Domingo 24 de octubre de 2021

"Cercanía, aliento y esperanza" de Mons. Colombo en la pandemia

  • 20 de abril, 2020
  • Mendoza (AICA)
El arzobispo de Mendoza envió un mensaje a los fieles
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En la segunda semana de Pascua, domingo de la Misericordia, el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Daniel Colombo, envió un mensaje a la comunidad en el que expresa “cercanía, aliento y esperanza” ante las circunstancias concretas que atravesamos.



“En el Evangelio que hoy escuchamos, la aparición del Señor Resucitado a los apóstoles, aislados y asustados, para darles aliento y esperanza, para iluminarlos en la misión que los esperaba, nos compromete y ayuda a entender desde la fe, esta inesperada y difícil etapa de nuestras vidas”, afirmó el prelado.



“Hoy nos aislamos por obediencia a disposiciones sanitarias que urgen nuestra vivencia personal del mandamiento del amor del Señor. Nos cuidamos, cuidando a los demás. Nos asustan las cifras que llegan de infectados y muertos de todas partes del mundo, las características de la pandemia que arrasa con la vida de tantos pueblos y la perspectiva de que este período de aislamiento social, preventivo y obligatorio se alargue tanto”, reconoció.



Recordando el Evangelio expresó: “Paz a ustedesMonsedñor Colombo , nos dice Jesús y como a Tomás, nos muestra las heridas en sus manos y el lanzazo en su costado, para hacernos notar que ha vencido a la muerte y su nueva vida anticipa nuestra propia resurrección”. En ese sentido, aseguró que “ante el dolor, ante el miedo, ante la incertidumbre, el Señor nos invita a vivir en su paz y a dejarnos abrazar por su misericordia. Nos conforta y nos anima con una mirada más larga que esos temores y perplejidades que hoy nos abruman”.



Monseñor Colombo hizo suya la oportunidad para presentar “Un plan para resucitar”, la meditación del Santo Padre en la que nos invita a vivir este tiempo con responsabilidad. “(…) pudimos en este tiempo, ver a muchos que buscaron aportar la unción de la corresponsabilidad para cuidar y no poner en riesgo la vida de los demás. A diferencia de los que huyeron con la ilusión de salvarse a sí mismos, fuimos testigos de cómo vecinos y familiares se pusieron en marcha con esfuerzo y sacrificio para permanecer en sus casas y así frenar la difusión”, citó.



Ante las reiteradas consultas cobre la comunión y la reconciliación, el arzobispo recordó la Circular N°16, “donde les expliqué el significado profundamente eclesial, sostenido en la más genuina tradición de la Iglesia y confirmado por el magisterio pontificio, de la contrición perfecta y la comunión espiritual. No dejo de pensar en cuánto nos falta para crecer en la comprensión de lo que estamos viviendo y qué importante es la obediencia a las disposiciones no solamente legales sino, sobre todo legítimas, de la autoridad, fundadas en el cuidado del bien común, en este caso de la salud y la vida de todos”, señaló, y citando nuevamente la reflexión del papa Francisco, afirmó: “Cada acción individual no es una acción aislada, para bien o para mal, tiene consecuencias para los demás, porque todo está conectado en nuestra Casa común; y si las autoridades sanitarias ordenan el confinamiento en los hogares, es el pueblo quien lo hace posible, consciente de su corresponsabilidad para frenar la pandemia”.



“Los sacerdotes estamos profundamente conmovidos. En primer lugar, por no poder tener el acceso natural, el encuentro directo con nuestro pueblo. Ninguno de nosotros pudo imaginar esto alguna vez. Pero también, como parte de esta humanidad que sufre, que se enferma, que muere, no podríamos permanecer nunca indiferentes o ajenos”, aseguró.



“La caridad pastoral nos exige, además del máximo respeto a las disposiciones sanitarias, atender con cuidado aquellas situaciones dramáticas que requieren nuestro servicio ministerial. Agradezco a los sacerdotes la respuesta fiel a lo dispuesto en estas circunstancias”.



Monseñor Colombo se dirigió a los que piden con insistencia que “los obispos abran las iglesias”, y les recordó que “estas disposiciones las tomó el Gobierno Nacional en uso de atribuciones constitucionales. La imposibilidad de tener las iglesias abiertas o realizar celebraciones comunitarias busca evitar la propagación del virus. Pero nadie nos prohíbe creer, ni leer la Palabra de Dios, ni rezar, ni ser solidarios, ni unirnos a las iniciativas de caridad propias de la Iglesia ni contribuir al sostenimiento de nuestras parroquias e instituciones”.



“A esos hermanos les pido que dediquen sus energías a ayudar más que nunca a las necesidades de nuestros hermanos más pobres, especialmente a través de Cáritas, pero también de la Pastoral de la Calle, la Pastoral de Migrantes y la Pastoral de la Salud. Concurran con alimentos no perecederos, alcohol en gel, jabón, dentífrico, ropa limpia y arreglada; éstos son nuestra oración de amor, nuestra comunión espiritual traducida en solidaridad y nuestra contrición perfecta por nuestras faltas de sobriedad y de espíritu evangélico en el uso de los bienes”, sostuvo.



“Quiero una vez más destacar la respuesta creativa, generosa, apasionadamente evangélica de pastores y fieles de nuestras parroquias, profundamente unidos en celebraciones e importantes momentos catequísticos en la modalidad virtual que tanto nos ayuda a hacer la experiencia de sostenernos y alentarnos. Desde la Pastoral Juvenil Arquidiocesana se han organizado en este tiempo, pequeñas comunidades virtuales para leer y compartir semanalmente la Palabra de Dios, desde los distintos rincones de nuestra arquidiócesis. Con este sencillo ejemplo, me gustaría hacerles notar cuánta vida está sembrando el Señor entre nosotros, cómo seguimos siendo Iglesia en salida a partir de estas iniciativas evangelizadoras”, detalló.



“Agradezco a nuestros voluntarios de Cáritas y de las pastorales ya mencionadas. Estas semanas han puesto a prueba nuestra presencia significativa en medio del dolor. Nos dice el Papa en su meditación: ‘Vimos la unción derramada por médicos, enfermeros y enfermeras, reponedores de góndolas, limpiadores, cuidadores, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas, abuelos y educadores y tantos otros que se animaron a entregar todo lo que poseían para aportar un poco de cura, de calma y alma a la situación. Y aunque la pregunta seguía siendo la misma: ‘¿Quién nos correrá la piedra del sepulcro?’(Mc 16,3), todos ellos no dejaron de hacer lo que sentían que podían y tenían que dar’”.



“Además de la extendida actividad en la red de Cáritas, en estos días nuestra Pastoral de Migrantes afrontó la preocupante situación de abandono de numerosos trabajadores golondrinas en la terminal de Guaymallén. Provenientes de las provincias y países limítrofes, una vez terminado su trabajo, fueron dejados a su suerte por varios días. La Pastoral de Migrantes asistió con alimentos, ropa limpia, duchas y ayuda en algunos casos para los pasajes de estos hermanos, muchas veces sorprendidos en su buena fe por los abusadores de siempre. Unos diez micros pudieron regresar a sus provincias y países de origen. Todavía quedan algunos trabajadores en fincas por tareas pendientes. Ojalá pronto puedan volver a sus hogares, con el sustento ganado honestamente con su trabajo. Pido a sus empleadores, muchos de ellos cristianos y, quiero pensar, todos argentinos de buena voluntad, que ayuden a sus trabajadores, a asegurarse con anticipación la viabilidad del regreso a sus hogares”, solicitó.



“En este momento, pesado como las piedras del sepulcro del Señor, doloroso y difícil de sobrellevar en soledad, el Papa nos pide pensar en los tiempos que vienen. Porque la pandemia pasará y la vida retomará su curso, aunque en condiciones distintas. Francisco nos hace preguntas que constituyen un verdadero deber de conciencia para el creyente: ‘¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia? La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar… Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad’”, dijo, en palabras del Papa.



“Hoy hace un mes, el Presidente de la Nación comunicaba el comienzo de la cuarentena, cuya fecha precisa de cese aún desconocemos. Podemos imaginar que para retomar la vida ordinaria que llevábamos, todo será lento y paulatino en función de evitar más contagios. De lo que sí estamos seguros es que sólo podremos salir juntos de esta difícil situación. El Papa nos alienta a percibir la necesaria unidad del género humano ante esta prueba de nuestra fragilidad y a potenciar todas las iniciativas que hagan converger a los hombres en la búsqueda de soluciones donde esté contemplado el bien de todos”, destacó.



“Y en este camino de la humanidad, los creyentes más que nadie, debemos ser testigos de la Vida que nos viene de Dios y animar entre nosotros y ante todos los hombres, aquella esperanza que no defrauda porque está puesta en el Señor, que siempre quiere nuestro bien. Así nos decía hoy la Primera Carta de Pedro leída en la misa: ‘Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo que, en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva’. Y continuaba alentándonos el autor sagrado: ‘(…) la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego’”, concluyó, con un abrazo y la bendición en Jesús, “rostro de la misericordia del Padre”.



“Que nuestra Madre bendita del Rosario nos ayude a entender esta hora del género humano y a hacer todo lo que Jesús nos diga”, concluyó.+