Jueves 16 de septiembre de 2021

El Papa: La Biblia, el lugar donde Dios se cita con el hombre

  • 27 de enero, 2021
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En la audiencia general de hoy, Francisco recordó que la Sagrada Escritura es "el lugar donde Dios se encuentra con todos y no deja las cosas como antes".
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“La Sagrada Escritura es un tesoro inagotable”, recordó el papa Francisco este miércoles 27 de enero, durante la audiencia general, como es habitual en este período en la Biblioteca del Palacio Apostólico, continuando con su catequesis sobre la oración, centrada hoy su reflexión en la oración con la Sagrada Escritura.

Esta es la oración que se puede decir “a partir de un pasaje de la Biblia”. Sus palabras, de hecho, “no fueron escritas para permanecer encarceladas en papiro, pergamino o papel, sino para ser acogidas por una persona que reza, haciéndolas brotar en su corazón”. Porque “la Biblia no está escrita para una humanidad genérica, sino para nosotros, hombres y mujeres de carne y hueso, para mí. Para hombres y mujeres que tengan nombre y apellido”.

“Esta experiencia le pasa a todos los creyentes: un pasaje de la Escritura, ya escuchado muchas veces, un día de repente me habla e ilumina una situación que estoy viviendo. Pero debo estar allí ese día, para la cita con esa Palabra. Cada día pasa Dios y siembra una semilla en el suelo de nuestra vida. No sabemos si hoy encontrará tierra árida, zarzas o buena tierra, que hará crecer ese brote. Depende de nosotros, de nuestra oración, del corazón abierto con el que nos acerquemos a las Escrituras para que se conviertan para nosotros en la Palabra viva de Dios”, dijo Francisco recordando la frase de San Agustín

Se trata, entonces, de “acercarnos a la Biblia sin ulteriores motivos, sin explotarla. El creyente no busca en las Sagradas Escrituras el sustento de su propia visión filosófica y moral, sino porque espera un encuentro; sabe que fueron escritos en el Espíritu Santo, y que por eso en ese mismo Espíritu deben ser acogidos y comprendidos, para que se produzca el encuentro”. 

“Me molesta un poco --añadió-- cuando veo a cristianos recitando versículos de la Biblia como loros. “¿Pero conociste al Señor con ese versículo? No es sólo un problema de memoria, sino de la memoria del corazón, la que te abre al encuentro con el Señor, y esa palabra, ese verso te lleva al encuentro con el Señor “.

La Lectio divina
Francisco luego volvió sobre los pasos de la “lectio divina”. Se trata sobre todo de leer atentamente el pasaje bíblico, diría con 'obediencia' al texto, para entender lo que significa en sí mismo.

Posteriormente entramos en diálogo con la Escritura, para que esas palabras se conviertan en motivo de meditación y oración: permaneciendo siempre apegado al texto, empiezo a cuestionarme sobre lo que 'me dice'. Es un pasaje delicado: no debemos caer en interpretaciones subjetivistas, sino insertarnos en el surco vivo de la Tradición, que nos une a cada uno de nosotros a la Sagrada Escritura.

El último paso de la lectio divina es la contemplación. Aquí las palabras y los pensamientos dan paso al amor, como entre amantes que a veces simplemente se miran en silencio. El texto bíblico permanece, pero como un espejo, como un icono para ser contemplado.

“A través de la oración - dijo - la Palabra de Dios viene a habitar en nosotros y nosotros la habitamos. La Palabra inspira buenos propósitos y apoya la acción; nos da fuerza y serenidad, e incluso cuando nos pone en crisis, nos da paz”. 

“En días 'torcidos' y confusos, le asegura al corazón un núcleo de confianza y amor que lo protege de los ataques del maligno. Así la Palabra de Dios se hace carne, me permito usar esta expresión, en quienes la acogen en la oración. 

En algunos textos antiguos surge la intuición de que los cristianos se identifican tanto con la Palabra que, aunque quemen todas las Biblias del mundo, su 'huella' aún podría salvarse a través de la huella que dejó en la vida de los santos”.

Obediencia y creatividad, de esto está hecha la vida del cristiano y las Sagradas Escrituras, concluye el Papa Francisco, “son un tesoro inagotable. Que el Señor nos conceda sacar cada vez más de ella, mediante la oración”. +