Sábado 25 de septiembre de 2021

Vaticano: Una ecología integral para proteger el futuro del hombre junto con la naturaleza 

  • 18 de junio, 2020
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El Vaticano presentó hoy el documento "En camino hacia el cuidado de la casa común - Cinco años después de la Laudato si'", en el que convoca a "una verdadera conversión ecológica".
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“En camino hacia el cuidado de la casa común - Cinco años después de la Laudato si'“, es el título del documento elaborado por la Mesa interdicasterial de la Santa Sede, presentado hoy, en el que destaca que “todo está conectado”, no hay crisis separadas, sino una crisis socioambiental única y compleja que requiere una verdadera conversión ecológica.

La mesa interdicasterial fue creada en 2015 para analizar cómo promover e implementar la ecología integral.  Forman parte de ella las instituciones vinculadas a la Santa Sede mayormente comprometidas en este ámbito, algunas conferencias episcopales y organizaciones católicas. 

La presentación del documento tuvo lugar esta mañana en el Aula Juan Pablo II de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, con la participación de los monseñores Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, Fernando Vérgez Alzaga L.C., secretario general de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, Angelo Vincenzo Zani, secretario de la Congregación para la Educación Católica, el padre Bruno Marie Duffé, secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Aloysius John, secretario general de Caritas Internationalis y Tomás Insúa, cofundador y director ejecutivo del Movimiento Católico Global por el Clima.

El volumen de 227 páginas comienza con la afirmación de la necesidad de una conversión ecológica que afirme la centralidad de la vida y de la persona y también de la creación, en contra de la “cultura del desperdicio”. En esta perspectiva, la familia es el “protagonista de la ecología integral” que puede convertirse en un “lugar educativo privilegiado”. Por esta razón, se insta a los Estados a “promover políticas inteligentes para el desarrollo familiar”.

Al mismo tiempo, se invita a la escuela a adquirir “una nueva centralidad”, es decir, a convertirse en una escuela de desarrollo de la capacidad de discernimiento, pensamiento crítico y acción responsable. Son dos, en particular, las sugerencias en este ámbito: facilitar las conexiones entre el casa-escuela-parroquia y poner en marcha proyectos de formación a la “ciudadanía ecológica”, es decir, promover entre los jóvenes “un nuevo modelo de relaciones” que vaya más allá del individualismo en favor de la solidaridad, la responsabilidad y el cuidado. 

Tambien la universidad está convocada: su triple misión de enseñanza, investigación y servicio a la sociedad debe girar en torno al eje de la ecología integral, animando a los estudiantes a comprometerse con “profesiones que faciliten cambios ambientales positivos”. De ahí la sugerencia específica de “estudiar la teología de la creación, en la relación del ser humano con el mundo”, conscientes de que el cuidado de la Creación requiere “una educación permanente”, un verdadero “pacto educativo” entre todos los organismos implicados.

En este sentido, monseñor Angelo Vincenzo Zani, dio algunos ejemplos a nivel universitario que se están desarrollando: “a) la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá creó un Instituto de estudios superiores para promover el” hogar común “al iniciar y coordinar numerosas iniciativas en muchas otras universidades latinoamericanas; b) Una red de universidades católicas está promoviendo proyectos de investigación en varios continentes a través de las Facultades de Agricultura e involucrando a instituciones públicas locales;

El documento también reafirma que “el compromiso de cuidar la casa común es una parte integrante de la vida cristiana”, no una opción secundaria. Pero eso no es todo: el cuidado de la casa común es “un excelente ámbito” de diálogo y colaboración tanto ecuménico como interreligioso. Con su “sabiduría”, de hecho, las religiones pueden alentar un estilo de vida “contemplativo y sobrio” que lleve a “superar el deterioro del Planeta”.

El tema de la nutrición abre la segunda parte del documento. El desperdicio de alimentos se define como un acto de injusticia, se alienta a promover la agricultura “diversificada y sostenible”, en defensa de los pequeños productores y los recursos naturales, y la educación alimentaria saludable. 

En este sentido, Aloysius John, puso el ejemplo de Caritas India y Caritas Asia, cuyo objetivo es proporcionar nuevos conocimientos y habilidades entre los pequeños agricultores para evitar el uso excesivo de fertilizantes.

Esto incluye la afirmación de que el acceso al agua es “un derecho humano esencial”, que también debe protegerse reduciendo el uso de plásticos desechables, combatiendo la contaminación de los acuíferos y implementación de convenciones internacionales y nacionales que protegen el acceso a los recursos hídricos.

En la misma línea, existe la necesidad de reducir la contaminación e invertir en energía “limpia y renovable”, accesible para todos, a fin de responder “a las necesidades de las poblaciones más pobres y limitar el calentamiento global”. 

En este sentido, la diócesis de Maasin en Filipinas es ejemplar, la primera en el mundo en equipar a todas las parroquias con paneles solares. En este sentido, monseñor Fernando Vérgez Alzaga LC, recordó, entre otras cosas, la instalación de paneles fotovoltaicos en el techo de la sala Pablo VI, que “son capaces de producir electricidad sin sustancias contaminantes”.

Por lo tanto, el documento aboga por la promoción de estilos de vida sostenibles y patrones de consumo, que “respeten los ecosistemas y la limitación de los recursos naturales”, protegiendo también las comunidades tradicionales y los pueblos indígenas. 

En el ámbito de las instituciones, el documento subraya la “primacía de la sociedad civil”, al servicio de la cual deben estar la política, los gobiernos y las administraciones. Se exhorta a la globalización de la democracia sustancial, social y participativa, a una visión a largo plazo basada en justicia y moralidad y a la lucha contra la corrupción. 

Será importante promover el acceso a la justicia para todos, también para los pobres, los marginados, los excluidos; “repensar prudentemente” el sistema penitenciario a fin de promover la rehabilitación de los reclusos, especialmente de los jóvenes en su primera condena. 

A continuación, el texto se centra en la salud, calificándola “una cuestión de equidad y justicia social” y reiterando la importancia del derecho a los cuidados. “De hecho, al tiempo que se degradan las redes ecológicas”, - se lee - “también se degradan las redes sociales y en ambos casos son los más pobres los que pagan las consecuencias”. 

Además, debe promoverse la “economía circular”, que no tiene como objetivo la explotación excesiva de los recursos productivos, sino más bien su mantenimiento a largo plazo, para que sean reutilizables. Incluso el mundo de las finanzas debe aspirar a la “primacía del bien común” y tratar de acabar con la pobreza. “La misma pandemia de Covid-19 -se lee en el texto- demuestra cómo debe cuestionarse un sistema que reduce el bienestar o que permite una gran especulación incluso en desastres, volviendo a los más pobres”. 

Lo mismo es cierto para la cuestión climática que tiene una “profunda relevancia” para el medio ambiente, la ética, la economía, la política y la sociedad, que afecta sobre todo a los más pobres que son “los menos responsables del calentamiento global”, pero que sufren más las consecuencias, porque no tener la oportunidad de protegerse a sí mismos. En primer lugar, por lo tanto, se necesita un “nuevo modelo de desarrollo” que vincule sinérgicamente la lucha contra el cambio climático y la lucha contra la pobreza, “en armonía con la doctrina social de la Iglesia”. +