Viernes 17 de septiembre de 2021

A 58 años de su muerte, recordaron a Enrique Shaw, "un gigante evangelizador"

  • 28 de agosto, 2020
  • Buenos Aires (AICA)
En el 58° aniversario del fallecimiento del siervo de Dios Enrique Shaw, el obispo castrense de la Argentina, monseñor Santiago Olivera, celebró una misa en la iglesia Nuestra Señora del Pilar.
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El obispo castrense de la Argentina y delegado episcopal para las Causas de los Santos, monseñor Santiago Olivera , celebró el jueves 27 de agosto una misa en la iglesia Nuestra Señora del Pilar, del barrio porteño de Recoleta, para recordar y homenajear al siervo de Dios Enrique Shaw, en un nuevo aniversario de su fallecimiento.

Al comienzo de la celebración, monseñor Olivera compartió una especial intención: “Pedimos la gracia al siervo de Dios Enrique por el fin de la pandemia, y también para que podamos vivir en el mundo y en nuestra Patria lo mejor que podamos este tiempo de prueba , sacando lo mejor de cada uno y renovando la certeza de la cercanía de Dios, de un Dios que es Padre y no se distrae ”.

“También sumamos el pedido del cese del fuego en nuestra Patria, como en nuestra provincia de Córdoba y demás regiones que están sufriendo la inclemencia de los incendios. Encomendamos también a todas las Mónicas y todas las madres”, agregó.

En su homilía, expresó: “Nos hemos reunido en el nombre del Señor para pedir la pronta beatificación y canonización del Siervo de Dios, con la certeza de pedir algo muy importante para nuestra Iglesia y nuestra Patria como es tener un modelo, un faro, un referente en el hoy permanente de nuestra historia. El siervo de Dios fue miembro de la Armada Argentina, laico empresario, padre de familia, cristiano en serio, católico comprometido”, enumeró.

Al recordar su ministerio como obispo de Cruz del Eje y su trabajo en la causa de canonización del Santo Cura Brochero, expresó: “Cuando fui involucrando en la causa de Brochero descubrí que además de ser un gran pastor, totalmente entregado y por lo tanto un modelo sacerdotal, era también un modelo de ciudadano, un grande, un prócer. Lo mismo experimento cuando profundizo más la vida de nuestro Siervo de Dios Enrique, descubro que es un modelo de laico, esposo y padre de familia, de cristiano comprometido en la vida de la Iglesia y en la sociedad, de ciudadano, un emprendedor con valores claros, empresario, es un gigante evangelizador, un genio, un grande. Y en verdad, no estoy exagerando”, reconoció.

“Conocer más su figura nos hará mucho bien, y será para nuestra Patria un excelente referente, necesario en este tiempo de pandemia que nos pone ante la necesidad de mirar solidariamente al otro con justicia y con verdad. Son tiempos en los cuales la imaginación de la caridad nos exige a todos los cristianos agudizar nuestra mirada y a movilizar más nuestro corazón”, afirmó.

“En estos tiempos que nos toca, sin duda, muchos empresarios cristianos están llamados a ganar menos dinero, pero a ganar más cielo”, recordó. Sabemos que Enrique “vivió su vida terrena, preparando la vida eterna, dejando que Dios actué en él”, afirmó.

“Enrique lo entendió y se preocupó por encarnar la Doctrina Social de la Iglesia en el mundo del trabajo, vivió realmente la comunión en la empresa, y pudo hacer realidad lo que expresó en su momento el Santo Padre, San Pablo VI que 'la Eucaristía nos mueve al amor social'”.

“Enrique tenía muy claro que la Eucaristía ayudaba a los demás. La Eucaristía permeó toda su vida y se plasmó en algunas líneas formativas para los dirigentes de empresa. Vivía y enseñaba que el empresario tenía un deber propio de perfeccionamiento que se realiza en el darle a los demás. Un deber de servicio abierto a las necesidades de los otros a semejanza de Jesús Eucaristía”.

“Muchos compartimos, sin duda, lo providencial de esta causa en nuestro tiempo. Enrique tiene la vigencia de los santos para iluminar con su palabra y sin lugar a dudas con su ejemplo el sentido social de la empresa, ella es todo un equipo que debe servir al progreso de todo el hombre y de todos los hombres. Todos son hermanos y en la responsabilidad de cada uno no hay que olvidar la vida del otro porque todos somos don para los demás”, dijo monseñor Olivera.

“Muchos conocemos, gracias a Dios, que el siervo de Dios como empresario se ocupaba y preocupaba de los obreros; en realidad él lo vivía como cercanía expresando cariño y empatía, 'de sus obreros y de sus familias'. Enrique se solidarizaba con sus hermanos empleados. Dicha solidaridad parte de la certeza de un destino común y del trabajo mancomunado para que la vida sea 'más humana' para todos. Su vida es palabra para los empresarios de hoy. Dios quiera que cada vez lo escuchemos y conozcamos más”.+