"El bombardeo -que dejó un saldo de 400 muertos- constituye una grave violación del Derecho Internacional Humanitario", denunció la organización.
Desde el comienzo de la guerra, Cáritas Jerusalén multiplicó su trabajo en Tierra Santa, gracias a sus 150 trabajadores y la ayuda internacional.
El sacerdote argentino Gabriel Romanelli consideró que "la situación está empeorando en toda la región", lo cual hace pensar "que lamentablemente la guerra no terminará pronto".
Dirigiéndose a la comunidad internacional el pontífice exhortó que "la ayuda humanitaria debe poder llegar a quienes la necesitan y no se debe permitir que nadie la detenga".