Martes 16 de agosto de 2022

Mons. Urbanc presidió la celebración de la Jornada Mundial de Oración por los Enfermos

  • 12 de febrero, 2022
  • San Fernando del Valle de Catamarca (AICA)
En la fiesta de la Virgen de Lourdes, Mons. Urbanc, obispo de Catamarca y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral de la Salud, celebró la Jornada de Enfermos a los pies de la Virgen del Valle.
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“Que la Virgen María ayude a cada enfermo a tomar conciencia del valor redentor de su sufrimiento cuando lo une al sacrificio redentor de Jesucristo”, pidió el obispo de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, el jueves 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, al celebrar en comunión con la Iglesia en la Argentina y en el mundo, la Jornada Mundial de Oración por los Enfermos a los pies de la Virgen del Valle, patrona de la diócesis catamarqueña.

Monseñor Urbanc, presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Argentina, presidió la misa en la catedral basílica y santuario del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora del Valle, que fue concelebrada por el rector y el capellán del santuario, presbíteros Gustavo Flores y Luis Páez, respectivamente.

En esta celebración, como también en las celebraciones de las distintas comunidades parroquiales, se rezó de manera especial por los hermanos que padecen alguna enfermedad, por el personal de salud dedicado a su atención, y por los voluntarios que prestan su servicio en la Pastoral de la Salud.

En el inicio de su homilía, monseñor Urbanc explicó que esta Eucaristía se ofrece “en honor de la Virgen de Lourdes y, a la vez, para rezar por los enfermos, ya que hoy se celebra la 30° Jornada Mundial de Oración por los Enfermos, que también, desde el año pasado, se dispuso que sea el Día del Enfermo en la Argentina, que antes se celebraba en noviembre”.

Monseñor Urbanc pidió “a la Virgen María, Madre de los Enfermos, que ayude a cada enfermo a tomar conciencia del valor redentor de su sufrimiento cuando lo une al Sacrificio Redentor de Jesucristo. Y que cada cristiano se vaya preparando para vivir los momentos de enfermedad, pasajeros o constantes, con esta perspectiva que nos brinda la fe cristiana, en la que no falta la Gracia de Dios para poder asumir el dolor, los límites, la soledad, cualquier incomodidad y la misma muerte con la esperanza puesta en las promesas y certezas que nos da el Señor Jesús, vencedor del pecado y de la muerte”.

Tras considerar que “debemos pasar de una mirada puramente pasiva, como lo describe el vocablo 'paciente', a una mirada proactiva, en la que el creyente enfermo da testimonio de Jesús sufriente”, afirmó que “la situación de enfermedad es una ocasión propicia para vivir y anunciar el Evangelio de la Vida, del Amor y de la Paz”.

Tomando el Evangelio proclamado dijo que “hemos contemplado a Jesús curando a un sordomudo, verdadero paradigma del ser humano de todos los tiempos. Así nos comportamos con Dios, como sordomudos. El que no oye, está severamente impedido para poder hablar”.

En este sentido, invitó a que “pidamos al Señor que abra nuestros oídos y desate nuestra lengua para poder escuchar no sólo a Dios, sino el clamor de tantos sufrientes que están junto a nosotros, y anunciar con gozo y libertad las maravillas del Señor”.

En otro momento de su homilía, el obispo citó parte del mensaje del papa Francisco, que nos exhorta a estar al lado de los que sufren en un camino de caridad’, si queremos tener la certeza de que estamos poniendo en práctica el mandato de Jesús: «Sean misericordiosos como el Padre de ustedes es misericordioso»”.

“Nos dice el Papa -expresó- que es mucho lo que se hace por los enfermos, pero que no debemos bajar los brazos pues queda ‘mucho camino por recorrer para garantizar a todos los enfermos, principalmente en los lugares y en las situaciones de mayor pobreza y exclusión, la atención sanitaria que necesitan, así como el acompañamiento pastoral para que puedan vivir el tiempo de la enfermedad unidos a Cristo crucificado y resucitado’".

“Respecto de la cita elegida, el papa Francisco afirma que ‘la misericordia es el nombre de Dios por excelencia, que manifiesta su naturaleza, no como un sentimiento ocasional, sino como fuerza presente en todo lo que Él realiza. Es fuerza y ternura a la vez. Por eso, podemos afirmar con asombro y gratitud que la misericordia de Dios tiene en sí misma tanto la dimensión de la paternidad como la de la maternidad, porque Él nos cuida con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre, siempre dispuesto a darnos nueva vida en el Espíritu Santo’".

Siguiendo con el mensaje del Sumo Pontífice, afirmó que “el dolor o cualquier sufrimiento nos aísla, nos margina y experimentamos en carne propia la fragilidad y la angustia a causa de la enfermedad. El corazón se nos entristece, el miedo crece y los interrogantes se multiplican. Por eso es imperativo hallar la respuesta justa a la pregunta sobre el sentido del dolor”.

“En estos largos años de pandemia hemos experimentado la soledad de tantos enfermos en sus últimos días en la tierra, atendidos por agentes sanitarios generosos pero lejos de sus seres queridos. Esto nos ha hecho ver ‘la importancia de contar con la presencia de testigos de la caridad de Dios que derramen sobre las heridas de los enfermos el aceite de la consolación y el vino de la esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, misericordia del Padre’".

Hacia el final de su reflexión monseñor Urbanc manifestó: “A los enfermos dirijo mi atención, agradeciéndoles por todo lo que ofrecen a Dios en medio de su dolor, y los animo a que no bajen los brazos, con la certeza de que son verdaderos protagonistas de la implantación del Reino de Dios en el mundo”.

 

“Que nuestra Señora del Valle, San José y el Beato Mamerto Esquiú intercedan por cada uno de ustedes para que puedan llevar su cruz, detrás de la Cruz de Jesús”, concluyó.+