Viernes 30 de julio de 2021

En la Misa Crismal, Mons. Salaberry llamó a renovar el amor por el Señor

  • 29 de marzo, 2021
  • Azul (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de Azul, monseñor Hugo Manuel Salaberry SJ, presidió el jueves 25 de marzo la Misa Crismal en la catedral Nuestra Señora del Rosario.
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Con una Eucaristía presidida por el obispo, monseñor Hugo Manuel Salaberry SJ, la comunidad de Azul celebró la Misa Crismal, con bendición de los óleos y renovación de las promesas sacerdotales.

En su homilía, el obispo destacó que el Señor “camina a nuestro lado para animarnos, alentarnos”.

Refiriéndose a la situación de pandemia vivida durante todo el año pasado, el obispo consideró que “nos lleva a aceptar los designios providenciales como queridos o permitidos por la mano de Dios, y como buenos hijos que queremos ser, los aceptaremos como signo y sello de ese amor incondicional con el que lo seguimos en los comienzos y que a veces se desdibuja por la tierra y las irregularidades del camino”.

“¿Tal vez nos hemos soltado de su mano y nos desorientamos? ¿Tal vez creímos que podíamos hacer muchas cosas solos y ahora nos damos cuenta de que sin su ayuda es imposible hacer algo?”, planteó. 

En ese sentido, llamó a hacer una acción de gracias y como hombres y mujeres de fe, a creer que “nada podrá ocurrirme que Tú no lo hayas previsto, regulado y ordenado desde toda la eternidad”.

Finalmente, llamó a “renovar el amor por Él para decirle: ‘Señor, sabes que te quiero’. Y quiero ‘…proclamar un año de gracia…’”.

Para ello, invitó a rezar el Acto de Abandono en la Providencia, de San José de Pignatelli, que hizo suyo el Hermano, ahora beato, Carlos de Foucauld: “¡Oh, Dios mío!, no sé lo que debe ocurrirme hoy; lo ignoro completamente; pero sé con total certeza que nada podrá ocurrirme que Tú no lo hayas previsto, regulado y ordenado desde toda la eternidad, y esto me basta. Adoro tus designios impenetrables y eternos, y me someto a ellos de todo corazón. Todo lo quiero, todo lo acepto, y uno mi sacrificio al de Jesucristo, mi divino Salvador. En su nombre y por sus méritos infinitos te pido la paciencia en mis penas, y una sumisión perfecta y entera a todo lo que me suceda, según tu beneplácito. Amén”.+

» Texto completo de la homilía