Jueves 9 de julio de 2020

Francisco a los más golpeados por la pandemia: "Han sido los pilares de la sociedad"

  • 20 de junio, 2020
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El Papa dirigió un discurso de gratitud y afecto al presidente de la Lombardía, a los obispos, sacerdotes y al personal sanitario de esta región, la más golpeada de Italia a causa del coronavirus.

El papa Francisco recibió hoy, sábado 20 de junio, al personal médico de Lombardía y otras regiones de Italia afectadas por el coronavirus. Los médicos, enfermeras, operadores han sido los “pilares” de la sociedad, para “fomentar la fraternidad y la convivencia civil”. 

“Debemos construir el mañana tras la pandemia”, animó el pontífice. Por esta razón, “ahora es el momento de atesorar toda esta energía positiva” testificada por médicos, enfermeras, voluntarios y sacerdotes, quienes testificaron “un amor generoso y libre” incluso a costa de la vida.

En su discurso de gratitud y afecto al presidente de la Lombardía, a los obispos, sacerdotes y al personal sanitario de esta región, la más golpeada de Italia a causa del coronavirus, teniendo también presente en su corazón a otras regiones gravemente afectadas por la pandemia, Francisco agradeció a todos por el trabajo desempeñado comunitariamente durante la crisis sanitaria, recordó a los difuntos y puso en guardia sobre la necesidad de no volver a centrar la vida en el propio individualismo humano, una vez que todo haya pasado.

“Durante estos meses problemáticos, las diversas realidades de la sociedad italiana se han esforzado por hacer frente a la emergencia sanitaria con generosidad y compromiso”, dijo el Santo Padre dedicando un pensamiento especial a las instituciones nacionales y regionales, los municipios; las diócesis, comunidades parroquiales, religiosas y numerosas asociaciones de voluntarios.

El pontífice aseguró que, más que nunca, “hemos sentido la gratitud de los médicos, enfermeras y todos los trabajadores de la salud, que están en primera línea para llevar a cabo un servicio arduo y a veces heroico”, ya que “han sido un signo visible de la humanidad que calienta el corazón”.

En este sentido, Francisco recordó a todas aquellas personas que, por trabajar en la sanidad, se enfermaron e incluso, “algunos murieron desafortunadamente llevando a cabo el ejercicio de su profesión”.

“Los recordamos en la oración y con mucha gratitud”, puntualizó.

En alusión al “esfuerzo titánico” del personal sanitario que ha trabajado sin descanso desde que comenzara la crisis pandémica, el Santo Padre hizo hincapié en que los pacientes contagiados del Covid-19, a menudo sentían que tenían a su lado “ángeles” que les ayudaban a recuperar la salud y, “al mismo tiempo les consolaban, apoyaban y a veces les acompañaban hasta el umbral del encuentro final con el Señor”.

“Estos trabajadores de la salud -dijo Francisco- apoyados por la solicitud de los capellanes de los hospitales, han sido testigos de la cercanía de Dios a los que sufren; han sido artesanos silenciosos de la cultura de la cercanía y la ternura”.

“Aun estando agotados, ustedes han continuado comprometiéndose con el profesionalismo y la abnegación. Y esto genera esperanza. Ustedes han sido uno de los pilares de todo el país. A ustedes aquí presentes y a sus colegas de toda Italia va mi estima y mi sincero agradecimiento, y sé bien que transmito los sentimientos de todos”, añadió el Papa aseverando que ahora “es el momento de atesorar toda esta energía positiva que se ha invertido y que “debe dar frutos para el presente y el futuro de la sociedad lombarda e italiana”.

Asimismo, el Santo Padre hizo hincapié en la importancia de alimentar la fraternidad y la coexistencia cívica entre los pueblos, ya que, de esta manera, podremos salir de esta crisis, espiritual y moralmente más fuertes: “no solos, sino juntos y con la gracia de Dios”.

“Dios nos creó para la comunión, para la fraternidad, y ahora, más que nunca, la pretensión de centrar todo en nosotros mismos, de hacer del individualismo el principio rector de la sociedad ha resultado ser ilusoria”, afirmó.

De igual forma, Francisco puso en guardia sobre el hecho de que “tan pronto como la emergencia haya pasado, es fácil volver a caer en esta ilusión. Es fácil olvidar rápidamente que necesitamos a los demás, alguien que nos cuide, que nos dé valor. Olvidar que todos necesitamos un Padre que nos extienda la mano. Rezarle, invocarle, no es una ilusión; ¡la ilusión es pensar en prescindir de él! La oración es el alma de la esperanza”.

En su discurso, el Papa también agradeció al clero italiano por su trabajo durante estos meses, demostrando valor y amor por el pueblo: “Admiro el espíritu apostólico de tantos sacerdotes, que andaban con el teléfono, llamaban a las puertas, tocaban el timbre en las casas: ‘¿Necesita algo? Le hago las compras...’ Mil cosas. La cercanía, la creatividad sin vergüenza. Estos sacerdotes que se quedaron junto a su pueblo…”. “Han sido signo de la presencia consoladora de Dios”.  “Desafortunadamente, no pocos de ellos han muerto, como también los médicos y el personal paramédico. Y también entre ustedes hay algunos sacerdotes que estuvieron enfermos y gracias a Dios, se curaron”.

Finalmente, el Pontífice señaló que, durante estos meses, si bien la gente no podía participar en las celebraciones litúrgicas, no dejó de sentir la comunidad: “Rezaron individualmente o en familia, incluso a través de los medios de comunicación, unidos espiritualmente y sintiendo que el abrazo del Señor iba más allá de los límites del espacio”.

“Renuevo a cada uno de ustedes y a todos los que representan mi más sincero agradecimiento por lo que han hecho en esta difícil y compleja situación. Que la Virgen María, venerada en sus tierras en numerosos santuarios e iglesias, los acompañe y apoye siempre con su protección maternal”.

“Y no se olviden que, con su trabajo, de todos ustedes: médicos, paramédicos, voluntarios, sacerdotes, religiosos, laicos, que han hecho esto, han comenzado un milagro… ¡Que termine bien este milagro que ustedes han iniciado!”

“Por mi parte, sigo rezando por ustedes y por sus comunidades, y con afecto les imparto una especial Bendición Apostólica”, concluyó Francisco, pidiéndoles que también ellos no se olviden de rezar por él. +