Jueves 20 de enero de 2022

Desde San Cayetano, un llamado a "cuidarnos como hermanos"

  • 7 de agosto, 2015
  • Buenos Aires (AICA)
Monseñor Juan Carlos Ares, obispo auxiliar de Buenos Aires, presidió una misa en el exterior del santuario de San Cayetano para los peregrinos que se habían concentrado en las primeras horas de la mañana. El prelado llamó a vivir una conversión del corazón y tener una actitud más misericordiosa, y también se refirió a las elecciones primarias: "Terminaron las campañas y no sabemos qué queremos hacer en común, cuál es el proyecto que queremos brindar a los demás". La manifestación de fe en honor del santo de la Providencia lleva por lema "San Cayetano inundá nuestra tierra con la misericordia de Dios".
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Mientras decenas de sacerdotes confesaban, predicaban y bendecían a los peregrinos, en el exterior del templo de San Cayetano, sobre la calle Cuzco, el obispo auxiliar Juan Carlos Ares, vicario episcopal para la Zona Devoto, presidió una misa para los devotos que se habían concentrado en las primeras horas de la mañana.

El prelado centró su predicación en la misericordia, siguiendo la parábola del Hijo Pródigo, y el lema de estas fiestas patronales: "Inundá nuestra tierra con la misericordia de Dios".

A pesar de las fuertes lluvias de la madrugada, la Eucaristía se pudo celebrar bajo una carpa montada en la entrada a la iglesia, y sin mayores inconvenientes.

El celebrante consideró que los hombres, de no tratarse con misericordia, "terminan por destruirse".

Siguiendo el magisterio del Papa en su reciente encíclica Laudato si´, expresó: "Muchas veces destruimos la Tierra sin darnos cuenta. Pero no debemos ser inocentes, porque la tecnocracia y muchos criterios economicistas llevan a servirnos de los demás, y así la Tierra queda solo para algunos".

El obispo auxiliar llamó a vivir con una conciencia del cuidado de todo el cosmos, y particularmente de las relaciones entre los hombres. Sostuvo que la parábola del Hijo Pródigo debe ser un modelo sobre el trato con los hombres. "Padre rico en misericordia, ¡cómo te necesitamos! Necesitamos la misericordia en cada corazón", afirmó.

En otro tramo de su homilía, el prelado habló de la misericordia como una doble actitud: primero, de compasión, que lleva a derramar sobre el otro, como Dios, el amor que habita en el corazón. Y por otro lado, impulsa a realizar obras de misericordia. El prelado pidió emprender "un camino de conversión, de cambio en el corazón".

Monseñor Ares también se refirió a las elecciones primarias, que se celebrarán el domingo 9 de agosto en todo el país. El obispo consideró que "tenemos una obligación grande de cuidarnos como hermanos" y "se lo pedimos a San Cayetano para todo nuestro país".

"Ayer terminaron las campañas, dicen, que en un clima enrarecido: criticándonos los unos a los otros. No sabemos qué queremos hacer en común, cuál es el proyecto que queremos brindar a los demás", deslizó el obispo.

"Ojalá podamos hacer ese camino nosotros. Tal vez se lo pedimos a otros, pero debemos encargarnos nosotros mismos. Como el Hijo Pródigo, que recapacitó al recordar la situación de los empleados de su padre. Tengamos un corazón misericordioso", reiteró el obispo.

Una fiesta de fe y esperanza
Miles de fieles piden pan y trabajo, o agradecen haberlo recibido, en el santuario dedicado al santo de la Providencia en el barrio porteño de Liniers, en una fiesta de fe y esperanza que lleva por lema "San Cayetano inundá nuestra tierra con la misericordia de Dios".

Exactamente a la hora cero, el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Juan Carlos Ares, abrió las puertas del templo en medio del tañido de campanas y fuegos de artificio, y luego bendijo a los peregrinos y presidió la primera misa.

Delia Noris fue la primera en ingresar y recorrer el trayecto desde el pórtico del templo hasta el lugar donde está emplazada la imagen el santo, pero por primera vez en más de 30 años la mujer no pudo hacerlo de rodillas por prescripción médica.

"Que no haya más hambre en el país. No va a faltar el pan para todos, tengo fe", dijo antes de entrar.

La mujer, con sombrero, poncho y cubierta por una bandera argentina, fue seguida por un grupo de personas con discapacidad en sillas de ruedas.

El párroco del santuario porteño, presbítero Alejandro Vignale, destacó que esta es una fiesta "de fe, solidaridad y esperanza" y aseguró que el templo permanecerá abierto hasta que pase el último de los peregrinos.

Desde las 4 y hasta las 11 se celebran misas cada hora, y entre las 13 y las 23, cada dos, desde el altar levantado sobre la calle Cuzco. La misa central, a las 11, será presidida por el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Aurelio Poli.

Al finalizar la celebración eucarística, el purpurado porteño saludará a los peregrinos que hacen dos largas filas: unos para tocar el vidrio que protege la imagen del santo y otros para verlo de lejos.

También habrá bendiciones de objetos y se recibirán alimentos no perecederos y ropa para Cáritas parroquial.+

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