Jueves 30 de junio de 2022

El diálogo interreligioso, una oportunidad para alcanzar el bien común

  • 10 de junio, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
El director general de Entidades y Cultos porteño, Federico Pugliese, reflexionó sobre la importancia del diálogo interreligioso para la construcción de una sociedad más justa.
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El director general de Entidades y Cultos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Federico Pugliese, compartió una reflexión sobre la importancia del diálogo interreligioso como motor para la construcción de una sociedad más justa y plena.

El funcionario porteño destacó, citando al papa Francisco, lo crucial que es el diálogo entre los credos para la construcción de la amistad social, la convivencia y la paz.

Texto de la reflexión
Nadie puede negar que vivimos en un mundo atravesado por constantes cambios. La complejización de las relaciones globales; el cambio de paradigma en determinados aspectos otrora invariables; el surgimiento de nuevas agendas relacionadas con el medio ambiente, la educación, el mundo de trabajo y las nuevas tecnologías; las profundas problemáticas que surgen de la desigualdad. Creo que podemos decir sin temor a equivocarnos que estamos frente a una verdadera crisis, un tiempo de fragmentación.

Frente a esta situación, podemos correr el riesgo de encerrarnos en nuestras seguridades, ya sea por miedo, por comodidad o por desidia. Pero encerrarnos implica perdernos la riqueza que el otro tiene para ofrecernos. En una sociedad cada vez más pluralista y diversa, el diálogo es el mejor instrumento para encontrarnos y superar esta tentación. Es el motor de la amistad social, el que permite mediar entre los muchas veces irreconciliables conflictos y divergencias. En tiempos de guerra, de violencia, de grandes y complejos problemas que atentan contra la dignidad humana, los valores del diálogo y el encuentro son más necesarios que nunca. 

El diálogo es un recurso que ordena el caos de pensamiento. El Ágora en la antigua Grecia era el espacio de diálogo y discusión, donde se cruzaban las diferentes ideas y se fijaba el destino de las decisiones a tomar. En el último tiempo, la conversación se volvió contestataria y sesgada por las visiones propias de cada uno, pensando al otro como un enemigo. Pero cuando hablamos de diálogo, hablamos de una escucha activa, de corrernos de nuestro pensamiento y dar lugar a otro, porque la pluralidad de voces nos aportan nuevas perspectivas, nuevos enfoques y nuevas oportunidades de crecimiento. 

En su mensaje de esta semana dirigido al Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, el papa Francisco suma un concepto más a la idea de diálogo, que es el de “convivialidad de las diferencias". Se refiere al “deseo de comunión que habita en el corazón de todo ser humano, gracias al cual todos pueden hablar entre sí, intercambiar proyectos y perfilar juntos un futuro". No se trata tan solo de respetar y tolerar al otro, sino de ir un paso más allá y descubrir que incluso en nuestras diferencias vivimos juntos y compartimos un proyecto en común. Cuando hablamos de convivir, hablamos de habitar, de relacionarnos, de socializar y vivir con otros que en su mayoría no son igual a mí, que no viven ni piensan igual que yo. Convivir se trata de entender que no soy solo yo, que hay un otro, lo que implica que tengo que mirar más allá de mí.

El diálogo interreligioso es entonces crucial para la construcción de la amistad social y la convivencia. Son muchos los aportes que estas comunidades vienen realizando, y mucho más lo que tienen para ofrecer. Sin ir más lejos, durante la pandemia el trabajo mancomunado con las comunidades en la Ciudad de Buenos Aires nos llevó a implementar una mesa consultiva de líderes religiosos. Y así, el diálogo se transformó en acción, y muchas instituciones religiosas se convirtieron en vacunatorios, en centros de testeo, de donación de sangre, de acogida a los más vulnerables. 

Las instituciones religiosas tienen un rol fundamental en estos tiempos. Frente a diversos temas que marcan hoy la agenda internacional, como el pacto educativo global, la desigualdad de oportunidades y la crisis del medio ambiente, entre otros, el aporte de estas comunidades es una real contribución al bien común y al fortalecimiento de las estructuras de nuestra sociedad. Cabe preguntarnos si hemos escuchado todo lo que estas comunidades de fe tienen para decir y si hemos impulsado de manera adecuada estos aportes. 

El contexto actual nos convoca y desafía a generar en todos un compromiso verdadero, pasando de las ideas a la acción. Ser promotores del diálogo y el respeto por el otro, generando nuevas y creativas acciones no solo en pos de la convivencia, sino también de la construcción de una sociedad más justa y plena.+