempre es fácil mirar a la cruz. En los últimos tiempos me encontré con dificultades, con gente cercana que está sufriendo mucho, y a los que la cruz se les hace muy patente”. Pero “si te das cuenta de que Cristo está contigo en ese sufrimiento y en esa cruz empiezas a vivirlo como el lugar de encuentro con el amor de Dios”.

En su primera homilía como sacerdote, precisamente en la iglesia de La Paloma, hacía una exhortación que cobra más valor aún hoy. Nos decía: “Os invito a mirar al Señor, a confiar en Él, a no dudar de su amor, a que cuando vengan las dificultades, cuando vengan las dudas gritemos: ¡Señor, si tú estás aquí, si has estado siempre, si no me has abandonado, manifiéstate, ayúdame, sácame de la angustia! Porque así experimentarás que Dios es tu tranquilidad”.

Y añadía: "Si pienso en el futuro, pienso ¿qué será? No lo sé. A veces me da miedo. Pero pienso: el Señor se hace presente y eso me tranquiliza para seguir adelante".

Rubén no murió solo. Sus padres y sus hermanos pudieron acompañarlo en el Hospital de La Paz. Su hermano Pablo, sacerdote igualmente y también otra de las recientes vocaciones de esta parroquia, pudo impartirle la extremaunción y darle la indulgencia plenaria.

Hace tan sólo unos meses el padre Rubén, entonces diácono, junto con el resto de los sacerdotes de la parroquia, animaba a este céntrico barrio madrileño durante el confinamiento domiciliario por la pandemia del coronavirus. Desde los balcones, ya inexistentes, del edificio parroquial y comandados por su párroco, Gabriel Benedicto, ahora también vicario de la Vicaría VI, hacían conciertos para los vecinos, tocaban sus guitarras y con un potente altavoz exhortaban a los vecinos a no tener miedo.

Estas actuaciones diarias ayudaron a atraer a muchos vecinos a la parroquia y acercarse a una Iglesia Católica que les podía parecer distante. De hecho, Rubén, Gabriel, Alejandro y el resto de los sacerdotes atrajeron la atención de los medios de comunicación nacionales e internacionales.

Fueron un bálsamo en medio del sufrimiento. Según contaba el párroco a Catholic News, al principio atendían a la gente desde la distancia hasta que comenzaron los conocidos aplausos sanitarios a las 20 horas. Y estos sacerdotes decidieron que también ahí podían hacer algo para ayudar, y comenzaron a interpretar canciones populares y religiosas con sus altavoces.

Pero no sólo se quedaban ahí, sino que en ese tiempo vieron que la gente necesitaba una Palabra, que necesitaba a Dios en medio del sufrimiento de la pandemia. Y comenzaron a retransmitir a través de Youtube las catequesis, el rezo del Rosario y las misas diarias que se convirtieron en auténticos fenómenos pues cada una de ellas conseguía miles de reproducciones. La Vigilia Pascual, por ejemplo, superó las 25.000 visualizaciones.

Ahora es la parroquia de La Paloma la que necesita de la oración de los cristianos. Esta comunidad en salida que estuvo en primera línea de combate durante décadas recibió un duro golpe, aunque con la esperanza puesta en Cristo Resucitado y mirando constantemente hacia el cielo resurgirá de sus cenizas. Porque la Iglesia y la parroquia no se hace con ladrillos, sino con los hijos de Dios, y de estos La Paloma está sobrada. +