Jueves 2 de febrero de 2023

Doce mártires redentoristas serán beatificados en Madrid

  • 20 de octubre, 2022
  • Madrid (España) (AICA)
En la catedral de Santa María de la Almudena, el sábado 22 de octubre, el prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos presidirá la solemne Eucaristía de beatificación.
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El sábado 22 de octubre por la mañana, en la catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid, tendrá lugar la solemne Eucaristía de beatificación de doce redentoristas martirizados en Madrid en 1936. La ceremonia estará presidida por el delegado apostólico, el prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, cardenal Marcello Semenaro.

Entre otros, concelebrarán el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro; el superior general de los redentoristas, Rogério Gomes C.SS.R; el superior provincial de Madrid, Francisco Javier Caballero C.SS.R y el párroco del Perpetuo Socorro, Damián Cubillo C.SS.R. Además, está prevista la asistencia de una representación de los familiares y de los lugares de origen de los nuevos beatos.

En la parroquia del Perpetuo Socorro, atendida por los religiosos redentoristas, se realizará el viernes 21 de octubre, una vigilia de oración para jóvenes y el domingo 23 -Domingo Mundial de las Misiones-, la misa de acción de gracias presidida por el superior general de los redentoristas.

Beatos mártires
La arquidiócesis de Madrid recuerda que la fase diocesana del proceso de beatificación se abrió en septiembre de 2006 y concluyó en noviembre de 2007. El 24 de abril de 2021, el Santo Padre autorizó la aprobación del decreto de su martirio de unos hombres que murieron por odio a la fe, perdonando con los mismos sentimientos de Cristo y entregando su vida por Él.

Estos doce religiosos misioneros –sacerdotes y consagrados– pertenecían a las dos comunidades que en 1936 tenía la congregación del Santísimo Redentor en la capital de España: el santuario del Perpetuo Socorro en Chamberí y la basílica de San Miguel en La Latina.

Antonio Manuel Quesada, vicepostulador de la causa, define a los futuros beatos como “personas muy normales que vivieron su misión haciendo lo que tenían que hacer: los sacerdotes anunciando el Evangelio y los hermanos colaborando con su oración”. Murieron entre el 20 de julio y el 7 de noviembre de 1936 dejando como legado cuatro mensajes básicos.

En primer lugar, la fidelidad a la fe: “Merece la pena ser cristiano, vivir la fe en autenticidad y vivirla en la vocación que el Señor nos ha regalado”. Después, la generosidad, que pasa también por entregar la vida. No ser, como califica el padre redentorista, “un capitalista de la vida”. En tercer lugar, el perdón, tan “importante” en la actualidad, “en una sociedad tan dividida, tan enemistada”. Y junto al perdón, “hablamos también de reconciliación”. Porque fueron víctimas donde “la gracia de Dios resplandeció más que el asesinato”. “Lo importante en ellos –añade el postulador– es que fueron fieles al Padre”.

Si hay algo que destaca el padre Quesada es “el cuidado que se dispensaron unos a otros en medio de aquellas circunstancias tan trágicas”. Es un signo, para el vicepostulador, de la “importancia de la comunidad para mantener la fidelidad al Señor”. Un cuidado que no solo se dio en la comunidad, sino también por parte de las familias que, en muchos casos, los acogieron aun arriesgando sus propias vidas. “Hay una Iglesia del cuidado dentro de la persecución”.

En esos meses, los redentoristas fueron fieles a su carisma misionero, dando testimonio también a quienes los mataron, hijos alejados de la Iglesia tal y como expresa el padre Quesada. Con la guerra sus vidas se desestabilizaron, “se tuvieron que quitar el hábito, rezar sin el Santísimo, celebrar sin ornamentos” y buscar nuevos caminos para la evangelización, lo que es una llamada para el cristiano de hoy. 

Por eso, para la congregación redentorista es un motivo de inmensa alegría la beatificación de estos hermanos, el poder “compartir nuestra vocación misionera, que es un don para la Iglesia. Somos misioneros por y para la Iglesia”. También es una alegría en estos tiempos de crisis vocacional: “Ellos lo tuvieron peor y el Señor no los abandonó”.+