Martes 30 de noviembre de 2021

Mons. Nannini: "Jesús vino para realizar la verdad sobre nosotros"

  • 24 de noviembre, 2021
  • San Miguel (Buenos Aires) (AICA)
En su reflexión dominical, el obispo de San Miguel expresó que esta fiesta de Cristo Rey "nos habla a nosotros hoy" y señaló que "solo soy libre cuando acepto el señorío de Dios en mi vida".
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En su homilía de este domingo en el que celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, monseñor Damián Nannini, obispo de San Miguel, expresó sobre el fin del mundo que coincide con el reinado definitivo de Jesús: “Dios será todo en todos. Ya no habrá llanto ni tristeza, todo será la Jerusalén celestial”. 

Además, añadió: “Mientras caminamos en esta vida es importante ver que esta fiesta nos habla a nosotros hoy porque todos tenemos algo o alguien para lo cual vivimos”. 

Con relación a esto, profundizó: “No somos absolutos, cerrados en nosotros mismos. Siempre tenemos algo o alguien a lo cual servimos. La Biblia dice que siempre tengo algo a lo cual sirvo y ‘no puedo servir a dos señores’. Hay gente que vive para el futbol y se levanta pensando en ir a la cancha el domingo y todo lo que lo mueve en la vida es el futbol. Otra cosa peor es que a veces el señor es el propio yo. Todo lo que hago en la vida es para buscar mi complacencia, entonces es un egocentrismo enfermizo. También puede ser el dinero. Se habla del poder, el placer, el tener como esas cosas que nos atrapan y se vuelven nuestros señores y nuestros reyes en la vida”. 

Y señaló que “si yo sirvo a alguien distinto de Dios me vuelvo esclavo. En cambio, si sirvo a Dios, soy libre. Cuando yo acepto el señorío de Dios en mi vida, el Señor me libera de esas esclavitudes”. 

En ese sentido, profundizó: “Si yo acepto el señorío de Dios en mi vida, me hace reconocer en cada persona un hermano. Somos hermanos. Y si acepto el señorío de Jesús en mi vida, las cosas materiales las utilizo, pero no me dominan, soy señor del mundo de las cosas”. Por eso, agregó: “Jesús vino no solo para comunicar, sino para realizar la verdad sobre nosotros que somos hijos de Dios, hermanos de los hombres y señores de las cosas. Quien vive esto está en la plenitud de lo humano”. 

Por último, concluyó: “Sin duda que en esta vida esto es algo dinámico. A veces algo nos apega demasiado y hay que pedirle al Señor no esclavizarnos con las cosas. Si Jesús es mi Señor, viviré en la verdad y la verdad me hará libre para amar”.+