Jueves 2 de diciembre de 2021

Jóvenes de la JMJ en el Cristo Redentor del cerro Corcovado

  • 22 de julio, 2013
  • Especial de AICA - Río de Janeiro, Brasil
En los días previos a la visita del Papa, el Cristo Redentor es uno de los lugares emblemáticos de Río adonde acuden jóvenes de muchos países llegados para participar aquí de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Un ambiente de alegría, fácil comunicación, oración y cantos impera en la cumbre del Corcovado, donde el sol pega fuerte pero una brisa fresca hace agradable la estada. No faltan tampoco familias con hijos pequeños. Todos cantan: "Aquí está, la juventud del Papa". Hay entusiasmo, alegría, todos parecen conocerse aunque muchos nunca se hubieran cruzado antes en la vida.
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"Lo lindo de esto es ver a tanta gente siguiendo a Dios, que hace este movimiento por Dios, y aquí hace amistades nuevas, conoce a gente de otros lugares". Así se expresa Dardo, un muchacho porteño de 22 años, mientras se saca fotos con amigos al pie del Cristo Redentor, en el cerro Corcovado, de más de 700 metros sobre el nivel del mar, ese mar que está allí nomás, a la vista, con sus famosas playas (Copacabana, Ipanema, Leblon...), sus entradas, sus islas, la enorme bahía de Guanabara y su puerto acogedor. Desde ese privilegiado mirador se pueden apreciar y distinguir de un vistazo las distintas zonas de Río de Janeiro, desde los estacionamientos de yates en Botafogo hasta la populosa favela Roshina, que apunta detrás de un morro.

El Cristo Redentor es uno de los lugares emblemáticos de Río adonde acuden jóvenes de muchos países llegados para participar aquí de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Dardo estudia para piloto de barcos en la Escuela de Náutica. Es de Villa Urquiza pero vino a Río con jóvenes de La Nave, agrupación juvenil de la diócesis de Avellaneda-Lanús. Está con otros amigos: Nacho, de 21 años, que estudia con él, y Francisco, de 25, que sigue estudios para ser martillero en la Cámara Inmobiliaria, en Buenos Aires. Los tres se sacan fotos con unos jóvenes chilenos.

Cerca de allí, se fotografían muchos muchachos y chicas de México, exhibiendo con orgullo banderas de su país. Y vivan a la Virgen de Guadalupe, la Guadalupana. Ochenta jóvenes vinieron de Guanajato, México. Entre ellos, Rocío, de 17, una chica que estudia Ciencias Políticas en la Universidad Católica de México. Uno de los chicos lleva en su remera blanca esta inscripción "Id y haced apóstoles entre todas las naciones". Dicen que son de la parroquia "San Pancho" (sic), lo que empalma con el nombre elegido por el papa argentino, Francisco.

Un ambiente de alegría, fácil comunicación, oración y cantos impera en la cumbre del Corcovado, donde el sol pega fuerte pero una brisa fresca hace agradable la estada. No faltan tampoco familias con hijos pequeños.

Abajo del Cristo, en su base, hay una pequeña capilla, abarrotada. No son muchos los que pueden entrar allí. Algunos escuchan desde afuera. Celebran misa dos sacerdotes mexicanos, hermanos entre ellos, de los Legionarios de Cristo. Son Enrique y Aurelio Dávila, de 40 y de 37 años respectivamente. Aurelio lleva ya diez años en Brasil, cerca de la ciudad de San Pablo; su hermano vino de México especialmente para la Jornada. Concluida la misa ambos pasan por varios lados rociando de agua bendita a los presentes alrededor del monumento.

Luego, en una de las salientes del monumento, cantan, acompañados por guitarras, jóvenes del nordeste de Brasil. Andrés Trigueiro, conocido periodista de la red televisiva Globo, se acerca con sus cámaras. Entrevista a quienes escuchan a los animados jóvenes nordestinos.

Todos cantan: "Aquí está, la juventud del Papa". Hay entusiasmo, alegría, todos parecen conocerse aunque muchos nunca se hubieran cruzado antes en la vida. También suena la canción Jesucristo, que Roberto Carlos difundió e introdujo en el imaginario popular cuando muchos de estos jóvenes no habían nacido aún. Otros cantan a una sola voz, con vigor, uniendo acentos varios en un canto común: "Cristo nos envía, sean misioneros";
Adalyd, una chica de 22 años, estudiante de Psicología, cuenta que vino con jóvenes de los grupos misioneros claretianos desde Guatemala. "Vinimos más de mil", comenta. Se alojan en la basílica del Inmaculado Corazón de María, de los padres claretianos, en Río.

En un restaurante abajo del Cristo hay una curiosa inscripción en la entrada. Dice que se prohibe entrar "sin camisa". La advertencia no le cabe a este corresponsal, que lleva remera y campera de verano (apenas tolerable gracias al vientito que corre en la cumbre y menos entendible abajo en la ciudad, donde hace más calor y hay gente en las playas). Entre los jóvenes y no tan jóvenes que visitan el Cristo del Corcovado se ven remeras, camisas livianas, soleras, bermudas, pantalones con agujeros, blusas sin mangas, casacas con inscripciones en la espalda, gorritos. Y junto a quienes visten esa indumentaria variopinta comparten el lugar dos jóvenes seminaristas franciscanos, que llevan el tradicional hábito marrón de su orden, el cíngulo blanco sobre su cintura, sandalias. Son frei (fray) Claudio, de 25 años, nacido en Río, y frei Leonidas, de la misma edad, nacido cerca de Fortaleza. El hábito no los aleja de sus congéneres, más bien genera muestras de simpatía.

Otros jóvenes dicen que vinieron con 130 compañeros del movimiento Schoenstatt, desde Chile. Juan Pablo, de 15 años, estudia el colegio secundario en Santiago de Chile. Diego, de 22 , de Concepción, estudia Derecho. Le encanta encontrarse aquí con muchachos "de nuestra misma edad, con la misma perspectiva de vida".+ (Jorge Rouillon, enviado especial de AICA)