Jueves 19 de mayo de 2022

A 10 años de la muerte de un santo sacerdote: P. Iván Likozar CM

  • 24 de abril, 2020
  • Buenos Aires (AICA)
Recordarán al padre Likozar con una misa que presidirá el P. Juan Carlos Gatti CM en la capilla de la sede provincial de los padres Misioneros Vicentinos
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El 28 de abril se cumplirán 10 años de la muerte del P. Iván CM, el “hombre de la permanente sonrisa”, un ejemplar y querido sacerdote vicentino. Sus restos descansan en el panteón de los Padres Vicentinos en el cementerio de Luján. Ese día se lo recordará con una misa que presidirá el P. Juan Carlos Gatti CM en la capilla de la sede provincial de los padres Misioneros Vicentinos, calle Cochabamba 1467, en el barrio porteño de Constitución.



Padre Iván Likozar CM

Nacido en Eslovenia el 8 de enero de 1926, Iván Likozar fue el hijo mayor de diez hermanos. Cuando estalló la II Guerra Mundial Iván cursaba sus estudios primarios.



En 1941, tras una breve ofensiva, el ejército alemán ocupó Yugoeslavia (república de la que formaba parte Eslovenia) por lo que las escuelas permanecieron cerradas por el resto del año. Al año siguiente abrieron nuevamente sus puertas pero las clases comenzaron a ser dictadas en alemán, rigiendo ya una nueva mentalidad.



En 1943, con 17 años de edad, fue movilizado por el ejército alemán para iniciar operaciones en la ocupación del sur de Francia. Iván actuó en la invasión hasta que luego de largo tiempo y habiendo sido rechazados los alemanes, la tropa que integraba fue transferida a Italia. También luchó y actuó en Italia, concretamente en las retiradas de Pisa y el 26 de abril de 1945 fue tomado prisionero por los norteamericanos.



Terminada la guerra, en 1946 ingresó como postulante de la viceprovincia de Yugoeslavia de los refugiados eslovenos en la Casa Cedntral de la provincia de Roma de la Congregación de la Misión. El 25 de enero de 1947 fue recibido como novicio para hermano coadjutor (la inclinación que había sentido hacia el sacerdocio cuando niño, se vio truncada por la guerra y ahora las circunstancias indicaron poder dar este nuevo paso). El primer año de noviciado lo hizo en Roma y el segundo en Hortaleza (España).



En 1948 llegó a la Argentina escapando de las represalias que el gobierno comunista de Yugoeslavia pudiese tomar con las comunidades eslovenas. El 17 de febrero de 1949 pronunció, en Belén de Escobar (provincia de Buenos Aires), los primeros votos en la Congregación.



1951 continúo con su estudio traído desde Europa para ser Hermano Sastre que se desempeñare posteriormente en la Escuela Apostólica. Tiempo después Iván cursó la escuela de enfermería dependiente de la escuela de La Plata. Para la bibliografía y obras técnicas le fue muy útil el alemán aprendido en tiempo de guerra. En 1957 obtuvo el título respectivo.



En 1957 el superior general le permite iniciar los estudios eclesiásticos, concluidos los cuales, el 26 de junio de 1965 fue ordenado sacerdote. Y desde entonces, el padre Iván sirvió como sacerdote en el lugar que la congregación se lo pedía, así estuvo, entre otros destinos, en la casa generalicia de Roma, en la parroquia porteña y santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, y en la basílica y santuario nacional de Nuestra Señora de Luján.



Durante su estadía en Roma fue un excelente colaborador, junto con el padre Alejandro Rigazzio, de la agencia AICA, sobre todo en la conexión con Aerolíneas Argentinas por medio de la cual enviaba semanalmente informaciones, sobre todo durante las sesiones del Concilio Vaticano II, cuando aún no existían los modernos medios de comunicación.



Una vida que fue testimonio de entrega y ofrecimiento

“Entre nosotros quedará el recuerdo del hombre humilde y trabajador -dijo el padre Juan Carlos Gatti CM en la misa exequial-, el que siempre recibía con una sonrisa y que encarnaba de forma admirable la virtud de la mansedumbre.



“Cómo no recordar a quien con abnegación y sacrificio siguió hasta sus últimos días brindándose por horas al ministerio de la Reconciliación. Jamás escuché al padre Iván quejarse por cosa alguna; tampoco dar una mala respuesta o un mal trato al hermano. Queda patente en mi memoria ver caminar al padre Iván con su rosario en la mano. Una y otra vez corriendo las cuentas y orando por el pueblo que Dios le encomendó y para el que se hizo sacerdote”.+