Retiro cuaresmal en el Vaticano: 'Dios no es un servicio de emergencia'
- 24 de febrero, 2026
- Ciudad del Vaticano (AICA)
El monje Erik Varden explicó en su tercera meditación que la ayuda de Dios no es un servicio "como marcar 911", sino una morada en la que se vive. En la cuarta reflexionó sobre "el ser libre".
Ejercicios Espirituales de Cuaresma para el Papa y la Curia Romana (VaticanMedia)
El monje y obispo noruego de Trondheim, Erik Varden, ofreció el lunes por la tarde su tercera meditación en la Capilla Paulina para el papa León XIV y la Curia romana durante los ejercicios espirituales de Cuaresma. En su reflexión, advirtió que Dios no es un servicio de emergencia al que llamar como si se marcase el 112, citando a la educadora cristiana del siglo XVII Mary Ward: "Hagan lo mejor que puedan y Dios los ayudará".
En la mañana del lunes, el predicador centró su reflexión en el tema: "Ser libres".
Una morada, no una emergencia
Varden profundizó en la idea de que la ayuda de Dios es una realidad que nos sostiene, una "morada en la que podemos vivir, movernos y existir", según la definición de san Bernardo. Esta concepción, inspirada en el Salmo 90, se opone a la visión de una ayuda divina que es meramente "ocasional" o reducida a un recurso para momentos de crisis extremas.
Frente a esta visión, el obispo noruego planteó una pregunta fundamental: "¿qué decir de los casos en los que personas temerosas de Dios caen y parecen ser abandonadas?". Este interrogante abre la puerta a la reflexión sobre el sufrimiento y la aparente ausencia de respuesta divina ante el clamor humano.
La sinfonía de Job
Para abordar esta cuestión, Varden recurrió a la figura bíblica de Job, cuyo libro describe como una sinfonía en tres movimientos: lamento, amenaza y gracia. Job se niega a aceptar las justificaciones de sus amigos y se aferra a la búsqueda de Dios en medio de su aflicción, con el grito heroico: "¿Quién, sino Él, puede hacer esto?".

El monje noruego también alertó sobre el riesgo de entender la religión como una "póliza de seguro" que nos protege del peligro. Cuando el mal golpea, esta concepción puede llevar a la crisis de fe y a seguir el consejo de la esposa de Job de "maldecir a Dios y morir".
Aprender a vivir en la gracia
La verdadera ayuda de Dios, según concluyó el predicador, no consiste en evitar las pruebas. Al contrario, a veces Dios "puede hacer posible un mundo nuevo y bendito después de derribar los muros que creíamos que eran el mundo, muros dentro de los cuales en realidad nos asfixiábamos". En definitiva, morar en la ayuda de Dios significa, según la enseñanza de san Bernardo, "pasar por el Lamento y la Amenaza para aprender a vivir con Gracia en este nuevo nivel de profundidad". Solo así, afirmó Varden, se puede permitir que otros también encuentren esa misma gracia.
Ser libres
En la mañana de hoy, martes 24 de febrero, en su cuarta meditación, el obispo afirmó que el concepto de "libertad" se ha vuelto polémico en el discurso público. La libertad es un bien al que todos aspiramos; nos rebelamos contra cualquier cosa que amenace con limitarla. Por ello, el término "libertad" se convierte en una herramienta retórica eficaz.
Las sugerencias de que la libertad de un grupo en particular está en peligro provocan reacciones inmediatas de indignación en internet e incluso pueden congregar a la gente en la plaza. Diversas causas políticas en Europa se valen de la jerga de la libertad, lo que genera tensiones. Lo que un sector de la sociedad percibe como "liberador" es considerado opresivo por otros. Se alzan frentes opuestos, con la bandera de la "libertad" en alto por todos lados, y surgen amargos conflictos a partir de agendas incompatibles de supuesta liberación.

Esta situación plantea un desafío para los cristianos. Es fundamental matizar lo que queremos decir cuando, en el contexto de la fe, hablamos de ser libres. Eso es lo que hace san Bernardo al comentar el versículo: "Porque me ha librado de la trampa de los cazadores y de la palabra amarga".
Para san Bernardo es evidente que la verdadera libertad no es "natural" para el hombre caído. Lo que nos parece natural es hacer las cosas a nuestra manera, satisfacer nuestros deseos y realizar nuestros planes sin interferencias, ostentar y ser alabados por nuestra propia brillantez. Dirigiéndose al hombre en este estado de delirio, san Bernardo es deliciosamente sarcástico: "¿En qué te crees, tonto? ¡Te has convertido en una bestia a la que le tienden trampas sus captores!".
Arraigando su comprensión de la libertad en el ¡Sí! del Hijo a la voluntad del Padre, explicó el predicador, san Bernardo revoluciona nuestra comprensión de lo que significa ser libre. La libertad cristiana no consiste en apoderarse del mundo por la fuerza; consiste en amarlo con un amor crucificado, lo suficientemente magnánimo como para hacernos desear libremente, unidos a Cristo, dar la vida por Él, para que sea liberado.
Se requiere cautela cuando la libertad, secuestrada por la fuerza, se manipula para legitimar las acciones de sujetos impersonales como "el Partido", "la Economía" o incluso "la Historia". Desde una perspectiva cristiana, ninguna política opresiva puede redimirse invocando la "libertad" ideológica. La única libertad significativa es la personal, y la libertad de una persona no puede anular la de otra.
Adherirse a una idea cristiana de libertad es consentir el dolor. Cuando Cristo nos dice: "No resistan al mal", no nos pide que toleremos la injusticia. Nos hace ver que, a veces, la justicia se sirve mejor sufriendo por ella, negándonos a responder a la fuerza con la fuerza. Nuestro emblema de libertad sigue siendo el Hijo de Dios que "se despojó de sí mismo".+
