Jueves 28 de octubre de 2021

Mons. Scheinig llamó a "sostener lo valiosa que es toda persona humana"

  • 25 de noviembre, 2020
  • Luján (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, presidió la Eucaristía de la solemnidad de Cristo Rey en el Santuario de Luján.
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En la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, el arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, presidió la Eucaristía en la basílica y santuario de Nuestra Señora de Luján.

En su homilía, se refirió a los últimos capítulos del Evangelio de Mateo. “Jesús insiste en que el Reino se hace presente en la historia, en la realidad humana y para que lo podamos recibir, tenemos que estar atentos, preparados; pero también tenemos que ser capaces de dar cuenta de los dones que hemos recibido”, recordó, en referencia a los domingos anteriores.

“Y hoy el mismo evangelista Mateo nos habla de lo absoluto. Todo es relativo, todo es pasajero, pero hoy Mateo nos dice que Jesús nos llama la atención”. El Señor, destacó, “es como si nos estuviera avivando: ‘Miren que al final serán examinados en el amor, en el amor concreto’. ‘Sean astutos, practiquen ese amor ahora’. Es como si el Señor nos estuviera invitando a descubrir qué es lo esencial. Lo esencial es el amor concreto”

“Jesús nos dice que habrá un juicio a las naciones. Es importante retener que el evangelista Mateo nos dice esto, -juicio a las naciones-, no sólo a las personas; en donde el Señor pondrá en juego su condición de Pastor, de Rey, de Señor. Y entonces a algunos invitará a la vida eterna y a otros, al castigo eterno”.

“¿Y quiénes serán lo que descubran la Verdad? Ya no va a haber tiempo para el disfraz, en el juicio se revela la verdad de lo que Él es y de lo que soy yo, de lo que somos nosotros. Se acabó el tiempo de disfrazar la realidad”, afirmó.

“¿Quiénes serán en verdad los que pasen a la vida, a la VIDA con mayúsculas? Los que cuando tuve hambre me dieron de comer; cuando tuve sed, me dieron de beber; cuando fui forastero, migrante, -decimos hoy sin tierra, sin techo, sin trabajo-, me dieron una mano; cuando estuve desnudo me vistieron; cuando estuve preso o enfermo, me visitaron”.

“Podríamos seguir la lista de personas que viven en situación de pequeñez, de fragilidad y con las cuales el Señor se identifica. ‘Vengan a la Vida los que fueron capaces de un amor concreto hacia personas concretas, en estado de miseria y en las que yo estaba, en las que yo estoy’. El Señor se identifica con los últimos”.

“Por el contrario, ¡aléjense! Queden en soledad los que no fueron capaces de practicar el amor a personas concretas y por lo tanto, no me reconocieron, no fueron capaces de darse cuenta de la presencia de Dios allí, en ellos. Es como que Jesús nos estuviera diciendo ‘al final serán examinados en un amor concreto, a personas concretas, en las que Yo estoy presente’”.

“Y aquí, queridas hermanas, queridos hermanos, el Señor amplía nuestra conciencia y nos ayuda  a descubrir, para los que lo seguimos, que los derechos humanos se fundan en que todos somos hechos a imagen y semejanza del Creador, pero también en que en toda persona hay una presencia divina, hay una exaltación de lo humano por la presencia Suya en lo humano”, enfatizó el prelado.

Al final todo ser humano, destacó, “será examinado en la capacidad que tuvo de ponerse al servicio de los más frágiles, descubriendo en todo ser humano, su dignidad, su valor, lo valioso que es”.

“Para nosotros, que Jesús se identifique con los últimos, con los que muchas veces nosotros descartamos, la sociedad descarta, es el llamado a descubrir que nadie, absolutamente nadie, es descartable”.

En ese sentido, se refirió al valor de la persona humana. Al respecto dijo: “No se entiende en estos tiempos, llegando a esta altura del año, que se diga que la Argentina amplía derechos. No se entiende que se haya hecho una opción de vida sobre la economía y que en este tiempo volvamos a discutir si un embrión en el seno de su madre es valioso o no, y que no se le reconozca los derechos. Que no descubra que ese embrión es humano, que no es un grupo de células. No se entiende”.

“Creo que es parcial la mirada cuando muchas veces se dice o es el motivo o la explicación fundamental que es una cuestión de salud pública. Sin duda que es una cuestión de salud pública, como muchas otras cuestiones que sufren las mujeres. Y los que manejan las estadísticas saben muy bien que hay cuestiones de sufrimientos y de vida de mujeres que son más urgentes, y que no se tiende a solucionar”.

“Es sin duda una cuestión de salud pública, pero no sólo. Es una cuestión ética, es una cuestión en la que se nos está invitando a descubrir que ese embrión tiene derechos y no se puede descartar. Es valioso porque en él hay una presencia divina, que hace que sea más humano, más humana”.

Por eso, invitó a “sostener en este tiempo difícil, lo valiosa que es toda persona humana. Y no dejarnos presionar por ideologías que muchas veces son dominantes, hegemónicas, globales. Ni siquiera tampoco dejarnos presionar por los organismos internacionales que tanto insisten en que los países pobres controlen su natalidad y nos presionan para que así sea”.

“En este día en que celebramos que Jesús es el Señor, estamos invitados una vez más a poner vida, alma, corazón para la defensa de todo ser humano, en todos los momentos de la vida”, porque “no seríamos coherentes si defendemos el embrión en el seno de su madre, pero no nos animamos a defender también a tantas mujeres que son tratadas, maltratadas y descartadas, ancianos, personas pobres, presos y todos los rostros que tenemos en nuestra conciencia colectiva de personas frágiles con las que hoy el Señor se identifica”.

“Si sale la ley, algunos van a decir que se ampliaron los derechos. Otros creeremos que perdimos la oportunidad de ser más humanos y nos convertimos en una sociedad menos humana, con menos sensibilidad humana”, consideró.

“Que el Señor nos regale una conciencia clara y una fortaleza valiente para ponernos al lado de toda persona frágil, que sufre y defender su dignidad”.

Casa de la Mujer
Al finalizar la Eucaristía, el arzobispo recordó que el 8 de marzo pasado, cuando se celebró en el santuario de Luján la Misa por la Vida, se anunciaba el proyecto de hacer la Casa de la Mujer, atrás de la basílica, para acompañar la vida frágil de algunas mujeres, dando pequeñas respuestas en favor del compromiso por la vida al que el Señor nos invita. Son obras pequeñas, humildes, sencillas, pero que intentan dar una mano, «Tender una mano», como invitaba el papa Francisco el domingo pasado. 

Monseñor Scheinig pidió que recemos a la Virgen para que este proyecto se vaya haciendo realidad. “Hay que reacondicionar mucho una casa, eso implica dinero y obra, y la pandemia ha dificultado los avances. Y además, junto con las Hermanas de San Antonio de Padua, tendremos que descubrir el carisma de esta casa. Que la Virgen siga abriendo puertas, como siempre hace”, pidió.+