Viernes 3 de febrero de 2023

La Familia Grande de los Hogares de Cristo leyó una declaración ante la tumba del beato Angelelli

  • 28 de noviembre, 2022
  • La Rioja (AICA)
El portavoz fue el presbítero José María Di Paola en La Rioja, y se pidió por el derecho humano de los jóvenes a vivir sin drogas.
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En el marco de la peregrinación de la Familia Grande de los Hogares de Cristo, la imagen de la Virgen de Luján fue llevada a distintos lugares de la diócesis de La Rioja, entre ellos a la tumba del beato mártir Enrique Angelelli, con la consigna #NiUnPibeMenosPorLaDroga.

Allí, el presbítero José María Di Paola, referente de los curas villeros que hace 15 años trabajan en la problemática de las adicciones a través de los Hogares de Cristo, leyó la Declaración titulada “Un derecho humano a vivir en un país libre de drogas”.

"No creamos que no se puede salir de la droga: con la presencia de la comunidad es posible, evitemos que se rompa el tejido social. La droga siempre mata, no es bueno legalizarla. Muchas veces fuimos a visitar a María a Luján, ahora Ella sale a visitar a sus hijos", expresó el sacerdote.

Texto de la declaración
Desde aquí, lugar del descanso eterno del querido monseñor Enrique Angelelli, como Familia Grande Hogar de Cristo rescatamos su lucha por los derechos humanos que él llevó adelante durante toda su vida, que fue un ejemplo de compromiso y pasión que buscaba revertir las situaciones de profunda injusticia social que sufrían amplios sectores de la población.

El Concilio Vaticano II significó la mayor reunión de obispos en la historia de la Iglesia. En ese marco, el 16 de noviembre de 1965, cerca de 40 pastores celebraron una eucaristía en las catacumbas de Santa Domitila en Roma; allí pidieron “ser fieles al espíritu de Jesús” y, al terminar la celebración, firmaron lo que llamaron “el pacto de las catacumbas”.

El “pacto” fue una invitación a llevar una vida de pobreza y a ser una Iglesia “servidora y pobre”. Los firmantes se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder, y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral. Entre los firmantes, estaba Monseñor Angelelli.

El 27 de abril de 2019, por disposición del Papa Francisco, fueron beatificados Monseñor Angelelli, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longeville, y el campesino militante católico Wenceslao Pedernera, colaboradores del obispo y asesinados, según sostiene la Iglesia, por su adhesión a la fe cristiana. Todos ellos desarrollaron su acción pastoral atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales.

Los años de la Argentina en los que a ellos les tocó vivir fueron oscuros y peligrosos. Nuestro tiempo nos desafía con otros peligros, otros dolores, otras oscuridades: la droga que mata a nuestros pibes y pibas. Movilizados en esta Peregrinación, nuestra marcha es un gesto en defensa de los derechos humanos de nuestros niños y jóvenes a vivir en una Argentina libre de drogas.

Todos tenemos derecho a vivir en un país que se comprometa en todas sus dimensiones a trabajar contra el consumo de drogas: los niños, los jóvenes, los más postergados, los más vulnerables. Despertar conciencias a nuestro paso es nuestra misión, para que toda la sociedad comprenda que esta misión nos incumbe a todos.

Un 4 de agosto de 2006, el Papa Francisco, cuando era cardenal Bergoglio, vino a La Rioja y celebró una misa en esta misma catedral, ,y recordó a quien conoció —y valoró—, al “Pelado” Angelelli de quien dijo era “un enamorado de su pueblo que lo acompañaba en el camino, y lo acompañaba hasta las periferias, las periferias geográficas y las existenciales. Recordemos el cariño con que acariciaba a los ancianos, con que buscaba a los pobres y a los enfermos, con el que clamaba por la justicia, él estaba convencido de que el hombre hecho de barro escondía adentro un proyecto de la Trinidad, un proyecto de Dios: ‘mezcla de tierra y de cielo, proyecto humano divino, en cada hombre se hace rostro y su historia se hace pueblo’”.

Nosotros como Familia Grande amamos a nuestro pueblo, hacemos de las periferias espacios de abrigo, caminamos junto a los pobres, los ancianos y los enfermos, y creemos en que cada ser humano tiene la chispa de Dios en su corazón. Por eso decimos con fuerza que todos los argentinos están llamados a vivir con dignidad en nuestra Patria, libres de la esclavitud de las drogas y recuperamos del mensaje del obispo mártir que aquí descansa la urgencia por hacer valer los derechos humanos de nuestro pueblo argentino en este bendito suelo.

Todos estamos llamados: Estado y comunidades organizadas, con la “3 C” como tridente de vida (Capilla-Club-Colegio), trabajando tanto en prevención como en recuperación.

Frente al testimonio amoroso y comprometido hasta dar la vida de monseñor Angelelli, invocamos su protección y ayuda para asumir los desafíos de nuestro tiempo y nuestra realidad, elevando a lo más alto el derecho a vivir en un país libre de drogas.+