Jueves 13 de mayo de 2021

El Card. Poli deseó a los nuevos sacerdotes y diáconos "un ministerio fiel, fecundo y alegre"

  • 15 de marzo, 2021
  • Buenos Aires (AICA)
La arquidiócesis de Buenos Aires tiene cuatro nuevos sacerdotes y cuatro nuevos diáconos que fueron ordenados en la mañana del sábado 13 de marzo.
Doná a AICA.org

En una celebración eucarística que se desarrolló en la parroquia San Benito Abad, de Belgrano, en la mañana del sábado 13 de marzo cuatro diáconos de Buenos Aires fueron ordenados sacerdotes, y cuatro seminaristas fueron ordenados diáconos.

La misa fue presidida por el cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, y concelebrada por los obispos auxiliares de Buenos Aires, monseñor Joaquín Mariano Sucunza, monseñor Enrique Eguía Seguí, monseñor Juan Carlos Ares, monseñor José María Baliña, monseñor Ernesto Giobando SJ, monseñor Gustavo Oscar Carrara; el presbítero Julio Miranda, rector del Seminario Metropolitano, y varios sacerdotes miembros del clero arquidiócesano.

Recibieron el orden sagrado, en grado de presbiterado: Juan Diego Deverech, Alejandro Sánchez Kulik, Germán Schattenhofer y Walberto Vera Ruiz Díaz. Mientras que Andrés Caminal, Joaquín María Ledesma, Efraín Tomás Ledesma Alonso y Marcos Alejandro Saavedra Echazú, fueron ordenados diáconos.

En su homilía, el cardenal comenzó diciendo que “el ministerio apostólico tiene su origen en el ministerio de Jesús de hacernos participar de su sacercedocio eterno”. Al dirigirse a los jóvenes, les dijo: “El ministerio que Jesús recibió del Padre, el mismo que hoy ustedes reciben por la imposición de nuestras manos, está en íntima relación con el deseo manifiesto de darlo todo por las ovejas, las que pertenecen a Jesús, y Él se las confiará”. 

"El ministerio ordenado -señaló- recorre un bello y verdadero camino entre las luces de las gracias, que siempre nos asisten, y nuestras debilidades que nos hacen pasar malos ratos”. Y se confesó: “Si lo ocultase, no seria honesto con ustedes”. 

Sin embargo, afirmó: “Siempre habrá una puerta de misericordia para que el amor herido busque el bálsamo del perdón. Y así sean 70 veces 7, podrán comprobar, según San Pablo, cómo es posible permanecer unidos a Jesús, a pesar de que nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que éste poder es extraordinario”.

Antes de concluir, se dirigió primero a los diáconos: “Se identificarán con Jesús, diácono del Padre. El Espíritu Santo los fortalecerá para que ayuden al obispo y a su presbiterio, anuncaindo la palabra de Dios, actuando como ministreos del altar, y atendiendo las obras del altar como servidores de todos los hombres”. Y los animó: “Nunca pierdan la esperanza que proviene del Evangelio, al cual deben escuchar y servir”.

Seguidamente, dijo a los neopresbíteros: “En el sacerdocio habrá abundancia de consuelo, y caricias de la Madre Inmaculada, que siempre los cuidará”. “”nuncien a todos los hombres la palabra de Dios que ustedes mismos han recibido con alegría, mediten la ley del Señor. Crean lo que leen, enseñen lo que leen y practiquen lo que enseñan”.

“A todos ustedes, les deseo un ministerio fiel, fecundo y alegre, en la Iglesia de Jesús, y que luego de su caminar puedan escuchar la voz del Señor que les dice: ‘Servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor’”.+