Martes 24 de mayo de 2022

El Papa alienta a la pequeña comunidad cristiana de Marruecos

  • 31 de marzo, 2019
  • Rabat (Marruecos)
"El problema no es ser pocos, sino ser insignificantes, convertirse en una sal que ya no tiene sabor de Evangelio, o en una luz que ya no ilumina", dijo el papa Francisco, este domingo 31 de marzo, a la comunidad cristiana de Marruecos con la que mantuvo un encuentro en la catedral de Rabat.
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"El problema no es ser pocos, sino ser insignificantes, convertirse en una sal que ya no tiene sabor de Evangelio, o en una luz que ya no ilumina", dijo el papa Francisco, este domingo 31 de marzo, a la comunidad cristiana de Marruecos con la que mantuvo un encuentro en la catedral de Rabat.

En el discurso que les dirigió a los sacerdotes, religiosos, consagrados y el Consejo Ecuménico de las Iglesias, presentes en la catedral, el Santo Padre destacó "la comunión que se vive en Marruecos entre cristianos de diversas confesiones, en el camino de la unidad" y señaló a los sacerdotes que su misión "no está determinada principalmente por el número o la cantidad de espacios que se ocupan, sino por la capacidad que se tiene de generar y suscitar transformación, estupor y compasión; por el modo en el que vivamos como discípulos de Jesús".

El pontífice señaló que "los caminos de la misión no pasan por el proselitismo, que lleva siempre a un callejón sin salida, sino por nuestro modo de ser con Jesús y con los demás".

En este sentido, añadió: "Creo que la preocupación surge cuando a nosotros, cristianos, nos abruma pensar que solo podemos ser significativos si somos la masa y si ocupamos todos los espacios" ha dicho Francisco, asegurando que "cristiano" no es el que se adhiere a una doctrina, a un templo o a un grupo étnico, sino que ser cristiano es "un encuentro": "Somos cristianos porque hemos sido amados y encontrados, y no gracias al proselitismo".

Asimismo, el pontífice aseguró que afirmar que la Iglesia debe entablar un diálogo "no depende de una moda" y menos aún "de una estrategia para que aumente el número de sus miembros". La Iglesia debe entablar un diálogo "por fidelidad a su Señor y Maestro que, desde el comienzo, movido por el amor, ha querido dialogar como amigo e invitarnos a participar de su amistad" ha subrayado.

"En el momento que la Iglesia entabla un diálogo con el mundo y se hace coloquio contribuye a la llegada de la fraternidad, que tiene su fuente profunda no en nosotros, sino en la paternidad de Dios", y continuó, "es un diálogo que se convierte en oración"; "una oración que no distingue, no separa, no margina, sino que se hace eco de la vida del prójimo; oración de intercesión que es capaz de decir al Padre: «Venga tu reino»". Y esta oración no se debe hacer "con la violencia, el odio o la supremacía étnica, religiosa, económica", sino "con la fuerza de la compasión derramada en la Cruz por todos los hombres".





En este sentido, el Papa les ha agradecido por la labor que realizan en Marruecos y por encontrar en el diálogo, la colaboración y la amistad "los instrumentos para sembrar futuro y esperanza": "Así desenmascaran y pondrán en evidencia todos los intentos de utilizar las diferencias y la ignorancia para sembrar miedo, odio y conflicto. Porque sabemos que el miedo y el odio, alimentados y manipulados, desestabilizan y dejan nuestras comunidades espiritualmente indefensas".

Francisco reconoció que "los cristianos son un grupo pequeños en este país", y explicó que "para mí esta realidad no es un problema, aun cuando reconozco que a veces la vida pueda resultar difícil para algunos".

El Papa se remitió a la parábola evangélica del grano de levadura para afirmar que la comunidad cristiana de Marruecos "es semejante a un poco de levadura que la madre Iglesia quiere mezclar con una gran cantidad de harina, hasta que toda la masa fermente".

La razón de esa explicación, es que "Jesús no nos ha elegido y enviado para que seamos los más numerosos. Nos ha llamado para una misión. Nos ha puesto en la sociedad como esa pequeña cantidad de levadura: la levadura de las bienaventuranzas y el amor fraterno donde todos como cristianos nos podemos encontrar para que su Reino se haga presente".

"Nuestra misión de bautizados, sacerdotes, consagrados, no está determinada principalmente por el número o la cantidad de espacios que se ocupan, sino por la capacidad que se tiene de generar y suscitar transformación, estupor y compasión; por el modo en el que vivamos como discípulos de Jesús, junto a aquellos con quienes compartimos lo cotidiano, las alegrías, los dolores, los sufrimientos y las esperanzas".

Por ello, dadas las características de la comunidad cristiana en Marruecos, el Papa recomendó diálogo a los miembros de la Iglesia. "Afirmar que la Iglesia debe entablar un diálogo no depende de una moda, menos aún de una estrategia para que aumente el número de sus miembros".

"Si la Iglesia debe entablar un diálogo es por fidelidad a su Señor y Maestro que, desde el comienzo, movido por el amor, ha querido dialogar como amigo e invitarnos a participar de su amistad".

"En estas tierras, el cristiano aprende a ser sacramento vivo del diálogo que Dios quiere entablar con cada hombre y mujer, en cualquier situación que viva. Por tanto, es un diálogo que estamos llamados a realizar a la manera de Jesús, manso y humilde de corazón, con un amor ferviente y desinteresado, sin cálculos y sin límites, respetando la libertad de las personas", explicó Francisco.

En concreto, "como consagrados, estamos llamados a vivir dicho diálogo de salvación como intercesión por el pueblo que nos ha sido confiado".

"Es un diálogo que se convierte en oración y que podemos realizar concretamente todos los días en nombre de la fraternidad humana", señaló el Papa.

"¡Ustedes no solamente tienen una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Pongan los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu los impulse" concluyó el Santo Padre y seguidamente recitó la oración mariana del Ángelus. +.