Martes 13 de abril de 2021

Una médica dijo presente, a un día de dar a luz

  • 21 de mayo, 2018
  • Buenos Aires (AICA)
Guadalupe Grimaux participó de la multitudinaria marcha por la vida como médica con su guardapolvo blanco y como embarazada con su panza más que evidente. "¿Para cuándo está esperando?", le preguntamos. "Para mañana", respondió con toda tranquilidad. "Ninguna mujer quiere abortar ?dijo-. Es algo que va contra la propia naturaleza, contra el propio instinto. Las pobres mujeres que llegan al aborto es por desesperación, por la pobreza, la falta de recursos, la soledad, la presión de la pareja. Si eliminamos al hijo, no solucionamos esos problemas". Este fue uno de los tantos testimonios que se escucharon en la tarde este domingo 20 de mayo en la Plaza de los Dos Congresos.
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Guadalupe Grimaux participó de la marcha por la vida como médica con su guardapolvo blanco y como embarazada con su panza más que evidente.

"¿Para cuándo está esperando?", le preguntamos. "Para mañana", responde con toda tranquilidad. Ella trabaja en el centro de hipertensión del Hospital Universitario Austral, pero no evidencia tener tensión, al concluir su década veinteañera compaginando su trabajo profesional con su tarea de mamá. Ya es madre de dos chicos, de cuatro y de un año y medio. Y quien viene es mujer y ya tiene nombre: Felicitas.

"Venimos a defender a todas las mujeres ?dice-. Ninguna mujer quiere abortar. Es algo que va contra la propia naturaleza, contra el propio instinto. Las pobres mujeres que llegan al aborto es por desesperación, por la pobreza, la falta de recursos, la soledad, la presión de la pareja. Si eliminamos al hijo, no solucionamos esos problemas: dejamos a la mujer sola con los mismos problemas que la llevaron al aborto. Una mujer se merece mucho más que el aborto: se merece todo el apoyo".

La médica a punto de parir considera una gran falacia presentar una opción entre la vida del hijo y la vida de la madre. "Podemos salvar ambas vidas, tenemos el deber como sociedad de velar por ambas vidas".

Nora Gallo, de 48 años, trabaja como empleada doméstica en casas de familia. Es de la villa 15, en Ciudad Oculta. Lleva un cartel hecho a mano que dice: "Villeros en defensa de la vida". La acompaña Dionisia Valenzuela, vecina suya, apodada Toti, de 75.

"Es lógico que los pobres defendamos la vida: es lo único que tenemos. Amamos la vida", dice Nora. Y aludiendo al argumento de que la legalización del aborto se realizaría para favorecer a las mujeres pobres afirma con contundencia: "Nos están usando".

"Gracias a la mujer que no abortó a mi hijo", dice un cartel con la foto de un adolescente, llevado por una mujer de 51 años. No resulta fácil interpretarlo. ¿Qué querrá decir? Se refiere a la mujer que no abortó a Fabricio, hoy de quince años, el hijo que ella adoptó legalmente junto con su marido. ¿No podían tener hijos? No, por bastante tiempo, pero después de once años de adoptar "logré tener mi propio hijo", comenta. Eso no empalidece sino que refuerza su mirada llena de cariño para Fabricio, el hijo que adoptó y que se ve en la foto. "Él fue el que me hizo mamá".+ (Jorge Rouillon)