Martes 9 de agosto de 2022

Mons. Ojea: "Escuchar la Palabra mueve a salir de nosotros mismos"

  • 13 de marzo, 2022
  • San Isidro (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de San Isidro reflexionó sobre el evangelio de la Transfiguración y animó a tener ese espíritu de admiración y de dejarse sorprender de los apóstoles.
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El obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Vicente Ojea, reflexionó sobre el pasaje del Evangelio dominical en el que Jesús quiere consolar a sus amigos, a sus discípulos, porque “les ha dicho algo muy duro que los ha dejado tristes; les ha dicho que va a padecer y que va a morir”.

“Cuando estamos tristes y, nosotros tenemos tantos motivos para estarlo, pensando en nuestra vida personal, familiar, y social, en las cosas que vemos y escuchamos en este tiempo de guerra; cuando estamos tristes lo peor es la pereza, es dejarnos caer, dejarnos estar”, señaló, y agregó: “La pereza es prima hermana de la tristeza y Jesús quiere invitarlos a sus discípulos a subir a una montaña escarpada”.

“Hacer un esfuerzo, hacer ese ejercicio que les provoca un gran cansancio y un gran agotamiento. Cuando llegan a la cima de la montaña, en una parte el Evangelio va a decir: ‘que tenían los ojos adormecidos por el sueño’. Después de este esfuerzo pasa algo muy especial; tienen una experiencia de contemplación del rostro de Cristo”.

El prelado sanisidrense afirmó que “para tener esta experiencia de contemplación lo primero que es necesario es dejarse sorprender, es saber admirar, es saber vivir el estupor que me provoca por ejemplo una noche estrellada, un atardecer, ver el mar, ver la montaña”. “Todo esto que a los niños y en el corazón de los niños produce un cierto estremecimiento y un cierto estupor; lo estamos perdiendo, lo que admiramos es la tecnología, es lo que va saliendo de nuestras manos, es lo que va avanzando y avanzando rápido y vamos perdiendo este estupor natural que nos produce la misma creación”, lamentó y diferenció: “Los apóstoles tenían esto este espíritu de admiración, este dejarse sorprender”.

Monseñor Ojea destacó que “cuando contemplan el rostro de Cristo lo miran a los ojos, como cuando nosotros miramos los ojos de un niño y esto nos conmueve, o los ojos de un anciano lleno de vida, que ha entregado su vida, que tiene su experiencia de vida, que tiene mucha historia detrás”.

“Todo esto nos conmueve; ver el rostro de un niño y el de un anciano, lo que habrá sido para ellos ver el rostro de Jesús, el rostro de Jesús que representaba y manifestaba todo su amor, toda su entrega, su gloria y luego en la contemplación cristiana, que requiere primero esta capacidad de estupor”, añadió.

Por último, monseñor Ojea explicó que “lo que tiene la Transfiguración del Tabor es esa Palabra de Dios, esa invitación a escuchar la Palabra de Dios que nos mueve a salir de nosotros mismos: ‘este es mi hijo muy querido, escúchenlo’ y escuchar la Palabra significa la misión de bajar del Tabor, para poder comunicar esa experiencia de gloria a los hermanos”.+